martes, 2 de diciembre de 2014

Complexión de las cosas...

Un día leí una frase de Albert Camus, en la que decía: '' Bendito el corazón que se puede doblar, porque no se romperá''.

Pero yo me pregunto, si no se rompre, no se cura, y si no se cura, no se aprende. Y si no se aprende, no se lucha.

A veces cuando eres joven, crees que nada puede hacerte daño, como si fueras invencible. Tienes toda la vida por delante y grandes planes. Encontrar la pareja perfecta, alguien que te complete, por ejemplo. Pero con el tiempo te das cuenta de que no siempre es tan sencillo. Hasta el final de tu vida no te das cuenta de que los planes sólo eran eso, planes. Y al final miras hacia atrás, en lugar de hacia adelante, y quieres creer que has aprovechado lo que te ha dado la vida, y que dejas algo bueno detrás de ti. Quieres que todo haya importado.

La idea sencilla que la mayoría de gente no entiende es que todo lo que pensamos y decimos, crea nuestro futuro. Enviamos los pensamientos ''al universo'', que nos los ''devuelve'' como experiencias. Es muy sencillo, pero la mayoría no lo entiende. Nunca antes lo han oído y les parece ridículo. Pero si aceptas que con cada pensamiento y cada palabra, estás pintando tu futuro, que lo estás creando, creando tu propia vida, todo es más sencillo. Aunque difícil de aceptar. Porque cuando mires atrás en tu vida, destacarás ciertos momentos. El dia de tu primer beso, el dia de tu primera ruptura, el dia en el que te volviste a enamorar... Y entonces, no sabes que pensamientos o que devoluciones te llevaron a esas situaciones. El remordimiento y el dolor por no saber como llegaste a esos momentos, el no saber como actuar de ahora en adelante.

Aunque el remordimiento llega bajo todas las formas, maneras y tamaños. A veces es pequeño, como cuando haces algo malo por una buena razón. Otras es mayor, como cuando fallas a un amigo. Algunos escapamos de las puntadas del remordimiento tomando la decisión correcta. Poco frecuente.
Algunos no tenemos tiempo para arrepentirnos porque miramos al futuro. A veces tenemos que luchar para hacer las paces con el pasado.
Y a veces, enterrramos nuestros remordimientos, prometiéndonos que cambiaremos de forma de ser. Pero nuestros mayores remordimientos no son por las cosas que hicimos, sino por las que no hicimos, cosas que no dijimos y que podrían haber ''salvado'' a alguien que queremos.

Una pregunta para terminar: ¿Alguna vez te has preguntado si creamos los momentos de nuestras vidas? ¿O si son esos momentos los que nos crean a nosotros?

Namaste


domingo, 30 de noviembre de 2014

Hoy has estado más cerca de mí...



Hoy has estado más cerca de mí, lo has notado, lo he notado. Nos hemos notado. Tu sola presencia me pone alerta, a la vez que me conecta con la belleza divina. Has sido seria y distante, pero te has ido abriendo cual flor tras el rocío, oxigenando la piel, subrallando colores, y olvidando lo vivido, para empezar de nuevo muy cerca de mi destino. Me gustas.


Y lo supe desde que te vi, por primera vez.


Percibí tu energía cuando entraste, no me miraste, pero tampoco me hizo falta. No sabias que yo también estaba allí, ignorante perdido como tú, en el comienzo de un nuevo ciclo con futuro, pero tampoco me preocupó. Solo con saber de tu existencia sonreí, y con ello tuve suficiente, suficiente para saber que estabas hecha para mí. Eres una fuerza magnética que se abre paso a mi corazón.

Cada mañana rindo homenaje a mi armario para saciar tu sed de misterio, de intriga e incertidumbre, dosificando cual color más vistoso para parecer alegre, cual textura más sedosa para parecer elegante. Ya es una característica de mí ser presentar la mejor imagen, pero solo tú, potencias esa virtud a la que soy tan sensible. Me gustas, y ahora ya lo sabes.

