martes, 31 de mayo de 2022

Rockstar

Pues sí, he estado unos días sin escribir. Bueno, en realidad no. He seguido escribiendo, pero no publicando.

¿No sentís a veces que esta sociedad es una basura? Me explico, no os sentís fuera de lugar con todo lo que está pasando, las incongruencias que se ven, la falta de educación, la falta de empatía, el pisar al prójimo sin remordimiento, y un sinfín más de ejemplos.

Yo sinceramente, si tuviera los recursos para hacerlo, subiría a un avión y me iría a una isla remota, a tomar por el culo, y a estar lo más aislado posible de esta sociedad de mierda.

Se nos llena la boca con valores, bienestar, convivencia… y luego no hacemos una puta mierda. No predicamos con el ejemplo.

El otro día, por ejemplo, fui al estanco, y siempre que compro, entro, digo buenos días, pido, pago y cuando me voy digo “hasta luego, que tengas un buen día”. ¿Fácil no? Lo normal. Pues tuve que escuchar como la señora del estanco me decía que siempre se sorprendía, de que fuera tan educado, que no había mucha gente así. Y hasta me regaló un mechero, hahaha.

Pues bien, no es solo aquí, es en todos lados, voy a la farmacia, lo mismo. Voy a la frutería, lo mismo. Voy al Mercadona, lo mismo. Y la gente aún se sorprende. Parece una tontería, pero simplemente es educación. Piensa en lo que te gustaría que te hicieran a ti, y actúa en consecuencia.

Del otro tema, estoy cada vez mejor, aunque voy a rachas. Hay momentos en los que estoy bien sabiendo que cada vez queda menos, pero, por otro lado, sigo teniendo esa sensación en el estómago, de ganas de que llegue ya ese momento.

La gestión de las emociones va viento en popa. No voy a negar que sigo llorando, sobre todo después de alguna llamada, pero es lo normal, y lo acepto como tal.

Llevo también de puta madre el carnet de conducir, cada vez mejor con el cambio de marcha, que me permite tener más observación, y poder gestionar todo con mucha más fluidez. Me hubiera gustado tanto que pudieras estar en una práctica mía hahaha.

Me he dado cuenta de que, en la última semana, he recibido solo 3 whatsapps. Nada en Instagram, nada en ningún lado. La sensación de estar solo, (o sentirte solo), tampoco es tan mala, porque consigue que te des cuenta de quién realmente importa y quién no, quien está ahí, quien dejo de lado en su momento o te ha abandonado, y quien no ha estado, ni va a estar.

Ahora, después de todo lo que he conseguido con el trabajo personal, me doy cuenta. Tarde, pero bueno, más vale tarde que nunca. Y soy feliz.

sábado, 21 de mayo de 2022

21

Otro día más que tacho en el calendario, la rutina de la mañana.

Pero hoy no es un día cualquiera. Hoy es 21, hoy hace 1 mes que pasé la última noche contigo. Hoy cumpliríamos 2 años y 7 meses. 31 meses, a tu lado. Hoy celebraría la noche que te conocí, la noche me cambió la vida, la noche que apareciste en mi camino. Y me hubiese inventado alguna forma especial de celebrarlo. Sé que ahora no sirve de nada, pero me arrepiento tanto de no haber celebrado cada aniversario contigo. Me encantaría levantarme por las mañanas, los dos desnudos debajo del edredón, besarte, acariciar tu cuerpo, y comerte, y hacerte el amor cada mañana. Quién me iba a decir a mí, que a 21 de mayo y 22º grados, echaría de menos estar bajo un edredón.

Me levanto por las mañanas y lo primero que pienso es en ti. Me pregunto, ¿qué estará haciendo?, ¿estará bien?, ¿necesitará un abrazo?, ¿si estuviera en la cama con ella, me besaría?, y muchas preguntas más. Me levanto por las mañanas con ganas de solo hablar contigo, ganas de hablar y contarte muchísimas cosas, y de escucharte. Escuchar cómo estás, aunque me vayas explicando las cosas a cuentagotas como muchas veces has hecho y tenga que arrancarte las palabras. Me levanto todas las mañanas, y lo primero que hago es pasarme entre 10-15 minutos mirando tu Instagram, y mirando todas las fotos que subiste nuestras, y las disfruto, mucho, ya que me transportan a unos momentos menos dolorosos que los de ahora. Me levanto con la esperanza de que hoy será el día en el que me llamarás y hablaremos, y nos veremos por videollamada, y me dirás que me echas de menos, que quieres verme, que te gustaría que estuviera allí contigo. Y que hablaremos largo y tendido, y que solucionaremos nuestros problemas.

Me levanto por las mañanas, pensado en cómo puedo, en el momento de hablar contigo, demostrarte que, si apuestas por mí, no te arrepentirás, que después de todas las veces que has apostado por mí, apostar una más, que sé que es difícil ahora mismo, valdrá la pena. Quiero demostrarte que, si tomas esa decisión, será una de las mejores que has tomado en tu vida. No quiero pasar un día más separado de ti. No quiero, no puedo.

Lo más valioso que tengo en mi vida, es mi propia vida. Y eso incluye el tiempo, que es una de las cosas más valiosas que tengo. Pues bien, yo quiero compartir contigo, cada segundo de mi vida, cada segundo de mi tiempo. Lo quiero todo contigo.

Y cuando esta maravillosa historia que se llama vida, se me termine, en el último instante, miraré hacia atrás y agradeceré que hubieras aparecido en mi vida, y que, en ese verano de 2022, me dieras esa última oportunidad. Porque no te arrepentirás.

miércoles, 18 de mayo de 2022

¿CÓMO?

¿Cómo lo he conseguido? ¿Cómo lo he hecho? Quiero decir que cada persona es diferente, y que cada uno debe encontrar el camino adecuado o más útil para poder llegar al punto donde he llegado yo.

Empiezas a pensar, a darle muchas vueltas y a analizar.

Es como si empiezas a pensar a que le tienes miedo, y hacer una lista, de hecho, hay un ejercicio que a veces que se hace solo para escribir aquello a lo que tienes miedo. A veces necesitas bastantes libretas. Y puedes escribir instantes particulares e infinitos que has tenido.

Has tenido miedo de ti mismo.

Has tenido miedo de un perro.

Has tenido miedo de alguien en la calle.

Has tenido miedo en una confrontación en el trabajo.

Has tenido miedo de alguien en tu familia, o de alguien de tu pasado.

Vas a tener que ir profundo, y va a depender de nuestras circunstancias, pero si miras más profundamente, te das cuenta que, en realidad, es miedo de no ser lo suficientemente bueno, miedo a perder algo, miedo a no ser amado, miedo a… muchas cosas.

Se llaman creencias fundamentales, y las mantenemos profundamente dentro nuestro, retenidas, a veces ni las verbalizamos o las sacamos, pero están ahí dentro nuestro.

Y luego si vas a lo más profundo, en mi experiencia personal, es miedo a uno mismo. Avergonzarse de uno mismo. Miedo a mirarnos de cerca. Miedo de lo que somos. Miedo de lo que vamos a ver cuándo nos veamos bien de cerca.

Por primera vez, descubrir la manera de hacerlo, con la valentía suficiente para afrontarlo, es un gran paso. Un proceso en el que he estado en los últimos meses, pero que me ha llevado a quitarme el miedo a mirarme de cerca. El miedo a no poder cambiar. Porque ahí justamente es donde me atascaba.

Por ejemplo, voy a poner dos ejemplos muy fáciles de entender.

Una persona como yo, que siempre ha trabajado en un ámbito laboral de atención al público, en una tienda, o en una oficina, ¿sería capaz de trabajar en una cuadra limpiando mierda de caballo a todas horas y soportar ese trabajo duro y sacrificado? La respuesta es, por supuesto que sí. Y esa respuesta la he obtenido mirándome de cerca, y quitándome los miedos a no ser suficientemente bueno, porque con determinación, esfuerzo y constancia, se puede conseguir lo que uno quiera hacer.

Y el segundo.

Una persona como yo, que llevo 22 años jugando al mismo deporte, ¿seré capaz de dejar ese deporte? La respuesta es, también, por supuesto que sí. Porque cuando llegas a ese punto, en el que priorizas otras cosas antes que el baloncesto, has llegado a esa respuesta. Como, por ejemplo, tener el cumpleaños de la persona más especial del mundo, el mismo fin de semana que tienes partido en Mallorca, y decides que no vas a ir, porque tu prioridad es otra. Yo, por ejemplo, me engañaba a mí mismo, y me decía que era por otras razones, pero luego me di cuenta, de que quería pasar esa noche haciendo con la persona más especial del mundo para mí, haciendo algo diferente de lo que hacíamos normalmente y hacerlo contigo.

Son ejemplos muy tontos, pero que a mí me han servido para crecer personalmente, y darme cuenta de que puedo conseguir lo que me proponga. Yo puedo, tu puedes, y nosotros podemos.

Así que aquí estoy, nuevo yo, nueva persona, totalmente renovada. Con miedos, SI, pero con el método para combatirlos, y sobre todo con ganas de compartirlos contigo. ¿Cuánto más vas a esperar?

ODIO

Creo que este texto, es uno de los más valientes que voy a escribir, pero no me da miedo hacerlo.  Por supuesto, no quiero que se malinterprete.

Tengo la sensación de que, llegados a este punto, odio.

Odio lo que era. Quien era. Las cosas que hacía. Ahora mismo, me odio a mí mismo, odio a mi yo del pasado. Odio mi forma de hacer las cosas.

Pero lo que más odio, es haber aprendido así la lección, con lo cerca que estaba de llegar a donde quería llegar, a donde querías que llegara, a donde queríamos que llegara. Odio haberlo tenido que aprender de esta manera tan dolorosa. Para mí, no es justo. Quiero ser feliz, y ahora que “lo soy”, después de todo lo que me (nos) ha costado, que estemos en esta situación, me parece tremendamente injusto, porque no nos lo merecemos. Pero paciencia.

