jueves, 26 de abril de 2012

se me fué...

Una camilla, mis lágrimas mojando las sábanas, y 4 horas de sin vivir, de incertidumbre, de coma. 4 horas en las que sentí cosas que nunca había experimentado. Pero esas 4 horas solo son el principilo de todo lo que pasará después. Apenas 1 día antes me decía: "Tengo miedo", mientras hablábamos con un par de cafés de por medio. Una llamada esa tarde, sin obtener respuesta. Se me colpasó la mente. Tecleé un número diferente apenas 30 segundos después, y respondieron al teléfono, pero no era ella. Oía sin escuchar, y en apenas 1 minuto de conversación destacaron 3 palabras sobre todas las otras: Hospital, Urgencias, Parada.

El mundo se me vino abajo, lágrimas caían en mi mesa de escritorio, el corazón me latía mientras desesperado me cambiaba de ropa apresuradamente, sin sentido, sin pensar, no razonaba, no escuchaba... tan sólo tenia una imagen en mente. Una pena en mi cabeza, en mi corazón. Salí a la calle sin saber que hacer, buscando desesperadamente alguna silueta amarilla y negra que me llevará a donde no queria. Donde nunca pensé que tendría que ir por ella.

Llegué y allí estaba, detrás de aquel cristal que quería romper con desesperación. Pensaba que al entrar ella se despertaría y volveriamos a hablar, volveria a mirarme, a escucharme... Pero no.

Leves pitidos durante horas que se me hacían interminables... había poca luz. Pero todo se desvaneció cuando esos pitidos se transformaron en un pitido continuado, que no entendía porque no terminaba, porque no se volvía intermitente otra vez!

Y entonces llegó el caos, el desorden, alboroto, griterío, gente entrando corriendo. Mientras yo salía de la habitación para ir a buscar un vaso de agua. No tenia fuerzas ni para tragar. El mundo se desvaneció, rompí a llorar, apoyé mi espalda contra la pared, mientras me deslizaba hacia el suelo, cobijando mi cara entre mis brazos, y las lágrimas caían en mi jersey negro. Maldije a todo, me maldije a mi mismo y sigo haciéndolo. Hicé todo lo necesario para no tener que llegar a este punto? Lo hice?

Tan sólo me queda el consuelo de que en tu último instante de vida, tenías cogida mi mano. Que no querías irte de mi lado, que querías seguir teniéndola cogida. Cómo la tuviste cogida en aquellas largas tardes en las que conversábamos, en las que te escuchaba, en las que te ayudaba.

Ella se me fué, pero sigue ahí en mi corazón.

Te quiero Sílvia, desde aquí, mi humilde homenaje para tí.

SIGO LLORANDO POR TI! TE ECHO DE MENOS.

Siempre tú.

Namaste

jueves, 5 de abril de 2012

Si no estás...

Te equivocas, pierdes y caes. Caes al vacío, caes a un lugar muy profundo del que te cuesta salir. Todo se ve oscuro, sin apenas un rayo de luz. Escuchas voces a tu alrededor, que te hablan. Pero la que quieres escuchar, no está, no la consigues apreciar, no la oyes. Esa voz que podria sacarte de todo eso en lo que estás sumergido. Pero no, no la oyes.

De repente, sin darte cuenta, algo cambia en tu cabeza. Cambias el chip. Empiezas a luchar, a intentar levantar cabeza e ir hacia arriba. Y cuando estás a punto de salir de todo eso, la oyes, oyes esa voz que querías oír antes, y que no podías. Algo te recorre el cuerpo de arriba a abajo, como un escalofrío.

Y te das cuenta que has sido tú mismo quien has salido de todo aquello, con la ayuda de la gente que estaba a tu lado, pero no de la persona que querias, en ese momento te das cuenta de todo y piensas dentro de tu cabeza...

Si no has estado en mi derrota... no esperes estar en mi éxito..

Namaste