Mis perfumes delatan más quien soy que mis propios gestos, pero no dejaré que mis palabras se juzguen como a estos. Pues me limitaré a decir lo necesario, para crear en ti ese enigma que de momento te mantiene viva, hablándonos en silencio e ignorándonos a gritos. La fragancia de tu naturaleza retumba entre mis sentidos como si de una hecatombe se tratara, cuando a tu lado pierdo la orientación, y se me nublan las palabras. No puedo negar mi aversión a tus gestos, ni tan solo puedo mirarte sin enrojecer mis mejillas, ni mis manos, ni mis adentros. Una sola de tus miradas encripta mucha información, sentimientos afectivos de los que todavía no saco conclusión. Dame tiempo, por favor. Eres una mujer, y eso te hace más compleja y complicada, pero a la vez tan delicada como la seda, y sigilosa como la nada.

Desde mi hogar hacia nuestro punto de encuentro, imagino con autoría cual será la próxima función, tu siguiente jugada, pues tú también sabes lo que haces, y me miras con esos ojos verdes y tan grandes, leyendo un contrato que todavía no hemos podido firmar. Tú tampoco te sientes, este viaje acaba de empezar, y sabes ya de antemano, que nos gustamos, que ese filtro que intentas disimular no te sirve de nada, me tienes cerca y eso también te hace temblar, me tienes en tu punto de mira, porque te gusto, y ahora lo sabes de verdad. Sientes curiosidad por mi habladuría, por la máquina que conduce esas ideas, y observa por esas gafas negras, de pasta, una realidad que deseas compartir, una que no soportarías rechazar.

Cuando llego y no estás me pregunto el porqué de esa deslealtad, de esa inquietud tan efímera que siento sufrir hasta que te veo entrar. Y ahí estás tú, con tu melena marrón caoba, esa belleza tan natural lejos del maquillajes y las sombras, y esos hermosos iris azules brillantes y decididos a inspeccionar, una sonrisa tuya me basta para dejar de bostezar. Tus llamativos jerséis de lana ocultan un cuerpecito tierno a la par que fuerte e inquebrantable, una suerte de cordero este que desde el cielo puede abrazarte. Me miras antes de aposentarte, y sonríes por lo que ves, aunque no quieras enterarte. Eres juguetona, leal y firme. Eres inteligente, y seguro que histérica cuando se te permite. Tu oculta indiferencia no socaba mis intereses, pues por ti moriría por abrazarte, y tú harías lo mismo, y lo sabes.

No aguanto más de lo debido una de tus preguntas, esas directas que finjo no escuchar, esas inquisitivas que aparento no entender. Pero las entiendo, te lo prometo, deseas conocerme y no sabes por qué. Deseas saber quién soy y qué se oculta tras esas camisas escogidas a intención, a intención de hacerme notar entre un mar de gotas, pero sin hablar, ni querer mirarte. Actúo a conciencia, como haces tú. Te doy la miel, y luego desaparezco, creando en ti una confusión que lejos de odiar, crea adicción. Te quiero ver cerca de mí, de mis labios, para luego empujarte y decirte que no te deseo, que solo quería verte de cerca, y poderte decir más tarde que me gustas, y morderte los labios sin tus defensas, poder jugar con tu pelo entre índice y pulgar, y no desear estar en otro lugar.

El universo nos acercará, lo sé -y porque yo aspiro a cosas grandes, joder-. Habrá una oportunidad única en la que deberemos actuar, allí yo estaré, y espero que tú también, a la altura de las circunstancias, negando y olvidando este actual y absurdo papel.
Quizás todavía no sepas que siento por ti. Recuerdo los amores del silencio en mis años de infancia, remontándome a mis recuerdos, de papeles con notas que iban y venían de un sitio a otro, estresando una espera que socavaba la paciencia. Nuestro antiguo chat. Ahora solo te ríes con motivo de mi habla, con motivo de mi humor. Solo eres capaz de levantar la vista cuando hablo yo. No cambies. Esa timidez tan efusiva me convulsiona, me excita, no puedo dejar de mirarte. No sé si hago lo correcto, pero mis ojos se clavan en tus mejillas, en tus labios, y en tu cabello cuando disimulas tu apetito, tras verme, desconectando de toda realidad, percibiendo un nerviosismo propio de mis amores, una inquietud infantil. Sé que estás hecha para mí, y tú también lo sabes.

Creas adicción, y haces que me vaya a la cama con algo por lo que soñar, motivos para levantarme, y sonreír. Poder verte a ti. Serás mía, seré tuyo, seremos juntos… Pero espera, no tengamos prisa, todavía no. Todavía nos queda algo por fingir.

martes, 9 de septiembre de 2014

Hoy aprendí...