Por otra parte, tengo la sensación (a veces viene a mi cabeza), de que lo que está pasando es que estás siendo “diplomática”, que tienes claro que no hay futuro, pero para no hacer más daño, las cosas no se están diciendo tan claras como deberían. Es un pensamiento, que no significa que sea el correcto, pero a veces viene a mi cabeza, me visita. Yo, lo desecho, lo descarto, porque tú, me dijiste algo, y voy a creer en ti. No hay más.

Ayer por la noche, enroscado en mi cama, llorando, me vino a la mente la misma situación, pero a la inversa: Tú, llorando sola en tu habitación, en la cama, tapada hasta arriba, y con angustia, desesperación y ganas de llamarme. Sé que es muy fácil hablar “a toro pasado”, pero ahora siento, como si no nos hubiéramos dicho muchas cosas, que hubieran hecho que la relación funcionara mucho mejor.

Me da miedo que vuelva a pasar eso. Ahora es como si quisiera compartir cada sensación contigo, y no callarme nada. Y no puedo hacerlo.

Por ejemplo, el lunes quedé con Montse para ir a comer, y quedamos en la Illa. Pues yo me fui antes, y me senté en el mismo sitio donde empezó todo, en aquella terraza donde tomamos cervezas. Tomé hasta una foto de la terraza, pero no te la envié. El simple hecho de pensar que enviarte un mensaje, una foto, o llamarte, puede agobiarte, me provoca una sensación que no sé describir, y no lo hago. Y eso es jodido, porque supongo que tengo la esperanza, de que cualquier día, cualquier tipo de mensaje, llamada o algo, va a, quizá, hacer que la situación cambie. En el fondo la lógica dice que no, pero yo tengo esa esperanza.

He descubierto hoy, que se pueden subir fotos a cada publicación (como siempre, el Aitor tan "empanao" hahahahahaah). No se si debería hacerlo...

Pero como éste es mi blog, y no sé si lo vas a leer o no...



martes, 17 de mayo de 2022

Anata ga koishī

Hoy es un día muy especial, no voy a negar que estoy un poco (muy) nervioso. Después de mucho tiempo, hoy a las 18.00 me toca la primera clase de conducir práctica. Parece mentira cuando después de 3 meses intentándolo sin parar, el 6 de abril, conseguí cita para empezar todo el proceso, y hoy 17 de Mayo, por fin empiezo la recta final. Pero vamos a hablar de los días.

Cómo pasan los días…

Siento una necesidad muy grande de cuando veo cosas en Instagram, enviártelas. Como hacíamos antes, no como ahora, que el chat está vacío, no entra nada. Enviártelas y recibir el like, o al revés.

Sin motivo alguno, me apetece a cualquier hora del día, escribirte y decirte lo mucho que te quiero y lo mucho que te echo de menos. Pero no lo hago, no quiero que te sientas agobiada.

Sé que volvemos a lo mismo de siempre, pero creo que no puedo alcanzar a decir con palabras todo lo que te echo de menos.

Echo de menos, despertarme de madrugada y sentir tu olor entrando por mi nariz. El abrir los ojos, y oírte respirar, profundo, con tus mofletes aplastados contra la almohada. Echo de menos el sentir tu mano encima de mi pecho.

Tus manos, son un caso aparte. Unas manos fuertes, que me encantan, me vuelven loco, duras, ásperas en ocasiones, pero que cuando me tocaban, aún siendo ásperas, eran las manos más suaves del mundo para mí. Esos dedos imperfectos, llenos de mordeduras, pero que son perfectos para mí.

No eres consciente de lo que te necesito a mi lado ahora mismo, por ejemplo, en días como hoy. Donde poder ir a tomar algo después de la primera clase y explicártelo todo, las sensaciones, anécdotas divertidas, y poder hacerte formar parte, o envolverte, en todo este proceso. O esos días en lo que me enseñarías a avanzar más rápido en mi aprendizaje, dejándome conducir por la urbanización donde pasábamos los fines de semana. Porque salvabas mis días. Pero no solo en días como hoy, sino todos.

Ya no hablemos de cuando me levanto por la mañana, lo primero que pienso es en ti, y alguna vez me ha pasado de escribir “Bon dia amorcho” y dos corazones, pero no le doy a la tecla de enviar. Igual me pasa por las noches, eres lo último que piensa mi cabeza antes de dormir, y me duermo con la esperanza de que esa noche, toque soñar contigo. Ahora mismo es la mejor forma que tengo para poder verte cada día y sentirte.

¿Por qué estamos en esta situación? ¿Por qué estamos haciendo esto? ¿Por qué estamos "perdiendo" el tiempo de esta manera? ¿Por qué no podemos crecer juntos de una vez? ¿Por qué no podemos romper con la distancia y empezar "de nuevo"? No lo sé.

Creo que la pregunta que más me gustaría saber la respuesta, es: ¿Cuándo volveremos a hacer las cosas que nunca debimos dejar de hacer?

lunes, 16 de mayo de 2022

Ángel de la Magia

Hoy toca sacar cosas, hoy toca hablar de uno de los días más duros de mi vida. Y eso me va a servir para explicar otra cosa que va relacionada, estoy seguro de ello. 

El 4 de octubre de 2019 tuve que sacrificar a mi perro.

Con mi perro, yo tenía una relación muy muy especial, que no sabría cómo poder expresárosla con palabras. Conectamos desde el primer momento al 100%, para resumirlo.

Y siempre lo he pensado y me parece alucinante, ¿Cómo él sabía cuándo yo estaba mal?

Recuerdo un día en particular, (no recuerdo el por qué), años atrás, abrí la puerta de la terraza de mi habitación, donde él siempre estaba. Él estaba sentado en su esquina favorita, donde corría más el aire, y me miró, pero no se movió. Yo me senté en la otra esquina, me encendí un cigarrillo, y me acuerdo que empecé a llorar. Se me quedó mirando, unos segundos, intentando entender que es lo que pasaba. Acto seguido, se levantó, y vino andando muy tranquilamente hacía mí, con la cabeza gacha y oliendo en el aire. Me empezó a lamer la cara y el pelo. Él no entendía lo que me pasaba, pero sabía que algo había, e intentaba, a su manera hacerme ver que todo iba a ir bien, que no tenía porque preocuparme. Era mi ángel de la guarda. Y supe que siempre iba a estar conmigo, y que iba a cuidar de mí.

Ahora, me iría tan bien tenerte aquí amigo mío.

Pues ese día, el 4 de octubre, recuerdo que, de golpe, dejó de estar como siempre, se tiró en el suelo, se meaba encima, no podía levantarse… vamos, un desastre. Por la mañana estaba bien, y a media tarde no podía hacer nada. Llamamos de urgencia y vinieron a sacrificarlo, pero no se lo podían llevar. Recuerdo que eran las 21.47, cuando tumbado en el suelo, con su cabeza frente a la mía, le podía ver esa chispita que le quedaba en los ojos. Cara a cara, como siempre, los dos, y no había nadie más, los dos tirados en el suelo, cara a cara, mientras le acariciaba la oreja que siempre le gustaba que le tocara.

Sin dejar de mirarnos, durante un segundo, noté algo especial, como si él me dijera: “amigo mío, me voy a ir, pero no vas a estar nunca más solo”. Llamadme loco, pero yo lo sentí así, mientras yo le suplicaba, sin decírselo, y con una cascada de lágrimas en mis ojos, que no se fuera, que no me dejara solo. Tenía miedo.

Poco a poco, esa chispita, se fue apagando mientras me miraba. Dejó de tener ese brillo en los ojos, para pasar a un gris vacío, pero él no apartó la vista. Me siguió mirando, para transmitirme todo lo que quería decirme, hasta el final, que no iba a estar solo y que iba a cuidar de mí.

Pues bien, yo sigo pensando que él cumplió y sigue cumpliendo su promesa. Él tenía esa magia especial, de ahí su nombre, Magic. Lo sigo viendo en sueños, sigue viniendo a pasear conmigo por la montaña, sigue lamiéndome la cara y el pelo, sigo jugando con él tirándonos por el suelo, mientras yo me hago el muerto y él me rompe las camisetas a bocados. Cumplió su promesa, pero él ya no podía ayudarme. Por eso, justo una semana después, el 12 de octubre de 2019, te envió a ti. Como algún tipo de milagro, tu apareciste en mi vida, y me has cuidado, preocupado, hecho mejorar, no me has dejado caer, has peleado por mí, y estoy seguro que fue gracias a él. Gracias a él, por ponerte en mi camino, y gracias a ti seguiré en ese camino tan maravilloso, por quedarte a mi lado.

Llamadme loco.

MAGIC 27/8/2007—04/10/2019

domingo, 15 de mayo de 2022

Solo un sueño

Se levantó temprano una mañana de verano, el sol entraba con unos rayos tenues. Dio un salto de la cama, y encendió la luz de su escritorio, y se golpeó con la maleta el dedo pequeño del pie; bonita forma de empezar el día, pero con esos pies, ¿Qué quieres?, pensó. Repasó la lista, metió todo en una carpeta, y revisó el teléfono para comprobar que todo estaba en orden. Todo correcto. Abrió la puerta, enfiló el pasillo, entró en la cocina, cogió la jarra mientras abría el armario y bajaba un vaso del armario. Se sentó, se sirvió un vaso de agua y se puso los auriculares mientras reproducía una lista en su Spotify. Eligió una manzana del frutero, y con un cuchillo empezó a cortarla en pedazos. Iba masticando mientras iba fumándose el cigarrillo que se había liado unos minutos antes. El nerviosismo empezaba a entrar en su cuerpo. Terminó, apuró el vaso de agua, lo lavó, y revisó la maleta negra, metió el par de cosas que se le había olvidado meter, la cerró, se vistió, y miró a su alrededor. Un poco de su perfume favorito, crema en las manos, y reloj plateado en su muñeca.

