Pues llevo demasiado tiempo sin escribir aquí,
supongo que porque no me venía la inspiración, o quizá porque ya tengo otra
manera de escribir cosas más cortas para expresarme o sacar de dentro todo lo
que llevo. O quizá porque me daba miedo. O porque simplemente estuve encerrado en mí. No lo sé.
Sinceramente, echaba de menos el ponerme música clásica y
empezar a escribir lo que me sale de la cabeza, sin orden, sin esquemas, sin
ningún tipo de filtro.
La verdad es que han pasado muchas cosas desde la última vez
que escribí, porque he escrito 2 veces en los últimos 3 años. La última en
noviembre, hace 8 meses, la penúltima en junio de 2018, hace 3 años.
Pasé por una época de autodestrucción, de pensamientos
negativos sobre mí. No me gustaba yo mismo y, por lo tanto, creía que no les
gustaba a los que me rodeaban. Aunque llegué a un punto donde llegué a pensar
que le daba asco a la persona que estaba conmigo. No se el motivo, no sé el
porqué. Quizá me afectan demasiado los cambios físicos que experimentó mi
cuerpo: clapas en el pelo, psoriasis, ganar kilos… Todo eso me iba minando y me
iba encerrando en mí mismo, porque me daba auténtica vergüenza que los demás
pudieran verlo.
Me dejé el pelo largo, y pensé que ya estaría bien, ya
estaría solucionado. Pero no.
Me tapé con calcetines largos en verano, cuanto más arriba
mejor, y pensé que ya estaría bien, ya estaría solucionado. Pero no.
Me puse a dieta y perdí prácticamente 15 kilos, y pensé que
ya estaría bien, ya estaría solucionado. Pero no.
Nada de eso estaba solucionado, las ideas de que no le gusto
a la gente y que no me aceptarían, había calado muy dentro, muy muy dentro mío.
Hacia la fecha de mi cumpleaños, mi 32 cumpleaños, noviembre
de 2020, fue un tiempo oscuro. Dejé de lado a todo el mundo, me encerré en mis pensamientos,
en mis nocivos sentimientos, y eso es un puto problema, porque la bola se va
haciendo más y más grande y no para de rodar, y se lleva todo por delante.
De esos meses aprendí.
La segunda, fue peor, fue por allá en febrero, y lo perdí
todo. Hasta mi propia dignidad, por decir algo, porque creo que no tengo
palabras para poder describir como me sentí. Me daba igual todo. TODO. Era una
autodestrucción continua. Tal fue el punto en el que llegué hasta intentar
suicidarme, y nada me hubiera importado. ¡SI, COÑO! ¡Y LO DIGO! Ahora ya no me
da vergüenza reconocerlo, porque no hay que sentir vergüenza por tus defectos,
por tus errores, lo único que importa es que no se vuelvan a repetir y aprender
de ellos. Por suerte, (si se le puede llamar así) me di cuenta a tiempo de que
no tenía al lado a la persona que más quería, y pude aprender y rectificar, y
jamás tendré las suficientes palabras, ni los suficientes actos, para
devolverle todo lo que me dio en aquel momento.
Y de la segunda, también aprendí.
Tuve 1 mes y medio, muy buenos, feliz, con la persona que
quería tener a mi lado, yendo a terapia, alegre, viviendo momento felices en
definitiva.
Ahora si viene la gorda.
¿Por qué? Pues porque soy imbécil, es así.
La tercera.
¿Por qué vino la tercera? Pues no lo sé. ¿Por qué no hay dos
sin tres? ¡NO LO SÉ! Y me jode.
La tercera no tenía ningún tipo de sentido, porque había
vuelto al trabajo que quería y me hacía ilusión, me estaba yendo todo rodado,
bien en el trabajo, y bien con mi pareja, 0 problemas en casa. El baloncesto,
ay el baloncesto, me dolió mucho que una persona a la que yo tenía mucho
aprecio, pues digamos que no dijera cosas bonitas de mí, porque a quien yo
considero “amigo” jamás se me ocurriría decir ni una sola mala palabra. Esa
maldita cosa insignificante, me hizo volver a la espiral en la que volvía a
pensar que no le gustaba a la gente, me hizo volver a pensar muchas veces, ¿Cómo
puede ser que mi pareja esté conmigo, si soy una puta mierda? ¿Cómo puede ser
que mi pareja esté conmigo, si hay miles de tíos mejor que yo? Es puta espiral
de mierda que me volvió a llevar a perder confianza en mí mismo, en volver a
encerrarme en mi mismo y en no abrirme y no hablar con los demás por miedo a
equivocarme y que se enfadaran conmigo, y todo empeorara. Ahora lo miro desde
la perspectiva del tiempo y me parece una gilipollez como la copa de un pino,
pero en ese momento estás tan encerrado en ti mismo que no miras, ves ni oyes
nada más.
Y de tercera, HE APRENDIDO.
Soy como soy, con mis virtudes y con mis defectos, no tengo
miedo a expresar mis sentimientos, por ejemplo, a llorar si hace falta.
De la tercera he aprendido, pero he perdido. Y mucho. He
perdido a esa persona que quiero tener a mi lado, la persona que quiero que en
un futuro no muy lejano, se despierte a mi lado en la cama que compartamos bajo
el mismo hogar. Y esa persona eres TÚ. Sí, TÚ! Irene, tú. Ahora te hablo
directamente a ti.
Irene, me equivoqué, hice caso de cosas de las que no
debería haber hecho caso, pero quiero que intentes entender que no sabía si
nada de lo que estaba haciendo estaba bien hecho, y me deje guiar por lo que se
supone que era un especialista. No quiero volver a pasar por esto ni una sola
vez más. Y aún más importante, no quiero que TÚ vuelvas a pasar por esto, ni
una sola vez más. Sé que eres mil veces mejor en todo que yo, pero quiero
trabajar a tu lado para algún día poder llegar a ponerme a tu altura. No
concibo una noche más sin escuchar tu voz, sin sentir tu respiración en mi
pecho. No concibo no volver a ver cómo te echas medio paquete de queso en el
arroz que te cocino. No puedo no viajar contigo en el coche, y no ponerte la
mano encima de la pierna. O que en ese momento me agarres la mano y me la
beses, (que es algo que no entiendo porque lo haces y me hace sentir incómodo,
pero me encanta a la vez). No me imagino un futuro sin ti. Pero lo que sí me
imagino es un futuro sin problemas, otra vez no, no creo que fuéramos capaces
de pasar por algo así otra vez.
Irene. He sido un egoísta, un imbécil. Y lo siento. Pero
este imbécil te quiere con locura y no puede pasar ni un día más sin decirte
que te quiere. Y éste imbécil, te dirá que te quiere, y te lo demostrará cada
día, porque soy incapaz de amar a nadie más. Apareciste por suerte, una llama
de esperanza y me diste un amor, que no quiero dejar. Porque el amor que me has
dado tú, no lo puede dar nadie. Quiero decírtelo sin palabras, con un acto, con una mirada, con un gesto, con un roce... Y por eso por lo que me lo he tatuado en la piel y en el alma. Porque así, cada vez que lo vea, me acordaré de que tengo que seguir siendo quien soy, para poder ser feliz.
QUIERO.
TE QUIERO.
TE AMO IRENE!