Mirando las estrellas me di cuenta que en cada una de ellas  existe un paraíso. Mirándolas a ellas descubrí la infinidad de cosas que perdemos. Ellas que están allá, tan lejos de este mundo, al menos sobreviven con su pequeño brillo; y nosotros aquí, tan llenos de momentos, nos sentimos morir cuando algo se termina.
Mirando las estrellas comprendí el valor que no damos a la vida. Cuando ésta sin querer nos quita cosas, pensamos que es injusta y olvidamos que sin ella no seríamos quienes somos.
Hoy sin pensar vi volar una estrella en su gran mundo…
La vi volar sin rumbo y la noté perdida.
Me di cuenta que a veces no sólo en este mundo existe soledad que ellas también la sienten, como cualquier persona, pero al menos siguen brillando, buscando una razón para salir de ella.
En cambio acá, nosotros, pensamos que estar solos es el fin de la vida; y no nos damos cuenta que a veces la soledad nos ayuda a encontrar respuestas que no estaban. Mirando las estrellas pude ver que la felicidad llega en cualquier momento… que todo se termina en este mundo, desde lo más hermoso, hasta lo más molesto y doloroso.
Hoy mirando una estrella, sentí el calor aquel del amor que se fue. Y descubrí que en ella están los sueños, los besos y aquel tiempo que se perdió algún día. Comprendí que el amor tiene un millón de vueltas. Que a veces nos sorprende, nos da felicidad, y a veces se transforma en lo peor que hay. Mirando una de ellas, crecí un poquito más. Aprendí a sonreír, y a ver la realidad. Mirando una de ellas, pude ver la verdad:

Que no sirve el ORGULLO cuando existe AMISTAD;
Que no sirve LLORAR cuando un amor se va;
Que no vale la pena aprender a CALLAR;
Que no existen FRONTERAS cuando tenemos VIDA…
 
Y que aprender a VIVIR, ES LO MEJOR QUE HAY.

viernes, 18 de julio de 2014

Co-razón...

¿Y si en realidad el tiempo no lo pudiese todo, si no fuese tan cierto que las cosas con el pasar de los días se van olvidando, o las heridas no se van cerrando, cuantas cosas cambiarían?
Porque es muy fácil pensar que con solo dejar pasar los días, meses o años las cosas se solucionan, y lo peor es que uno se auto convence, y se cree un superado, alguien que tuvo la suerte de superar un dolor y sobreponerse, y se vuelve a sentir fuerte…
Sin embargo, un buen día, quizá el menos pensado, todo el castillo que creías tan sólido comienza a temblar, porque te encuentras de nuevo cara a cara con el dolor, con ese sentimiento tan helado y tan dormido del que ya casi ni te acordabas, y que, muy a pesar de todo, sigue ahí, y comienza a despertarse con todas las fuerzas acumuladas por el tiempo en que estuvo inactivo y quiere salir, quiere gritar que está vivo y que va a dar pelea, por que la RAZÓN piensa:
 
¡Otra vez no! ¿o acaso no te acuerdas el tiempo que te costó volver a ponerte en pie?, ¿o no te acuerdas de esas noche sin dormir, de esos desvelos y angustias, de tus días vacíos, de tus noches sin estrellas?
¿Quieres realmente volver a vivir todo eso, o ahora que ya estas de pie no sería mejor que anduvieras por otros caminos? Porque, sinceramente, amores no te faltan, tienes la capacidad de enamorar a quien quieras, y te vas a hacer problema por un hombre/una mujer que, en realidad, no sabes si te quiere, no sabes si te engaña?…
¡Piensa! ¡no te equivoques! Una vez creíste tocar el cielo con las manos y en un instante descendiste al más profundo de los infiernos, ¿crees que vale la pena?
Haz lo que te digo, no existen los amores eternos, y seguramente, todo eso lo único que te va a hacer es ilusionarte y volverte a lastimar
 
Y se hace un silencio eterno…
El CORAZÓN, aturdido por las palabras de la RAZÓN, se queda sin aliento, pero después de un rato de pensar, donde la RAZÓN ya creía tener ganada la partida, el CORAZÓN replica:
 