Comprobó que todo estaba en orden, se despidió de su madre con un beso y un abrazo, cogió las llaves y cerró la puerta. Bajó las escaleras, y abrió la puerta del parking, que chirriaba. Abrió el maletero, metió la maleta, y la chaqueta fina, y cerró. Abrió la puerta del conductor, y se sentó, hizo una respiración honda, exhaló el aire y cerró la puerta. Arrancó el motor, con nerviosismo y determinación, volviendo a hacer otra respiración larga, y maniobró para salir del parking.

Durante el trayecto, se le venían imágenes que no hacían más que alimentar su sentimiento de nerviosismo, pero como ya había aprendido a gestionar esas sensaciones, no permitió que le afectaran. Condujo con una mezcla de tranquilidad y nerviosismo, durante una media hora, hasta que llegó, aparcó el coche en la plaza G21 y bajó del coche, abrió el maletero y sacó el equipaje. Se alejó del coche caminando decidido hacia la entrada. Entró por la puerta y sintió un escalofrío, había estado tantas veces en ese sitio, pero nunca con una sensación igual a la de hoy. Gente con maletas, iba y venía, se saludaban, se despedían. Risas, llantos, ilusión, tristeza, abrazos… ¿Cómo puede haber tantas sensaciones en un mismo espacio tan pequeño de espacio? No lo sé. Pasó por la pantalla de información y comprobó el número de la puerta de embarque y se fue directo al control de seguridad. Pasó sin problemas y enfiló las escaleras mecánicas descendentes hacía el pasillo que parecía interminable, pasó por delante de una tienda y compró una cantidad desmesurada de pilas y las metió en la maleta. Como aún quedaban 45 minutos para embarcar, se dirigió al vestíbulo abierto para fumarse otro y beberse el zumo que había traído de casa. Se sentó en la escalera de madera, miró al cielo. Despejado. El sol ya lucía con una intensidad casi total y los rayos le alcanzaban las piernas, que calor.

Terminó, y se fue directo a la puerta G10, donde ya se podía leer en la pantalla el destino del vuelo. Se sentó en primera fila y esperó releyendo ese libro que le había cambiado la vida, ese libro que le había llevado hasta la libertad apenas un tiempo atrás. Estaba tan concentrado leyendo que no se había dado cuenta de que la azafata de embarque ya estaba en su sitio, y solo reaccionó, cuando la gente a su alrededor empezó a levantarse para hacer fila. Se puso en fila y cuando llegó su turno, enseño su DNI y su tarjeta de embarque con el teléfono, y bajó por las escaleras hasta llegar al asfalto. Un bus estaba esperando con las puertas abiertas, respiró hondo y subió, sin sentarse, esperando a que el bus se llenara para poder cerrar las puertas y emprender el camino hacia el avión. Fue un trayecto de apenas unos 5 minutos, se abrieron las puertas y allí, estaba, un amasijo enorme de metal, preparado para despegar. Subió la escalinata del avión, saludó a las azafatas y recorrió el pasillo hasta llegar a la fila 14. Había pedido salida de emergencia porque siempre había tenido problemas para encajar sus largas piernas en esos espacios diminutos. Eso sí, ventanilla siempre. Siempre le gustó poder ver como el avión se iba alejando del suelo al despegar, siempre le pareció fascinante. Sacó su teléfono del bolsillo, lo puso en modo avión, se colocó los airpods, y le dio al play. La lista que lo había acompañado durante tanto tiempo, no iba a ser menos ahora. Después de unos minutos el avión dio un acelerón, y empezó a coger velocidad, cada vez más, y finalmente, llegó el momento. Ese momento, esa sensación, que llevaba tiempo queriendo experimentar, que la echaba de menos. Esa sensación que hace que el estómago te dé un vuelco, se te paralice todo durante unos segundos, y entonces miró por la ventanilla. La ciudad iba haciéndose cada vez más pequeña, los edificios prácticamente indistinguibles y se veía el mar de fondo, mientras el sol se reflejaba en él. Durmió en el vuelo, y se despertó cuando apenas quedaban 30 minutos para llegar al destino, ahí empezó ese nerviosismo tonto de verdad.

Por los altavoces, avisaban en inglés que en breves minutos se iba a aterrizar en el aeropuerto de destino. Informaban de que la temperatura era de unos 18 grados. Menos mal que había decidido venir en pantalón largo. Menos mal. El avión tocó suelo, frenó durante unos segundos y tomó dirección a la terminal. El avión aún no se había detenido que él ya tenía el cinturón desabrochado y se había levantado para coger su maleta del compartimento superior. Entonces hubo un ruido que indicaba que la pasarela ya se había acoplado a la puerta y empezó a salir la gente. Llegó a la salida, les deseo un buen día a las personas de la tripulación y caminó por el pasillo hasta llegar a las puertas del vestíbulo. ¡Menuda terminal!, era más moderna de lo que se había imaginado. Buscó la salida, y salió a tomar el aire fresco. Ahí es cuando tuvo que ponerse la chaqueta, porque hacía una brisa fría que pedía a gritos la necesidad de esa chaqueta. Miró su reloj, mientras se fumaba un cigarrillo en el lugar indicado para fumar, mirando a su alrededor. ¿Dónde estaba?

Y de golpe la vio. Caminando, a unos 200 metros escasos, se acercaba caminando, con esa forma única que tiene ella de hacerlo. Con las gafas de sol puestas, ese caminar decidido y rápido, esas mejillas sonrojadas y pomposas, esos labios perfectos. Él tiró el cigarrillo y empezó a caminar hacia ella. Esos 200 metros, parecieron 200km, la veía acercarse a cámara lenta, con sus gafas de sol, unos tejanos, una sudadera y el vaivén tan especial de cabello que tenía por su maravillosa forma de andar. A escasos 10 segundos de encontrarse, no pudo evitar escapársele algunas lágrimas, y cuando se abrazaron, estaba envuelto en llanto. Los dos lo estuvieron. Él no paraba de repetirle, entre sollozos y lágrimas, lo mucho que la había echado de menos, y ella le respondía: “Lo sé”, “ya estás aquí, tranquilo”.

Se fundieron en un abrazo que duró minutos. Él la abrazaba y no podía parar de estar emocionado. Le repetía una y otra vez: “Lo siento, lo siento”. La había echado tanto de menos. No tenía palabras para describirlo, para explicarlo. Pero con ese abrazo, le dijo todo lo que no podía decirle en ese momento con palabras. Y ella lo entendió, porque ella tiene ese poder especial de entender sus cosas. Tantos días, tantos sentimientos, tantas sensaciones, tantas ganas de todo. Pero ya estaba allí. Ella, decidió darle esa última oportunidad porque siempre lo ha amado, y nunca lo va a dejar de amar, porque es una persona maravillosa, y todo el mundo merece una última oportunidad.

-----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

Tengo claro que esto ha sido simplemente un sueño que he tenido esta noche. Hay sueños lúcidos, y luego está éste. Me he levantado por la mañana, y me han pasado todas estas imágenes por la cabeza, sin saber por qué. La gente dice que los sueños, solamente son sueños. Yo, en mi humilde opinión, hay sueños, no todos, pero la gran mayoría, que se pueden convertir en realidad. Y con esa esperanza vivimos.

sábado, 14 de mayo de 2022

El martes maldito

Me siento avergonzado de mi actitud del martes pasado.

Siento mucho el cómo me puse, y el cómo me comporté contigo. Fue un acto de inmadurez, un acto de cómo no quiero ser. Pese a ser momentos muy difíciles para mí, volví a ser egoísta y pensé solo en mí, cuando justamente no es lo que quiero hacer, y me siento mal por lo que hice, muy mal.

Yo sé que tú lo entiendes, que entiendes que lo estoy pasando muy mal y que son momentos duros para mí, como también creo que tú también tienes tus momentos malos.  Espero que lo entiendas y que tal como eres tú, una persona maravillosa, no me tengas en cuenta ese comportamiento.

Me he decepcionado, y me duele. Porque por un momento de debilidad, he vuelto a provocar algo negativo.

Me encantaría enviarte cosas, o etiquetarte en ellas, tengo una carpetita en la que tengo guardadas tantas cosas… pero no quiero hacerlo, llevo 3 días sin querer hacerlo, aunque me cueste, porque así me lo has pedido. Creo que no hay mejor forma de demostrarte mi cambio que con actos. Te echo de menos cada segundo, y lo único que me reconforta es que cada segundo que pasa, es un segundo menos que queda para poder volver a tenerte en frente de mí y volver a abrazarte.

He encontrado en escribir una forma de relajarme y de poder escribir lo que siento, que sabes que a veces soy malo expresándome de voz, a veces soy mejor con las letras. Supongo que también, escribir es algo que me ayuda a poder comunicarme contigo, algo que está ahí, que no sé si lees o no, pero lo escribo, y si hay suerte, lo leerás.

Escribir me ayuda a recordar, me ayuda a pensar.

Hoy he estado recordando el momento en el que, bajando de Andorra, en coche, sin saber el porqué, me puse a llorar, y tú me agarraste la mano, y me dijiste: “no llores, porque si no voy a llorar yo”. Ahora mismo, me harías tanto bien. Me ayudarías tanto ahora mismo. Y a la vez te ayudaría tanto a poder comprender por todo lo que estaba pasando. Ahora soy yo el que quiero agarrarte la mano, en momentos como esos, para hacerte sentir en casa. Tu eres mi casa, tu eres hogar, en esos momentos.

Aunque no solo en esos momentos. Desde hace 4 meses que empecé las sesiones con la psicóloga, te pedí paciencia, y tu me la diste, porque sabías que me iba a recuperar, porque al hablar con la psicóloga, me dijo que iba a tener que hacer mucho trabajo personal, que no tuviera miedo a cerrarme en mí mismo si eso iba a significar que todo se iba a solucionar. Y eso hice, mucho trabajo personal, pensar, pensar, pensar. Aunque sé que a ti te parecía que te iba contando las cosas a cuentagotas. Siento mucho si durante estos 4 meses, en algún momento te he hecho sentir que no había solución o que volvía a las andadas, no era así. No podía o no quería hacerte partícipe, hasta poder analizar todo, y poder explicártelo todo un día tranquilamente sentados, tomando una cerveza, para lograr que entendieras esos 4 meses anteriores. Ese día no llegó, o no ha llegado de momento, pero esperaré.

