viernes, 18 de julio de 2014

Co-razón...

¿Y si en realidad el tiempo no lo pudiese todo, si no fuese tan cierto que las cosas con el pasar de los días se van olvidando, o las heridas no se van cerrando, cuantas cosas cambiarían?
Porque es muy fácil pensar que con solo dejar pasar los días, meses o años las cosas se solucionan, y lo peor es que uno se auto convence, y se cree un superado, alguien que tuvo la suerte de superar un dolor y sobreponerse, y se vuelve a sentir fuerte…
Sin embargo, un buen día, quizá el menos pensado, todo el castillo que creías tan sólido comienza a temblar, porque te encuentras de nuevo cara a cara con el dolor, con ese sentimiento tan helado y tan dormido del que ya casi ni te acordabas, y que, muy a pesar de todo, sigue ahí, y comienza a despertarse con todas las fuerzas acumuladas por el tiempo en que estuvo inactivo y quiere salir, quiere gritar que está vivo y que va a dar pelea, por que la RAZÓN piensa:
 
¡Otra vez no! ¿o acaso no te acuerdas el tiempo que te costó volver a ponerte en pie?, ¿o no te acuerdas de esas noche sin dormir, de esos desvelos y angustias, de tus días vacíos, de tus noches sin estrellas?
¿Quieres realmente volver a vivir todo eso, o ahora que ya estas de pie no sería mejor que anduvieras por otros caminos? Porque, sinceramente, amores no te faltan, tienes la capacidad de enamorar a quien quieras, y te vas a hacer problema por un hombre/una mujer que, en realidad, no sabes si te quiere, no sabes si te engaña?…
¡Piensa! ¡no te equivoques! Una vez creíste tocar el cielo con las manos y en un instante descendiste al más profundo de los infiernos, ¿crees que vale la pena?
Haz lo que te digo, no existen los amores eternos, y seguramente, todo eso lo único que te va a hacer es ilusionarte y volverte a lastimar
 
Y se hace un silencio eterno…
El CORAZÓN, aturdido por las palabras de la RAZÓN, se queda sin aliento, pero después de un rato de pensar, donde la RAZÓN ya creía tener ganada la partida, el CORAZÓN replica:
 
No sé si tus palabras son del todo ciertas, pero sí sé que no son tampoco del todo equivocadas: no es lo mismo pensar que sentir, no es lo mismo razonar que hacer las cosas impulsivamente, porque los que piensan son aquellos que nunca se arriesgan, y pobre de aquel que no esté dispuesto una vez en su vida a perderlo todo por la persona que ama, pobre de aquel que no está dispuesto a olvidar, porque nunca será perdonado, pobre de aquel que es tan ciego y vacío, que no es capaz de dejar de lado todas las trivialidades de la vida por amor… Pobre de quien teniendo en frente el amor de su vida, no es capaz de quitarse la careta y sentir…
Porque el amor no sólo es alegría, no solo es paz y ternura, el amor es también dolor y lágrimas, es angustia y desvelo, es muchas cosas, pero bueno… la verdad es que no sé qué pesa más, si la RAZÓN o el CORAZÓN.
Lo que si sé es que si uno no siente se transforma simplemente en una roca, una cosa que no es capaz de demostrar cariño y confianza, un cuerpo sin alma.
Por eso creo que uno debe jugarse por lo que siente… le puede salir bien o mal, puede equivocarse o vivir el resto de su vida con la persona que ama… lo que sí es cierto es que jamás perdonaría a alguien que por rencor o desconsuelo no sea capaz de tomar a la persona que ama, y gritarle a todo el mundo que por ella daría la vida…
Y, por último, otra cosa que tengo bien clara, es que el que se enamora soy yo, y el amor se siente con el CORAZÓN, no con la CABEZA“.
 
 
Se hizo el silencio… y, sin mediar palabra, el CORAZÓN, decidió tomar el camino correcto… y fue tras el amor…
 
Namaste

miércoles, 16 de julio de 2014

Carpe Diem...



«El día en el que todo cambiará»
«En toda la naturaleza, el crecimiento implica aceleraciones y transformaciones periódicas: las cosas van lentas durante un tiempo y parece que no ocurra nada, hasta que de repente la cascara del huevo se rompe, la rama florece, la cola del renacuajo desaparece, la hoja cae, el pájaro muda sus plumas o la hibernación comienza. Pasa lo mismo con nosotros, aunque las señales no sean tan claras como en el mundo de las plumas y de las hojas, la función de las épocas de transición es exactamente la misma. Las transiciones preparan el terreno para un crecimiento nuevo. Hacen caer el telón para que el escenario esté listo para la siguiente escena. A estas alturas de tu vida: ¿qué es lo que está esperando entre bastidores dentro de ti aguardando su turno para entrar en escena?» 