No sé si tus palabras son del todo ciertas, pero sí sé que no son tampoco del todo equivocadas: no es lo mismo pensar que sentir, no es lo mismo razonar que hacer las cosas impulsivamente, porque los que piensan son aquellos que nunca se arriesgan, y pobre de aquel que no esté dispuesto una vez en su vida a perderlo todo por la persona que ama, pobre de aquel que no está dispuesto a olvidar, porque nunca será perdonado, pobre de aquel que es tan ciego y vacío, que no es capaz de dejar de lado todas las trivialidades de la vida por amor… Pobre de quien teniendo en frente el amor de su vida, no es capaz de quitarse la careta y sentir…
Porque el amor no sólo es alegría, no solo es paz y ternura, el amor es también dolor y lágrimas, es angustia y desvelo, es muchas cosas, pero bueno… la verdad es que no sé qué pesa más, si la RAZÓN o el CORAZÓN.
Lo que si sé es que si uno no siente se transforma simplemente en una roca, una cosa que no es capaz de demostrar cariño y confianza, un cuerpo sin alma.
Por eso creo que uno debe jugarse por lo que siente… le puede salir bien o mal, puede equivocarse o vivir el resto de su vida con la persona que ama… lo que sí es cierto es que jamás perdonaría a alguien que por rencor o desconsuelo no sea capaz de tomar a la persona que ama, y gritarle a todo el mundo que por ella daría la vida…
Y, por último, otra cosa que tengo bien clara, es que el que se enamora soy yo, y el amor se siente con el CORAZÓN, no con la CABEZA“.
 
 
Se hizo el silencio… y, sin mediar palabra, el CORAZÓN, decidió tomar el camino correcto… y fue tras el amor…
 
Namaste

miércoles, 16 de julio de 2014

Carpe Diem...



«El día en el que todo cambiará»
«En toda la naturaleza, el crecimiento implica aceleraciones y transformaciones periódicas: las cosas van lentas durante un tiempo y parece que no ocurra nada, hasta que de repente la cascara del huevo se rompe, la rama florece, la cola del renacuajo desaparece, la hoja cae, el pájaro muda sus plumas o la hibernación comienza. Pasa lo mismo con nosotros, aunque las señales no sean tan claras como en el mundo de las plumas y de las hojas, la función de las épocas de transición es exactamente la misma. Las transiciones preparan el terreno para un crecimiento nuevo. Hacen caer el telón para que el escenario esté listo para la siguiente escena. A estas alturas de tu vida: ¿qué es lo que está esperando entre bastidores dentro de ti aguardando su turno para entrar en escena?» 

(William Bridges, El camino del cambio)

Los principales cambios de la vida no se anuncian, ocurren. Conocemos a alguien, nos ofrecen un nuevo trabajo, surge una oportunidad profesional en otra ciudad, nos enfrentamos a una adversidad inesperada… De repente, algo así nos sorprende y nos cambia por completo la vida, y ello mientras nosotros andamos preocupados y ocupados en otras cosas.

Si lo pensamos bien, la mayor parte de nuestras preocupaciones giran en torno a cosas que al final nunca ocurren, o al menos no de la manera en que las pensamos. Es a los problemas en los que no nos detenemos a pensar a los que hay tener mayor miedo.

En esencia,  quizá podáis pensar que nada cambiará nunca en vuestra vida, cansados de esperar tanto tiempo que algo cambie, pero un día os levantareis y aquello que no había surgido hasta entonces, aflorará de repente y os daréis cuenta de que consumida ya una etapa, comienza la siguiente. Un día concreto, un solo día, y aunque en varios años antes no haya cambiado nada…

domingo, 13 de julio de 2014

No saber por qué...

Hay momentos en los que caminas por la vida preguntándote el por qué de las cosas, en si las cosas suceden por algún motivo, en si existe el destino... en fin, si existe la casualidad, o la causalidad. Y en esos momentos de dudas es cuando no puedes o no sabes dar una respuesta lógica o con argumento a todas esas imágenes, situaciones o instante que se entrecruzan en tu mente. Quieres escapar, esconderte, huir, dejar todo de lado para no tener que pensar más en ello, como si te engañaras a ti mismo diciendo que si cortas de raíz algo, va a resultar más fácil de sobrellevar.

Luego es cuando sacas tu pasión, tu carácter, tus emociones, y tu cabeza no razona, hablas con el corazón y se podría decir que las palabras o las frases "no pasan por montaje". Te lanzas, disparas, pero más tarde te retractas y te das cuenta de que nada de lo que has dicho tiene apenas valor.