Esperaré porque vale la pena.

Montserrat

Últimamente, escribo sin estructurar, sin planear. Del tirón y lo que sale. No sé, me gusta así. Sé que me dijiste, amiga mía, que igual debería estructurar más, pero que si es así como mejor, o más cómodo me siento, que adelante. No me lo tengas en cuenta.


Es curioso, como cuando sin querer, te das cuenta de que las personas que creías que siempre estarían ahí cuando las necesitas, no están.

Por suerte, estos últimos meses, en especial este último mes, he descubierto justamente eso, personas que yo esperaba que iban a estar ahí en momentos difíciles, para apoyarme, hablar, escucharme… no lo están. No me frustra, no me afecta, simplemente agradezco darme cuenta de eso para apartar lo que no aporta, y seguir, sin afectarme estas cosas como me afectaban o me molestaban antes.

En cambio, hay personas que me han sorprendido, que, sin pedirlo, siempre están ahí, incluso sin pedirlo. Te escuchan, aunque solo tengan que hacer eso, están. Te escuchan, te dan la opinión que tienes que escuchar (no la que quieres oír), y en ese momento, te das cuenta de la suerte que tienes.

Este es el caso de mi amiga Montse. Nos conocemos desde hace unos 11 años, las hemos pasado de todos los colores, pero siempre, ambos hemos sabido (creo) que estamos el uno para el otro, sin necesidad de decírnoslo. Cualquier problema, vamos a poder hablarlo y sabemos que la otra persona no nos dirá lo que queremos escuchar, sino el mejor consejo.

Me emociona saber que, sin pedirlo, se preocupa. Me emociona saber que en el mismo momento que vea un mensaje mío, responderá o incluso llamará. Nunca aprendemos a valorar este tipo de amistad, porque nos acomodamos ante las facilidades.

Yo a ella, puedo decir que la admiro. Mucho. Es una persona luchadora, con dos hijos, soportando la distancia de no poder verlos siempre que quiere. Siempre positiva, aunque las adversidades intenten comérsela por dentro, siempre encuentra el lado positivo, el aprendizaje. El hecho de que no te diga lo que quieres escuchar, no significa que te aprecie más o menos, te dice las cosas tal como son, no como otra gente que te quiere comer la oreja para que hagas lo que creas que es mejor para ti, sin haber ponderado las cosas y haber hecho un análisis.

Creo que es una de las mejores personas que conozco.

Montse, este texto, intenta de alguna manera, agradecerte todo lo que me has aguantado, me aguantas y me vas a aguantar, y para decirte que aquí, tienes un amigo para siempre. No importa la hora, la distancia, ni el lugar.

Se me hace curioso, que la gente muchas veces, piense que cierta gente a mi alrededor, puede decirle como poder entenderme, ayudarme y comprenderme, y no se dan cuenta de que están equivocadas.

Los pseudoamig@s, existen, y hay muchos, por desgracia.

Los amig@s, existen también, pero son muy pocos, y tú, Montse, eres una de ell@s.

GRACIAS!

viernes, 13 de mayo de 2022

La "última"

Hoy he tenido la “última” sesión con mi coach/psicóloga, por motivos personales, hay que dejar esa etapa aquí, pero no me apena. La verdad es que han sido 3 meses largos, de muchísimo trabajo interno, pero hemos llegado ambos a la conclusión o reflexión de que soy capaz de seguir con este proceso solo. Seguir el camino solo. Eso sí, siempre que lo necesite, voy a tener una persona para poder seguir en ese proceso, pero tal como he dicho, sólo si lo veo necesario. Hoy, ahora, puedo decir que el cambio ha sido tan drástico, que me atrevería a llamarlo “milagro”, aunque soy consciente de que los milagros no existen.

El proceso ha sido largo e intenso estos últimos meses, con muchos momentos como en mi pasado, cerrándome en mi mismo (pero necesario) y con muchas horas de trabajo personal, muchas horas de estar encerrado en mi cabeza, para trabajar esa parte de mí, que quería mejorar. Y lo he conseguido. Ha costado, mucho, y siento mucho si alguien de mi alrededor sufrió por ello, o se preocupó, era necesario. Pero ahora puedo decir que ha valido la pena. También puedo decir, que estoy putamente orgulloso de todo lo que he conseguido hacer con mis problemas, emociones, acciones y demás. ¡PUTAMENTE ORGULLOSO!

Lo conseguí. Y me emociona, me enorgullece, incluso, al acabar, e ir caminando hacia el trabajo, alguna lágrima de emoción al ver lo que he conseguido o de lo que he sido capaz, se me ha caído.

Ha sido tan difícil llegar a ese clic… ¡TANTO!, pero os puedo decir que cuando llegas y lo ves de una forma externa o mirando retrospectivamente… era tan fácil… ¡TANTO!

El cambio al principio fue poco a poco, muy progresivo, pero en el último mes he decidido dejarme de pasito a pasito, y empezar a coger el toro por los cuernos. Porque puedo, porque sé que lo he conseguido, y porque sé que soy capaz de ello.

No se me borran las imágenes de la cara de mi psicóloga cuando le iba explicando cómo me sentía ahora mismo, y como gestionaba las cosas, o la perspectiva que tengo.

Ponderar las cosas, ver las cosas desde fuera, y pedir ayuda para no volver a caer en ese espiral maldito que me ha llevado tantos años por el camino de la amargura, y no solo a mí. Llegan unos meses de seguir trabajando personalmente, individualmente y seguir creciendo, seguir peleando y seguir construyendo.

Desde aquí, quiero darte las gracias Marcela, por todas las horas dedicadas, por todas las charlas, y por todas y cada una de las palabras que hemos intercambiado.

Estar aquí vale la pena. Estar donde estoy, vale la pena.

¡OUUUU MAMMA!

Nunca digas nunca, porque muy a menudo, los límites, igual que los miedos, son solamente una mera ilusión.

jueves, 12 de mayo de 2022

Itoshi teru

Personalmente creo que voy a conseguir estar al 100%, y muy pronto. He pasado dos días complicados, con una recaída (suele pasar, la llaman la recaída de los siete días, pero antes, si quería llorar, me aguantaba, me callaba. Ahora ya no, hay que sacar las cosas, y aunque las saque y me quede más relajado, me duele no poder hacerlo contigo.

Obviamente me sabe mal llorar, porque mi madre se preocupa muchísimo, pero creo que he conseguido hacerle entender que es un proceso que tengo que pasar, tengo que seguir trabajando para seguir mejorando.

Llevo demasiados años, sin disfrutar de la vida, amargado y amargando a los demás que tengo a mi alrededor, pero eso se ha terminado, ahora quiero ayudar, hacer feliz a la gente que tengo a mi alrededor.

Escribir ayuda, por lo menos a mí. No sé si lo leerás, espero que sí, aunque supongo que si lo lees, cuando creas conveniente me darás una señal conforme lo has leído, o si te gusta, o me darás tu opinión. Escribir ayuda, porque me hace pensar muchas cosas antes de escribir, pero saber que lo lees, egoístamente, me produce una cierta sensación de calma, ya que no podemos hablar por teléfono. Es difícil de explicar.

Sé que muchas veces has oído lo siguiente que va salir de mi boca (de este texto, ahora mismo), era real, pero no duraba en el tiempo, porque no le puse remedio, o la forma adecuada. Ahora puedo decir, que puedes estar segura de que el cambio está hecho, que ese pequeño porcentaje que me dijiste que confiabas en mí, puedes hacerlo todo lo grande que quieras, porque te juro por la vida de mi madre, que no te voy a volver a fallar, nunca más, y nada me haría más feliz que me acompañaras en el proceso de mejora en el que estoy envuelto ahora mismo, porque a tu lado, será mucho más especial, no será ni mejor, ni peor; ni más corto, ni más largo; pero especial, muy especial.

No hay nada que desearía más ahora en este preciso momento, que estar contigo, paseando de la mano, por un prado verde, donde la brisa del mar acompañe los vaivenes de nuestras manos entrelazadas mientras caminamos, disfrutar del agua del mar frío, caminando por las piedras y hacernos fotografías para inmortalizar mi recuperación para la eternidad. Lo dejaría todo, TODO, para poder vivir esa aventura que estás viviendo, a tu lado.

Trabajo, amigos, familia, lo dejaría todo. Porque ya he perdido demasiado tiempo. Y estoy cansado.

Me he perdido demasiados momentos por mis problemas, y no quiero volver a perder ni un solo segundo a tu lado.

Quiero cogerte en brazos, y tumbarte en la hierba, mirarte a los ojos y decirte todo lo que te amo, todo lo agradecido que estoy contigo por cómo me has aguantado, sufrido, comprendido, tenido paciencia, preocupado… quiero darte todo mi amor, cada uno y todos los segundos de mi vida. Me da igual el dónde, el cuándo, el cómo o la hora, pero desde ahora, hasta el fin de mis días. Quiero poder cocinarte, quiero poder escucharte, quiero poder compartir todo contigo.

Quiero sentir tu piel debajo de las sábanas, rozando con mi piel, agarrarte la mano, besarte, morderte la piel, el cuello, y poder disfrutar a todas horas de tu respiración acelerada y tu piel sudorosa.

Quiero no volver a decepcionarte nunca más. Quiero hacerte sonreír, llorar de felicidad, de emoción.

Lo único que te pido, que sé que es mucho, es que confíes en mí, me des esa última oportunidad, y me dejes demostrarte que lo que te digo es real.

Llámame vende-motos si quieres (como a veces haces), pero no te estoy vendiendo ninguna moto. No quiero venderte nada. Quiero regalarte todo mi amor, sin pedirte nada a cambio, porque tu hiciste lo mismo, y me hiciste feliz. Y antes no, pero ahora, sé que puedo hacerlo.