(William Bridges, El camino del cambio)

Los principales cambios de la vida no se anuncian, ocurren. Conocemos a alguien, nos ofrecen un nuevo trabajo, surge una oportunidad profesional en otra ciudad, nos enfrentamos a una adversidad inesperada… De repente, algo así nos sorprende y nos cambia por completo la vida, y ello mientras nosotros andamos preocupados y ocupados en otras cosas.

Si lo pensamos bien, la mayor parte de nuestras preocupaciones giran en torno a cosas que al final nunca ocurren, o al menos no de la manera en que las pensamos. Es a los problemas en los que no nos detenemos a pensar a los que hay tener mayor miedo.

En esencia,  quizá podáis pensar que nada cambiará nunca en vuestra vida, cansados de esperar tanto tiempo que algo cambie, pero un día os levantareis y aquello que no había surgido hasta entonces, aflorará de repente y os daréis cuenta de que consumida ya una etapa, comienza la siguiente. Un día concreto, un solo día, y aunque en varios años antes no haya cambiado nada…

domingo, 13 de julio de 2014

No saber por qué...

Hay momentos en los que caminas por la vida preguntándote el por qué de las cosas, en si las cosas suceden por algún motivo, en si existe el destino... en fin, si existe la casualidad, o la causalidad. Y en esos momentos de dudas es cuando no puedes o no sabes dar una respuesta lógica o con argumento a todas esas imágenes, situaciones o instante que se entrecruzan en tu mente. Quieres escapar, esconderte, huir, dejar todo de lado para no tener que pensar más en ello, como si te engañaras a ti mismo diciendo que si cortas de raíz algo, va a resultar más fácil de sobrellevar.

Luego es cuando sacas tu pasión, tu carácter, tus emociones, y tu cabeza no razona, hablas con el corazón y se podría decir que las palabras o las frases "no pasan por montaje". Te lanzas, disparas, pero más tarde te retractas y te das cuenta de que nada de lo que has dicho tiene apenas valor.

Percibes y entiendes, que la gente tenga miedo a arriesgar, que es una de las cosas más normales en este mundo, pero tú, no lo entiendes.

Y ahí, en ese instante, es cuando te preguntas, Por qué?

Te preguntas por qué ahora, y no antes, te preguntas por qué así y no de otra manera, te preguntas por qué aquí y no en otro lugar. Por qué sufres tú? Quizá porque te toca a ti, porque el destino, la casualidad o la causalidad te hace ser el apuntado por el dedo del azar, el marcado.

En ese mismo momento se te pasan por la cabeza miles de sentimientos, tristeza y felicidad, egoísmo y altruismo, decepción y esperanza, y tienes tal disolución de sentimientos en el estómago, que tu cuerpo empieza a temblar, tus ojos a humedecerse y tu barbilla a sacudirse. Te das cuenta de que tienes muchos sentimientos mezclados, pero el que predomina es la tristeza, tristeza de que no puedas ser tú, tristeza de que se encuentre la felicidad en otros brazos, en otros labios, en otros ojos. Pero de golpe, ese sentimiento de tristeza, se convierte en felicidad, porque te das cuenta, minutos después, que quizá has ayudado a una persona, a trazar una línea más en su lienzo de vida. Y mantienes la esperanza de que ese trazo, en un futuro, vuelva a tomar una dirección hacía a tí.

Te sientes feliz, de haber podido compartir esos preciosos momentos con esa persona, de poder haberla hecho sonreir, reir, sentir algo por tí durante apenas un segundo. Y te quedas con eso, que es una persona maravillosa, que aunque te esté haciendo sufrir, quizá sea la mejor que hayas conocido, por eso te entristeces y te alegras al mismo tiempo.

Deseas poder abrazarla de nuevo, tenerla entre tus brazos, poder sentir su respiración, y hacerla entrar en una zona de seguridad. Pero no es posible, porque no la tienes a tu lado,no la siente, no la puedes abrazar y te despiertas en medio de la noche, esperando encontrar a esa persona a tu lado, y lo único que encuentras son sábanas y aire, soledad. Y deseas con todas tus fuerzas que esa sensación y esa situación, en un futuro se vuelva a repetir. Mantienes la esperanza mientas te sientes solo, quieres luchar pero estás solo, y el camino es cuesta arriba... y solo.