Percibes y entiendes, que la gente tenga miedo a arriesgar, que es una de las cosas más normales en este mundo, pero tú, no lo entiendes.

Y ahí, en ese instante, es cuando te preguntas, Por qué?

Te preguntas por qué ahora, y no antes, te preguntas por qué así y no de otra manera, te preguntas por qué aquí y no en otro lugar. Por qué sufres tú? Quizá porque te toca a ti, porque el destino, la casualidad o la causalidad te hace ser el apuntado por el dedo del azar, el marcado.

En ese mismo momento se te pasan por la cabeza miles de sentimientos, tristeza y felicidad, egoísmo y altruismo, decepción y esperanza, y tienes tal disolución de sentimientos en el estómago, que tu cuerpo empieza a temblar, tus ojos a humedecerse y tu barbilla a sacudirse. Te das cuenta de que tienes muchos sentimientos mezclados, pero el que predomina es la tristeza, tristeza de que no puedas ser tú, tristeza de que se encuentre la felicidad en otros brazos, en otros labios, en otros ojos. Pero de golpe, ese sentimiento de tristeza, se convierte en felicidad, porque te das cuenta, minutos después, que quizá has ayudado a una persona, a trazar una línea más en su lienzo de vida. Y mantienes la esperanza de que ese trazo, en un futuro, vuelva a tomar una dirección hacía a tí.

Te sientes feliz, de haber podido compartir esos preciosos momentos con esa persona, de poder haberla hecho sonreir, reir, sentir algo por tí durante apenas un segundo. Y te quedas con eso, que es una persona maravillosa, que aunque te esté haciendo sufrir, quizá sea la mejor que hayas conocido, por eso te entristeces y te alegras al mismo tiempo.

Deseas poder abrazarla de nuevo, tenerla entre tus brazos, poder sentir su respiración, y hacerla entrar en una zona de seguridad. Pero no es posible, porque no la tienes a tu lado,no la siente, no la puedes abrazar y te despiertas en medio de la noche, esperando encontrar a esa persona a tu lado, y lo único que encuentras son sábanas y aire, soledad. Y deseas con todas tus fuerzas que esa sensación y esa situación, en un futuro se vuelva a repetir. Mantienes la esperanza mientas te sientes solo, quieres luchar pero estás solo, y el camino es cuesta arriba... y solo.

Entonces la gente te dice que no estás solo, pero te sientes solo.

Y sentirse solo no está mal, pero es mucho peor el no saber porque....


Namaste

martes, 8 de julio de 2014

Malas costumbres...



Nos acostumbramos a vivir en apartamentos rodeados de otros edificios y a no tener otra vista que no sea la de las ventanas de alrededor.
Y porque no tenemos una buena vista, nos acostumbramos a no mirar hacia afuera.
Y porque no miramos hacia afuera, nos acostumbramos a no abrir del todo las cortinas.
Y porque no abrimos del todo las cortinas, nos acostumbramos a encender más temprano la luz.

Y a medida que nos acostumbramos a encender pronto la luz, olvidamos el sol, olvidamos el aire, olvidamos la amplitud…

Nos acostumbramos a despertar sobresaltados porque se nos hizo tarde.
A tomar café corriendo porque vamos con retraso.
A consultar el teléfono mientras vamos hacia la calle.
A comer un sándwich porque no da tiempo para almorzar.
A cenar rápido y dormir pesados sin haber vivido el día.

Nos acostumbramos a demorar lo importante priorizando lo que creemos que es más urgente. Y así, empezamos demasiadas veces a decir: "Lo siento, hoy no puedo ir". "A ver cuándo nos vemos" o "La semana que viene nos vemos sin falta".

Nos acostumbramos a no sonreír porque no recibimos una sonrisa de vuelta.
A ignorar, porque a la vez somos ignorados. ¡Y necesitamos tanto ser vistos!
Si el trabajo está complicado o simplemente lo odiamos, nos consolamos pensando en el fin de semana.
Y si el fin de semana no hay mucho que hacer, o andamos cortos de dinero, nos vamos a dormir temprano y listo, porque siempre tenemos sueño atrasado.

Nos acostumbramos a ahorrar vida como si sirviera de algo y toda la vida no gastada pudiéramos gozarla más adelante. Pero no. De a poco, igual se gasta y una vez consumida, nos daremos cuenta de que nos hemos perdido vivir.