Quiero contarte todos mis problemas, o pensamientos que me bloqueaban cuando tenía mis problemas.

Quiero muchas cosas. Pero lo que más quiero, es a ti a mi lado, para siempre.

Itoshi teru

PD: Me he imprimido (o impreso) un calendario, y voy tachando todos los días que quedan para diciembre. Parezco salido de anónimos con éste método, pero es algo que quiero hacer, para recordar, todos los días que voy a estar sin ti, y ayudarme a que eso, no vuelva a ocurrir nunca más. Porque créeme, veo el calendario, y todos los cuadraditos que hay... y tela.

martes, 10 de mayo de 2022

Nos vemos pronto

Hola amorcho,

Supongo que no entenderás muy bien el por qué de esta carta. No estamos juntos y lo entiendo.

Pero supongo que si lees esta carta, entenderás lo que siento, y me darás al menos la posibilidad de explicarte mi punto de vista (en su debido momento) y todo lo que pienso sobre nosotros, porque lo que he aprendido de todo esto, me servirá para ser mejor persona en un futuro.

Dicen que la perfección de algunas relaciones radica en sus imperfecciones. Sin nuestros altibajos, no estaríamos donde estamos hoy. Ya sabes lo que siento por ti. Sabes que eres mi fuerza, pero lo que no sabes, es que también eres mi debilidad. Lo que no me gusta nada en esta vida es discutir contigo. Aunque ya sepas esto, pensé que debería comenzar esta carta desde el problema que nos ha ocurrido y que nos ha llevado distanciarnos cuando en realidad eres lo más importante para mí.

Amorcho, después de muchas noches con problemas para dormir y dándole muchas vueltas a todo esto, he llegado a la conclusión de que no he sabido valorar (por los motivos que sean) lo que tenia a mi lado, y cuando me he dado cuenta, ya era demasiado tarde. Ahora tengo que vivir esta espera hasta navidades, con dolor, un dolor muy grande que se me remueve por dentro, cada vez que siento que no he podido devolverte todo lo que me has dado.

Sí, ya sé que te he dicho muchas veces que me has salvado la vida, pero es que es así, no puedo decir otra cosa.

Pero este dolor no es comparable al terror que se me viene encima al pensar que quizá no hay vuelta atrás. Porque estar sin ti, amorcho, sería la peor condena a todos mis errores. Sé que te he fallado, se que he sido descuidado, y se que no he estado siempre que me has necesitado, pero he aprendido de mis errores, de hecho, ya estaba aprendiendo y mejorando poco a poco.

Cuando pienso en todo lo que has dado por mí, y las veces que yo te he fallado, solamente puedo sentir vergüenza y rechazo hacia mí. Pero cuando me he dado cuenta de como he sido yo estando a tu lado, me pongo firme, decidido y comprometido en mejorar como persona, para poder estar tranquilo conmigo mismo y llegar a ser aquello que esperas de mí. Y sé que lo puedo conseguir a tu lado.

No tienes que darme una respuesta ahora, cuando leas esto y puedas o te veas capaz de mantener esa conversación, amorcho, lo harás, ya que ahora, probablemente la decepción te impide hacerlo. No tengo ningún deseo más. Sólo que me des esta ÚLTIMA oportunidad, porque hoy te pido perdón, pero con la seguridad de que todo esto nos llevará a una relación mucho más fuerte y a la felicidad.

Sé que estás más dolida que enfadada, y lo entiendo. Tienes toda la razón y motivos más que suficientes para estar así conmigo, y yo, de verdad que lo siento. Créeme, nunca fue mi intención hacerte daño, eso es lo último que quiero hacer en mi vida.

A veces las cosas son complicadas y las complicamos más uno mismo, sin darnos cuenta. Nunca quise ocultarte mis problemas, pero no supe reaccionar de otra manera. Es cobarde lo sé, y no quiero que vuelva a pasarme o pasarnos. No te mereces que te oculte eso, ni que te trate así. Todo el tiempo que hemos estado juntos, siempre he intentado hacer lo que yo creía mejor para los dos, todo y que visto lo visto, me equivocaba. La próxima vez seré valiente con mis palabras y acciones, y consecuente con ellas como lo estoy siendo ahora.

Entiendo cómo te sientes y me da pena que sea así por mi culpa. Todo lo que quiero decir es que lo siento y créeme que te lo digo de corazón. Me cuesta decirte todo esto en persona y por eso lo hago por carta, pero necesito que lo sepas. Eres muy importante para mí y necesito otra oportunidad, la última, para que veas realmente que soy esa persona que quieres en tu vida, porque tú, si eres esa persona única y maravillosa que quiero la mía.

Sin embargo ya sea en persona o mediante esta carta me he dado cuenta que lo importante es que mi disculpa te llegue y sepas que te lo digo con total sinceridad. Lo siento.

Es cierto que me aislé y que eso fue totalmente innecesario pero ese momento no sabía controlar mis impulsos, y me arrepiento enormemente por eso. Te prometo que he hecho el trabajo y que la próxima vez que me ocurra algo parecido contaré hasta 10, respiraré profundamente, y te llamaré o si tengo la suerte de que tengo a mi lado, te lo contaré. Sin miedos, sin tapujos, sin filtros, sin esperas.

Te amo más de lo que te puedas imaginar, y estoy seguro que nuestro amor es mucho más fuerte que estos problemas que hemos tenido. Cuando estés lista por favor, hablemos para retomar nuestra relación, creo que ambos nos lo merecemos después de todo lo que hemos pasado y después de todo lo que tú has luchado, y de todo lo que estoy luchando ahora mismo conmigo mismo. Te quiero más que nada, por favor no lo olvides.

Lamento haberme comportado de esa manera en particular y sobre todo porque lo hice mal en nuestra relación. No te mereces que me comportará así y lo siento. De corazón. Por favor dame esta ÚLTIMA oportunidad de compensártelo en persona. Dejemos atrás este incidente y veamos que entre los dos, podemos salir adelante como una pareja fuerte y feliz.

Te amo.

Ganas

La verdad es que llevo muchos meses pensando en que mi lugar ahora mismo no está en Barcelona. Muchos.

¿Por qué no me he ido? Pues porque tenía a alguien que cuando estaba con ella, sentía como si estuviera en otro lugar. Me hacía sentir bien, me hacía sentir que estaba en el lugar correcto, porque con ella todo era mejor. Pero nunca se lo dije. A veces tenía la sensación de que ella lo sentía y lo sabía. Pero no, nunca se lo dije. 

Aproximadamente, un año atrás, me moví de centro de trabajo, llegué a Cornellà, un sitio más tranquilo, sin tanto ajetreo, y ahí pensé que estaría bien. Pero no, me engañaba a mí mismo, seguía con las ganas de querer irme. Incluso alguna vez se me pasó por la cabeza, decirle a mi pareja, que ya que ella había trabajado en Irlanda, podía preguntar si había algo para los dos, e irnos. A la aventura, a seguir forjando un camino juntos. Pero nunca lo dije. No sé el por qué. Y ahora me arrepiento. Siempre pensaba muchas cosas, pero eran pocas las veces que me atrevía a decirlas.

Ahora mismo, he vuelto a mí antiguo centro de trabajo, y la verdad es que con todo lo que ha pasado en el último mes, se me está haciendo muy cuesta arriba. Coches, ruido, ajetreo de gente, recuerdos... es muy complicado. Pero voy a conseguir sobrellevarlo de la mejor manera posible. 

No obstante, sigo pensando que ahora mismo, mi lugar no está en Barcelona. 

¿Y si dejo mi trabajo y me voy con ella? No puedo. Pero no por miedo a perder un trabajo, porque puedo conseguir otro en cualquier momento en el que vuelva. Si no porque tengo que respetar que ella no quiere o puede dejarme ir.

¿Cuánto tiempo voy a conseguir aguantar aquí? No lo sé, pero voy a dar lo mejor de mí para conseguirlo. Porque se puede. 

Esta ciudad es genial, no nos engañemos, pero no tiene lo que necesito ahora mismo, y tal como he dicho antes, no tendría reparo en dejarlo todo, tomarme unos meses sabáticos para poder desconectar y disfrutar de la paz y liberación que estoy experimentando. Siempre he sido una persona de naturaleza, incluso cuando en casa de mis abuelos, me sentía mal, cogía la bicicleta y me perdía por el monte con ella, me subía a un árbol y disfrutaba del sonido de la naturaleza. Entenderéis que me siento atrapado en esta ciudad, que está muy bien, lo tienes todo a tu alcance, pero al mismo tiempo, me falta lo que más necesito. Paz.

El pensar que ahora mismo podría estar caminando por la playa, metiendo mis pies en el agua congelada, y sintiendo el olor a mar, ese viento que levanta el olor a sal que es tan placentero para mí. El poder por las mañanas salir a caminar o correr por los prados y descubrir lugares nuevos cada día para poder llegar a casa y enseñártelos en los días siguientes.

Siento que tengo que pasar ese tiempo junto a ti. Porque no, no voy a negar que me muero de ganas de pasar estos meses contigo, pero cuando no se puede no se puede. Hay que aguantar, todo llegará.

Estoy cansado de pensar muchas cosas y no decirlas. El hecho de poder escribir cada día aquí, me permite desahogarme y sacar muchas cosas que antes guardaba dentro, por error. Cada día que paso alejado de ti, intento decirme a mi mismo: "tranquilo, es como si estuviera de vacaciones, volverá en navidades". Pero cuando llevo meses sintiendo que no debería estar aquí, y que envidio justamente el lugar donde estás... es muy difícil.

El día que me dijiste que te ibas a Irlanda, ese mismo día en el que llevaba el anillo en el bolsillo izquierdo de mi chaqueta, cuando me lo dijiste, pensé: "No me lo puedo creer, voy a poder conseguir salir de aquí finalmente", y fueron 5 segundos de una emoción increíble, no puedo describirlo con palabras. Irme de Barcelona, contigo, a un lugar que ya me habías dicho previamente que querías enseñarme, a seguir construyendo un futuro juntos, a seguir con mi cambio, relajado, con mis sesiones de terapia... pero no. 5 segundos después vino el mayor jarro de agua fría que jamás me han dado. Tenía tan cerca la libertad junto a ti, y de golpe, se esfumó. Considero ese momento o ese día, como queráis llamarlo, uno de lo más duros de mi vida. Se me vino el mundo encima.