Entonces la gente te dice que no estás solo, pero te sientes solo.

Y sentirse solo no está mal, pero es mucho peor el no saber porque....


Namaste

martes, 8 de julio de 2014

Malas costumbres...



Nos acostumbramos a vivir en apartamentos rodeados de otros edificios y a no tener otra vista que no sea la de las ventanas de alrededor.
Y porque no tenemos una buena vista, nos acostumbramos a no mirar hacia afuera.
Y porque no miramos hacia afuera, nos acostumbramos a no abrir del todo las cortinas.
Y porque no abrimos del todo las cortinas, nos acostumbramos a encender más temprano la luz.

Y a medida que nos acostumbramos a encender pronto la luz, olvidamos el sol, olvidamos el aire, olvidamos la amplitud…

Nos acostumbramos a despertar sobresaltados porque se nos hizo tarde.
A tomar café corriendo porque vamos con retraso.
A consultar el teléfono mientras vamos hacia la calle.
A comer un sándwich porque no da tiempo para almorzar.
A cenar rápido y dormir pesados sin haber vivido el día.

Nos acostumbramos a demorar lo importante priorizando lo que creemos que es más urgente. Y así, empezamos demasiadas veces a decir: "Lo siento, hoy no puedo ir". "A ver cuándo nos vemos" o "La semana que viene nos vemos sin falta".

Nos acostumbramos a no sonreír porque no recibimos una sonrisa de vuelta.
A ignorar, porque a la vez somos ignorados. ¡Y necesitamos tanto ser vistos!
Si el trabajo está complicado o simplemente lo odiamos, nos consolamos pensando en el fin de semana.
Y si el fin de semana no hay mucho que hacer, o andamos cortos de dinero, nos vamos a dormir temprano y listo, porque siempre tenemos sueño atrasado.

Nos acostumbramos a ahorrar vida como si sirviera de algo y toda la vida no gastada pudiéramos gozarla más adelante. Pero no. De a poco, igual se gasta y una vez consumida, nos daremos cuenta de que nos hemos perdido vivir.

sábado, 5 de julio de 2014

Y seguimos...

Hay un refrán conocido por todos. ''El hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra''.

La vida raramente se nos presenta con una segunda oportunidad. Pero el ser humano no aprende de los errores cometidos en el pasado y reincide, ni los años vividos, ni los triunfos o fracasos de la vida consiguen que su inteligencia vea nuevamente la piedra en el camino.

En algún momento de tu vida, cuando quieres darte cuenta es demasiado tarde, el tren ha partido y te ha dejado en tierra. Es triste ver como el tiempo pasa y los vagones a los que debías subir se alejan sin ti. En otras ocasiones , desde el interior del tren por la ventanilla miras como los que debían acompañarte se han quedado en el andén esperando a no sabes qué. El ritmo frenético al que nos sometemos no nos deja pensar y no es bueno. Debemos meditar nuestras decisiones y nuestras acciones. Es conveniente que miremos hacia atrás para analizar nuestros pasos y esquivar las piedras que encontramos. Tendríamos que agudizar la mente para no equivocarnos de tren y llegar al final del camino felices y compartiéndolo con los que nos rodean.

Porque seguimos enamorándonos como si nunca antes nos hubieran roto el corazón. Seguimos amando como si nunca antes hubiera dolido amar. Seguimos confiando como si nunca antes nos hubieran traicionado. Seguimos sonriendo como si nunca antes hubiéramos llorado hasta quedarnos dormidos.

Seguimos recordando, porque es una forma de vivir y no morir jamás. Seguimos soñando por eso de que, a veces, es la única manera de tener a alguien que nos provoca insomnio. Seguimos creyendo en promesas, a pesar de que siempre las han roto.

Nunca supimos diferenciar entre las personas que prometen y las que cumplen lo que no están prometiendo.

Seguimos teniéndole miedo a las despedidas y a las alturas, ya que terminan siendo lo mismo: Caemos en un abismo.

Lo que amamos versus lo que es correcto; el gran dilema de la vida. Pero, al final terminamos siguiendo al corazón y no a la razón.

Y seguimos riendo como si la vida no nos hubiese quitado las ganas de hacerlo.

Namaste