Si todavía me quieres, entenderás este escrito de la forma que espero. Como una llamada al perdón, a la contrición, y a demostrarte el cambio que estoy haciendo.

Jamás voy a dejar de quererte, y en cuanto tenga solucionado todo aquí, voy a hacer todo lo posible para ir a buscarte, mirarte a los ojos, mientras camino hacia ti, abrazarte, cogerte en brazos, besarte hasta que nos caigamos al suelo y no volver a soltarte nunca más. 


lunes, 9 de mayo de 2022

Querer

Querer. Ahora mismo quiero muchas cosas. Hoy ha sido una mañana y un día especialmente duro, raro. He vuelto a llorar. He roto a llorar, pero sin ansiedad, no hay ni rastro, y eso me lleva a replantearme si ya he conseguido eliminarla. pero más allá de todo eso, quiero expresar lo que quiero expresar, de una forma sin planear, pero clara y sin rodeos, sin correcciones. 

Quiero muchas cosas. 

Quiero crecer contigo. Que crezcamos juntos.

Quiero compartir los momentos más importantes de mi vida a tu lado, y que tu compartas los tuyos con los míos.

Quiero dejarlo todo aquí e irme contigo allá a donde estés, sin importar nada más que nosotros.

Quiero que nuestra historia, esta historia que ahora tiene una pausa, nunca jamás vuelva a tener nada parecido.

Quiero ser la razón por la cual creas en el "por siempre" y que sea real.

Quiero que seas la última imagen de cada uno de mis días, que antes de cerrar los ojos para dormir, te vea recostada en frente mío, abrazándote, como solamente yo lo sé hacer.

Quiero estar a tu lado cuando tengas una pesadilla, para abrazarte y besarte la frente, mientras te hago sentir que conmigo a tu lado, nunca jamás vas a estar ni sentirte sola.

Quiero viajar contigo. Coche, avión, barco... me da igual. Salir de esa zona de confort. Sentir esa sensación tan especial de buscar lugares que visitar contigo, esa emoción de preparar un viaje. 

Quiero llevarte el desayuno a la cama, y besarte la mejilla suavemente para despertarte.

Quiero que no te vuelvas a alejar de mí.

Quiero que me des todos los quebraderos de cabeza que sean necesarios con tus problemas, y que los hablemos y los resolvamos juntos.

Quiero que me digas que me quieres, sin ese miedo a la incertidumbre o miedo a lo que pueda pasar en un futuro. Quiero que te lances conmigo, porque puedes confiar en mí, ya no hay vuelta atrás, ya te lo he dicho. 

Quiero hacerte reír. Quiero preocuparme por ti. Quiero estar ahí. Quiero ayudarte con tus miedos. Quiero darte paz. Quiero darte amor. Quiero darte todo lo que quiero.

Quiero que nos tumbemos por las noches claras, y busquemos formas entre las estrellas, y contemos estrellas, todas y cada una de ellas.

Quiero llegar a tiempo de ser tu último amor. Quiero que seamos nuestro último amor. 

Y que cuando seamos viejitos. Miremos hacia atrás, y yo esté contento del cambio que hice hoy. Y que tu estés orgullosa de mí, y feliz de haberme dado esa última oportunidad. 

Quiero que nos miremos a los ojos y nos digamos que somos lo más importante de nuestras vidas sin hablar.

Quiero poder en un futuro, a nuestros hijos, explicarles porque eres la mejor persona del mundo. Porque cuando nadie creía en mí, tu creíste y me hiciste mejor persona, porque me amabas. Me salvaste del infierno. Quiero poder decirles que tu, Irene Gil García, me salvaste la vida, y que creo que jamás podré devolverte todo lo que has hecho por mí. Sé que me pongo un poco pesado con eso de salvar la vida, pero no sé de que manera con esta distancia de por medio, puedo hacértelo notar.

Me encantaría estar allí, poder deslizar mi mano por tu mejilla, y que me besaras la mano, y poder mirarte a los ojos y decirte que me has salvado. Porque sé que cuando lo haga en persona, la vas a ver en mis ojos, que la verdad vas a verla en mis ojos. Que no pienso soltarte nunca más. Quiero hacerlo, tocarte y hacértelo sentir. Siento que me va a costar mucho esperar hasta cuando dijimos, pero lo voy a conseguir. 

Quiero poder amarte todos y cada uno de los segundos de mi vida. Sin excepción. 

TE AMO.


domingo, 8 de mayo de 2022

Nunca más

 ¿Cómo poder demostrarte que el cambio está ahí? Esa pregunta lleva muchos días en mi mente, y la verdad es que no sé de qué manera, con esta distancia, para poder enseñártelo.

He pensado incluso en escaparme a visitarte, como sorpresa. Pero no, he de respetar tu decisión, aunque las ganas de darte un abrazo de los míos, levantarte y que rodees tus piernas por mi cadera con fuerza como haces, me pueden. Pero no, no debo. Quiero, lo deseo, pero no debo.

¿Cómo puedo hacerlo? Por desgracia, demasiadas veces ya, he dicho eso de que estoy bien, pero jamás lo he demostrado. Pero ahora sí. Ahora es diferente. Ahora es definitivo. No quiero volver a ser la persona en la que me convertí. Quiero ser la persona en la que me he convertido. Y te lo voy a demostrar. Porque pienso pelear de todas las maneras posibles para poder volver a tenerte a mi lado, sintiendo tu piel suave.

Echo de menos despertarme a tu lado. Saber que duermes a mi lado. Sentir tu respiración. Saber que no voy a despertar sólo. Y cuando vuelvas, aquí estaré, preparado.

Quiero mirarte a los ojos, y que, sin abrir la boca, leas mis ojos, y veas, en lo profundo de mis pupilas que esta vez va en serio, no hay más mentiras, en definitiva... no hay marcha atrás. ¿Cómo hacerlo? ¿Cómo?

Pues bien, la única cosa que retumba en mi cabeza es cuando te pregunté si confiabas en mí, me respondiste juntando los dedos índice y pulgar, bastante cerquita el uno del otro: Que sí, que un poquito.

Esa es mi mecha, esa es mi chispa, esa es mi llama.

No pienso volver a decepcionarte ni una sola vez más. Pero lo más importante, es que no pienso decepcionarme a mí, tampoco, ni una sola vez más.

sábado, 7 de mayo de 2022

ELLA

El otro día me preguntaron, ¿Cómo es ella? Y la verdad es que no pude responder, porque no me hubiese dado tiempo material de poder explicar todo. Así que pensé en escribir, e ir anotando todo lo que se me venía a la cabeza. Aunque se que me voy a quedar corto... ¿Queréis saber cómo es? Pues allá va.

Ella es divertida, bromista, con un humor tan parecido al mío, que es increíble. La amo.

Ella es atenta, cariñosa, dulce. La amo.

Ella se preocupa por los demás, incluso muchas veces más de lo que debería. La amo.

Ella es sensible. Es emocional. Es visceral. La amo.

Ella es clara, directa. La amo.

Ella tiene miedos. Ella tiene inseguridades. La amo.

Ella tiene una mirada… la única mirada que me pone nervioso, me enamora, me emociona, me hace derretirme. La única mirada que consigue hacerme sentir cosas. La mirada que echo tanto de menos. La amo.

Ella frunce el ceño, y por eso se le hace una arruguita entre ceja y ceja, pero que es preciosa. La amo.

Ella canta como los ángeles, solo la he oído cantar dos veces, pero canta que me enamora, podría escucharla cantar a todas horas. La amo.

Ella tiene manías. Camina que parece que esté corriendo los 50 km marcha olímpica. Ella no baja la tapa del váter. Pero me encantan esas cosas. La amo.

Ella tiene miedo a decir ciertas cosas, ya sea por miedo, porque no está segura, o porque no quiere que la vuelva a decepcionar. Pero no tiene que tener miedo, no voy a volver a fallar. La amo.

De vez en cuando, se tira unos pedos… que rompemos a reír a carcajadas, y es un momento divertidísimo. La amo.

Ella tiene la virtud de, con una caricia, quitarme todo el malestar que pueda tener dentro y consigue calmarme. La amo.

Ella tiene la maldita manía de morderme, y a veces se pasa un poco, pero en realidad de encanta. La amo.

Tiene una manía que… se frota la nariz, con una fuerza que hasta cruje y me da cosa, pero si, la amo.

Me encanta su forma de caminar, decidida, pisando fuerte. La amo.

Y huele… madre de dios como huele. Echo tanto de menos su olor. Todo. El olor de su pelo, el olor de su espalda, el olor de sus manos. La amo.

Tiene la costumbre de agarrarme una mano y besármela, cosa que me pone un poco nervioso, hay que reconocerlo, pero lo echo de menos. La amo.

Ella habla con la mirada. La amo.

Ella se complica a veces con algo simple, pero siempre acaba saliendo vencedora. La amo.

Ella tiene unas manos preciosas. La amo.

Ella tiene unas mejillas suaves, esponjosas, rojitas. Que cuando las acaricio, arquea un poco la cabeza hacia al lado, y apreta mi mano, ayudándose de su hombro. La amo.

Ella tiene una espalda que me tiene loco. Cuando veo su espalda, me vuelve loco. La amo.

Ella tiene unas piernas, que no parecen de este mundo. Suaves, pero a la vez fuertes. Pero sobre todo suaves. La amo.

Ella no se da cuenta que me ha salvado la vida. La amo.

Ella no sabe que la voy a estar esperando cuando vuelva. La amo.

Ella no es consciente (porque no se lo he dicho muchas veces) que es la única persona que me hace 100% feliz. La amo.

Ella es valiente. La amo.

Ella tiene un corazón que no le cabe en el pecho. La amo.

Ella es poco sociable. La amo.

Ella dice (o parece) que no le gustan los niños, pero yo sé que no es verdad. La amo.

Ella será una madre maravillosa. La amo.

Ella no es una apasionada del baile en pareja, pero conmigo ha bailado. La amo.

Ella tiene una risa preciosa. De la que siempre me burlo, pero siempre de buena fe. La amo.

Ella llora, y cuando llora, yo también lloro. La amo.

Ella está preciosa se ponga lo que se ponga, todo le queda bien. Da igual si es un chándal, unas mallas, unos jeans, un vestido, bambas, zapatos, botas... da igual. Está siempre preciosa. La amo.

A ella le encanta hacernos fotos juntos. La amo.

Ella da unos abrazos suaves y fuertes a la vez, que me estremecen por dentro. La amo.

Ella tiene unos labios suaves, dulces, carnosos. La amo.

Ella tiene una forma de besar que me encanta, me vuelve loco. La amo. 

Le encanta salir a caminar por la naturaleza y disfrutar de ello. Y me ha enseñado a hacerlo. La amo.

Ella tiene pasión por los caballos y me la ha mostrado y transmitido. Cuando tiene un caballo dando vueltas alrededor suyo látigo en mano, y la miro, las imágenes van a cámara lenta. La amo.

Ella es detallista como nunca jamás nadie lo ha sabido ser. La amo.

Ella es la mejor sexualmente, y cuando se pone en una posición determinada, me rindo. La amo.

Ella me echa de menos, y sé que me quiere. Sé que estos meses van a ser muy duros, pero si ella va a aguantar, yo también. Porque ella es la mujer más fuerte que conozco. La amo.

Me enamoré de ella nada más verla. Algo me decía que iba a ser la mujer de mi vida, y el tiempo me lo ha demostrado. Que es ella. La amo.

Por estas y por otros millones de razones, es la mujer de mi vida. Y quiero ser el hombre de su vida. Y lo voy a ser. Porque creo que ya lo he dicho antes varias veces... LA AMO.

viernes, 6 de mayo de 2022

De 0 a 10

Pues sí, siempre ese dilema. Nos lo plantean. Nos lo planteamos. Nos puntúan, nos puntuamos.

Es la forma más difícil y a la vez más fácil.

Es difícil porque cuando no sabemos como estamos, o cuando simplemente no sabemos identificar ese valor por desconocimiento.

Y es fácil porque es un simple número en una escala.

Es desconocimiento porque puede venir dado por varios factores, y no sabemos darle ese valor.

No sé como estoy, ¿será un 3?, ¿será un 7?, ¿o un 5?.

El problema es el que he dicho, desconocimiento. No es el valor que nos damos, si no, el valor que tiene que tener el 10. Y el 10 es la pura felicidad.

Pues bien, en el momento en el que definimos ese 10, ahí, ya si que podemos empezar a reflexionar sobre que valor nos damos. Cuesta mucho, llegar a ese razonamiento, pero créeme que es posible. Aunque hay que decir también que el 10 es muy, muy, muy difícil de llegar a conseguir, no diré que es imposible, porque no hay nada imposible, pero sí que es muy difícil.

Yo, personalmente, hubo momentos, hace no mucho, que creía que tenía un 5, y realmente, ahora me doy cuenta de que, en ese momento, no tenía ni tan siquiera un 3. Cuando realmente me he dado cuenta de lo que realmente es el 10, con los cambios en mi cabeza, con mi cambio de mentalidad, de actitud, de querer de una vez por todas quitarme toda la puta mierda que tenia en mi cabeza, mis miedos, mis inseguridades, las cosas que tenía en la cabeza que no me permitían avanzar, hacer, decir...

A día de hoy me doy un 8'5. Sé que puede parecer una locura. ¿Cómo lo has conseguido? No lo sé. Bueno, si lo sé, pero me es muy complicado explicar el proceso, supongo que a cada persona le ocurre de una forma diferente, o parecida. No lo sé. No tengo respuesta a esa pregunta. También os digo que,  en un periodo de tiempo (espero que corto), quiero estar en el 9 o 9'5.

He entendido que el 10, es el objetivo, sí, pero siempre va a haber algo, que va a intentar que no llegues a ese 10. Algún suceso, alguna palabra, alguna acción... algo; algo que no nos va a permitir mantenernos en ese 10.

La cuestión es, ¿vamos a dejar que ese suceso, palabra, acción o lo que cojones sea, nos altere del objetivo durante un largo periodo y recaer? ¿O por contra, vamos a hacer que sea lo más corto posible? Sí, ¿verdad?. Pues bien, lo más corto posible, puede ser 1 segundo, 10 segundos, o 10 minutos, por ejemplo, pero no más. Depende de ti, no lo olvides nunca. 

¿Quieres decir "te quiero", pero tienes miedo? ¿Quieres decir "te echo de menos", pero tienes miedo? No lo tengas. No lo tengas nunca. Miedos fuera. Porque quizá, cuando quieras decirlo, puede ser tarde. Demasiado tarde. No esperes, no dudes, porque si dudas... quizá luego puedas arrepentirte. 

Mucha gente, piensa que el 10 se consigue sumando todo: Trabajo, amigos, amor, familia...etc. Pero no. Esas cosas son simples anécdotas dentro de todo lo que conlleva el 10. ¿Puede sumar?, SI. Pero nunca debe restar. Mejor dicho, me explico mejor, puede sumar, pero nunca más de lo necesario. No puede ser que el amor, sume 3 o 4 puntos por ejemplo de ese 10. No podemos permitir eso, no podemos permitir que perder un amor, nos quedemos en un 6 y no podamos subir de ahí, porque así vamos mal. Para mí, tiene que ser como mucho, 0.5 puntos. COMO MUCHO! Aunque reconozco que deberían ser 0 puntos.

El 10 es: quererse, aceptarse tal y como uno es, es saber donde estamos y donde queremos llegar, es ser consciente que no podemos depender de nada externo para ser felices. Es levantarse cada mañana con ganas de comerte el día. Es sacar fuerzas de donde no hay para dar un poco más. Es actitud. Es vivir, como si cada día fuera el último.

Yo, ahora me levanto cada mañana, dando gracias por estoy donde estoy. Con ganas de disfrutar cada día al máximo, hacer muchas cosas y no quedarme con una rutina que antes consistía en casa-trabajo-casa. Y ahí, es donde reside el verdadero cambio. Pero EP! Espera amigo, que el cambio lo tienes, has conseguido lo fácil dentro de lo difícil, que es hacer el cambio, ahora viene lo chungo, que es mantener ese cambio, luchando, acostumbrándote a mantener los mismos mecanismos que estás usando ahora, y cuando vengan momentos malos, que vendrán, no venirte abajo.

Con determinación, constancia y calma.

Progresivamente, de 0, a 10!

Tú sabes donde quieres llegar, tu objetivo.


Gestionar y afrontar.

Vamos allá.

 

Llevo muchos días escribiendo este texto, puliéndolo e intentando que quede de la mejor manera posible, para que, si alguien lo lee, pueda entenderlo de una forma fácil y pueda ayudar a ver un camino, que no siempre tiene que ser de piedras, palos u obstáculos. 

 

Hay cuatro pasos que hay que hacer: afrontar, aceptar, flotar y dejar pasar tiempo.

No os equivoquéis, cada uno de ellos, es difícil, muy difícil, pero hay algo que puede hacer que se reduzca el tiempo en alguno de ellos. En mi caso, al principio de leer estos cuatro pasos, los veía como cuando miras a la cima de una montaña desde la base, muy lejos. Pero ahora me doy cuenta de que alguno de ellos, no es tan difícil como parece, todo depende de cómo lo encares.

 

Hablemos de, Aceptar.

 

Recuerdo que cuando leí ese término en el libro, pensé: "Menuda palabra". Por supuesto que el término lo entiendes rápido, aunque aplicarlo... amigo, eso ya es otra cosa. Lo que sí que os puedo decir es que la cosa se va digiriendo dentro de ti, y con tiempo, vas recogiendo los frutos de todo eso.

 

Para mí, todo el trabajo terapéutico se podría resumir en “aprender a sufrir para dejar de sufrir”. No es fácil de conseguir. Vas a tener que aguantar mucho hasta conseguirlo, con la mente vacía, relajada y no hacer nada de nada. Es decir:

-No defenderte.

-No resolver.

-Para esa inercia de “querer hacer”.

 

Por eso es algo tan difícil. Porque nuestra cabeza suele hacer justo lo contrario: resolver, actuar, defenderse…

Pero en ese trabajo de crecimiento personal, no tienes que hacer nada, solo aceptar, quedarte ahí, sosegarte con ello.

 

El objetivo es aceptar psicológicamente todo lo que te sucede, y que tardarás un tiempo en conseguirlo, pero que depende de ti. Tienes que tener paciencia.

Porque de tanto en tanto, conseguirás esa aceptación total. Y luego tendrás que ir llevando poco a poco esa aceptación a otro nivel, el hábito.

 

Sin ninguna duda, puedo asegurar, que es lo más difícil que he hecho en mi vida, pero a la vez, lo que me ha cambiado más; y lo que ha contribuido también a que ahora mismo tenga más fortaleza y felicidad. ¡Cuidao!, con esto no quiero decir que yo antes no fuera fuerte, pero ahora lo soy muchísimo más. Éste trabajo interior me ha dado un cambio radical en mi interior.

 

Me gustaría repetir: Sé que es algo difícil de conseguir, pero hoy, estoy seguro de que todo el mundo puede conseguirlo, porque es algo demostrado. Si aceptar completamente todas las emociones y pensamientos, al final los vas a hacer muy fáciles de llevar y pasajeros. Entonces, les pierdes el miedo y desaparecen.

 

Yo mi ansiedad o mis problemas, antes, llegaban y yo me centraba únicamente en sacarlos de mi cabeza, en intentar rechazarlos a toda costa. ¿Resultado?, me centraba sólo en eso, que podía durar segundos, minutos, horas, semanas o meses… y me olvidaba del resto de cosas que realmente importaban.

Ahora la ansiedad o esos pensamientos, ahora los gestiono como si de un niño rebelde se tratara, el niño llorón y cascarrabias, que cuando viene, le digo: “siéntate ahí, no hagas mucho ruido y no molestes”. Y al cabo de un rato se van.

Cuidado, no estoy diciendo que, si conseguís algo así, esos pensamientos van a desaparecer, simplemente vais a conseguir llevarlos mejor, aceptando, y no los vais a tener amargando la vida. Recordad que es aceptación, no es desaparición.

Por supuesto que a cada persona le va a costar más o menos, porque cada persona es un mundo, pero tienes que aguantar. Todo el mundo puede. Y piensa en que la solución a largo plazo, es definitiva, ya nunca más te va a pasar esto, porque una vez lo has aprendido, ES PARA SIEMPRE.

Yo antes no era muy paciente. Era resolutivo, pero no paciente. Ahora sí lo soy.

He llegado al punto en el que siento que nada me puede afectar o molestar demasiado, o por lo menos, no más de lo equilibradamente necesario. Creo que las emociones negativas están relacionadas con la vida, pero tienes y debes aprender a gestionarlas de forma relajada y, sobre todo, útilmente.

 

He llegado prácticamente, al punto donde me digo a mi mismo: “Sé que voy a ser feliz toda mi vida. Nada me va a preocupar más de lo necesario, nunca más”

 


jueves, 5 de mayo de 2022

Vidas y más vidas...

Llevaba tiempo teniendo este texto más o menos preparado, pero quería esperar a estar listo para poder afrontar una conversación que tenía pendiente para poder publicarlo, ya que creo que es muchísimo mejor que algunas cosas como las que voy a decir, se oigan primero de viva voz, y no con la “frialdad” de unas letras.

Sí, ya te lo he dicho, me has salvado la vida. Que yo recuerde, no solamente una vez, si no varias. Es así de duro, pero estoy donde estoy, respiro y estoy escribiendo esto gracias a ti.

Y tal como te he dicho, voy a estar en deuda contigo, durante el resto de mi vida.

Me has enseñado a tomar decisiones difíciles, a querer, me has enseñado a escuchar, me has enseñado a que no importa lo que pase, que siempre hay que estar al lado. En mis momentos de estar tocando el pozo más fondo posible, eras la única que me sacaba una sonrisa, con tan solo mirarme. Eras la única que querías motivarme. La única que se preocupaba por mí. La única que no podía dormir o se desvelaba, pensando en cómo podías hacer para ayudarme. Eras la única que supo ver lo que me pasaba y te desviviste por intentar ayudarme. Eras la única que intentaba que no me sintiera solo.

Y ahora te has ido. No estás. Pero no me siento solo. Sé que estás ahí. Cuidándome desde la distancia, porque, aunque no quieras, siempre lo haces, eres así de perfecta. Pero creo que no lo sabes.

La distancia no ha hecho más que acrecentar y reafirmar lo que ya me temía. Que una vez que empecé a amarte, no hay manera de que pueda parar de hacerlo, y mis sentimientos aumentan cada día más.

Los momentos que pasaba contigo eran calma, eran seguridad, eran un estado muy difícil de describir con palabras. Era trazar un círculo protector de todos los fantasmas que me atormentaban.

La simple posibilidad de que esta vez no me creas, me destroza por dentro, pero está ganado a pulso. No encuentro otra manera de conseguir que me creas, que, demostrándotelo cada día, y no me importa el tiempo que me lleve conseguirlo. Tengo decisión, determinación. Voy a luchar con todas mis fuerzas y perseverancia para demostrarte tantas cosas…

He leído que, a mucha gente, le ha salvado la vida su psicólogo, o su psiquiatra. Muchas personas, que dicen eso.

En mi caso, como he dicho antes, me repito. Eres tú la que me ha salvado la vida, y ojalá tuviéramos más vidas juntos para poder devolverte todo lo que has hecho por mí.

Eres mi ángel de la guarda, eres mi motivación, eres la persona que me ha salvado, la persona que ha creído en mí, cuando ni yo mismo creía en mí.

Y tener un ángel de la guarda es increíble, pero estar enamorado de ese ángel, y compartir cada minuto con esa persona, es más increíble aún.

No quiero, no puedo, no pienso perderte.

Te amo.


domingo, 1 de mayo de 2022

Montaña Rusa y Barreño

A menudo, cuando describo a ciertas personas como me estoy sintiendo estas semanas, lo describo de esa forma.

Montaña rusa.

Sí, tal cual. Creo que no hay mejor definición. 

Puedo estar a las 20.00, feliz y contento, y a las 20.01, estar llorando desconsoladamente. La gente se pensará que esto no es normal, que estoy desequilibrado, o que simplemente no estoy bien. 

Y nada más lejos de la realidad. Así estoy. Me explico.

Con ayuda de lecturas, de leer casos de gente que ha pasado por cosas parecidas a las mías, y por la ayuda que estoy teniendo externa tanto de mi madre, mi hermano y mi terapeuta, no soy capaz de poner fecha a cuando empecé a tener/sufrir este problema. Pero os puedo garantizar que no viene de 1 o 2 años atrás. Creo que ni incluso 5 años. 

Mirando hacia atrás, después de mucho darle vueltas, creo que llevo sufriendo ansiedad desde hace mínimo, unos 8-9 años.

Sí, ANSIEDAD. Y no, no me da miedo reconocerlo. Antes me daba vergüenza, por que, como en un post anterior, la sociedad siento que nos lleva a eso y yo me dejé llevar. (No pretendo que se tome como una excusa, OJO)

Por supuesto que no debe dar miedo, ni mucho menos vergüenza. La gente que tiene Covid, mascarilla, aislados y reposo. La gente que tiene anginas, antibiótico, en casita y reposo.

Pues bien, con este problema de la ansiedad la cosa cambia. Hay que trabajar mucho, mentalmente (nada de reposo mental). Y os garantizo que acabo más cansado que habiendo pasado una tarde en el parque jugando a baloncesto. 😆

Es algo raro, ya que nunca lo había experimentado, pero es duro, y reconfortante a la vez.

Os voy a poner un ejemplo, para que me entendáis mejor. Y ante todo quiero dejar claro que no soy un experto ni pretendo serlo, pero intento describir las cosas de la mejor manera para que se puedan entender.

Imagina que tienes un barreño enorme, lleno de agua. Y lanzas una pelota de tenis al barreño. ¿Qué sucede con el agua? Eso mismo, se altera. Pero la pelota, sigue flotando y ayudando a que ese agua, tarde más en reposar y en quedarse plana, como antes del momento del impacto.

Imagina ahora otra situación, en vez de una pelota, lanzas una piedra muy pequeña. ¿Qué sucede con el agua? Sí, se altera, pero... ¿más o menos que con la pelota? Menos, ya que su volumen es más pequeño y además no se queda flotando acompañando los vaivenes de las ondas que ha provocado en el agua, si no que se deposita en el fondo. 

Pues bien, cuando sufres ansiedad, el caso viene a ser como el primer ejemplo, te viene un pensamiento a la cabeza, cualquiera (aunque normalmente son negativos o cualquiera que pueda desencadenar un pensamiento negativo), y ese pensamiento lo vas a tener flotando, alterando tu agua plana (que es tu mente), y tocándote los cojones el tiempo que le dé la real gana.

En cambio, en el proceso que estoy yo, es en el de convertir esa pelota, en LA PIEDRECITA, que lo único que va a hacer es hacerme sentir como una pequeña molestia o malestar, pero que lo voy a incorporar a mi ser, lo voy a procesar y lo voy a depositar en el fondo, para luego desecharlo. Ese es el proceso difícil. Llegar a entender, el mecanismo para poder conseguir, después de muchos años y una manera de hacer las cosas que no me ha dado ningún resultado hasta la fecha, conseguir cambiar el modo, tiempo y forma, en que me afectan determinadas formas. 

Por suerte, estoy leyendo un libro que me compré, que la verdad es que ME ESTÁ CAMBIANDO LA VIDA. 

No puedo seguir de la forma que lo estaba haciendo hasta ahora. No puedo seguir escondiéndome, cada vez que tengo un problema. No puedo seguir escondiéndome, cada vez que hay una situación incómoda. No puedo seguir aislándome. No puedo seguir, no dejándome ayudar. Las cosas hay que afrontarlas, y aunque sean situaciones desagradables, las tienes que vivir, no te puedes esconder.

Hoy, me he puesto a pensar, y me he preguntado: ¿Dónde estaría yo en 5 años, si no hubiera hecho este cambio que he hecho ahora?

La respuesta, me ha dado MIEDO. De verdad.

Creedme que no es fácil de explicar los procesos por los que estoy pasando, pero sí que puedo deciros que es una maldita montaña rusa. 

Hace una semana dudaba de muchas cosas. Ahora de menos. Y la semana que viene serán menos.

Hace una semana, la desesperación se apoderaba de mí, a la mínima oportunidad. Ahora menos.Y la semana que viene serán menos.

Hace una semana, echaba de menos, porque sentía culpa. Lo curioso, es que ahora, el sentimiento de culpa, no lo tengo como hace una semana o dos. Pero ahora echo de menos mucho más, y eso, me da que pensar. 

Simplemente, lo que pretendo intentar explicar, es, que hay que entender que la vida o las personas, a veces te ponen en situaciones difíciles, ya sea porque toca, por error, porque te quieren, etc... pero si pasa, ten presente que es por algo. Deja a un lado la desesperación, porque esa montaña rusa, se va a terminar, tarde o temprano. SÍ, SE VA A TERMINAR! CREÉME! 

Pero, eso sí, ten en cuenta, que depende de ti, nadie más puede hacer que termine. Sólo tu. Tu vas a decidir con tu trabajo diario y tu esfuerzo, cuanto se va a alargar en el tiempo.

Y recuerda, lo que dice la canción: "Everything is gonna be alright"