sábado, 30 de abril de 2022

SOCIEDAD

Pues resulta que la sociedad tiene muchas cosas buenas. Pero igual que tiene cosas buenas, tiene cosas malas o muy malas.

Hoy quiero enfocarme en algunas, en particular en dos.

El problema que tenemos con el miedo a que dirán.

Sí, eso es un problema. ¿Cómo? ¿Qué a ti te da igual lo que piensen y digan de ti? Wow, pues te felicito, pero no todos tenemos o teníamos esa suerte.

Me explico, con el primero.

Uno de los estándares que la sociedad nos enseña, y que no me he cansado de oír durante muchos años, es que los chicos no lloran. Hay que ser duro, sobreponerse a las adversidades, y no derramar una sola lágrima. Madres, profesores, entrenadores, compañeros, amigos… TODOS te van diciendo que los hombres no lloran, y te van llenando esa cabecita de esos pensamientos que para ser un hombre “bien”, no debes llorar. Da igual la cantidad de desgracias que te puedan ocurrir, o los errores que puedas cometer. Traga y aguanta, como un “campeón”. Pues bien, aquí es donde yo me revelo, sí, ahora, no antes, pero que lo haga ahora, lo veo incluso más importante. Me explico.

Yo llevo prácticamente dos semanas, que lloro cada día, a veces no se ni por qué, pero otras sí que lo sé, y os puedo garantizar, que puede durar 5, 10, 15 minutos o incluso 1 hora de llanto como me pasó esta semana, pero cuando terminas, te sientes diferente, en mi caso, me sentí liberado, como si fuera más ligero.

No quiero reprimir más los llantos, porque encuentro que es contraproducente hacerlo, vas llenando la mochila y luego es más difícil vaciarla. Me pasa en el metro, lloro. Me pasa por la calle, lloro. Me pasa en el trabajo, lloro. Me pasa en mi habitación, lloro. Me da igual que haya gente o no, me importa una absoluta y completa mierda. Si tengo que llorar, lloro, es por mi bien, porque desde ahora, no pienso volver a estar tan mal como estuve anteriormente, y si tengo que llorar, no me va a dar vergüenza de hacerlo, no me importa lo que piensen de mí.

Ayer, volviendo a casa, en el metro, me puse a llorar, pasé de 0 a 100 en apenas 5 segundos. La señora que estaba al lado, se giró a mirarme, e incluso se levantó y se fue a la otra punta del vagón. En cambio, la chica que estaba sentada delante de mí, me miró, se levantó, se arrodilló ante mí, y me agarró la mano, y me dijo: “Te importa si me siento a tu lado?”, negué con la cabeza, y se sentó. Me pasó la mano por la espalda hasta mi hombro, me acarició el hombro y la espalda por encima de la chaqueta y no hizo nada más. No hablamos nada más. Llegó mi parada. Le di las gracias y bajé del vagón para salir del metro e irme a casa. Desde aquí, quiero darle las gracias a esa persona. No me sentí desplazado, no me sentí juzgado. Me sentí arropado, y sin necesidad de usar ninguna palabra de consuelo. Por la noche, reflexionando, me di cuenta de que esa persona había hecho mucho por mí, sin ella saberlo.

El otro tema que me tiene un poco cabreado es el tema de las “problemas” mentales.

¿Por qué lo pongo entre comillas? Porque cuando se habla de problemas mentales, se suele atribuir a: esquizofrenia, demencia, delirios, trastornos bipolares o múltiples..

Nadie piensa en que la ansiedad es un problema mental también, pero como no está (o nos creemos que no está) “tan” dentro de la sociedad, la pasamos por alto. Y lo mismo pasa con el TOC.

Este tipo de problemas mentales, llevan al individuo a no entender que es lo que le está pasando, pero como hay que estar bien, pues uno se hace el fuerte para estar bien, y no entiende que haciendo eso, empeora.

No hay tampoco ninguna opción en la sanidad pública, (opción de calidad) que tengan las herramientas adecuadas. Yo mismo fui al psicólogo de la seguridad social hace mucho tiempo, y salí en 15 minutos de la consulta, con una receta de ansiolíticos, que por supuesto no tomé ni la mitad de las pastillas.

De las mejores cosas que he podido hacer en mi vida, es seguir el consejo de mi pareja y asistir a una terapia con una persona que me está ayudando mucho. Lo estoy combinando con la lectura de un libro, que sinceramente, me está cambiando la forma de ver las cosas, me está cambiando la mente. En definitiva, las dos cosas, me están cambiando la vida.

Yo tengo miedos, por supuesto, como los tenemos todos, es prácticamente imposible que una persona no tenga miedo a algo. Todos tenemos miedo, a 1 o 2 cosas por lo menos. El problema es cuando lo que se tiene es (ATENCIÓN) “miedo al miedo”. Yo como he dicho antes, tengo miedos, por supuesto, y en un post anterior, los relaté (algunos). Pero el paso que he hecho es el más importante y con el que he notado diferencia. NO LE TENGO MIEDO AL MIEDO. Es normal tener miedos, ¡CLARO!, pero los afronto de cara, dejo que entren, pero que no me alteren y busco la manera de combatirlos. No me intimidan, no me bloquean. Os voy a poner un ejemplo.

Tengo una fobia/miedo, a veces fuera de lo común a insectos voladores, más concretamente a abejas o avispas. (De hecho, hace meses me picó una). Normalmente, cuando escucho un zumbido, salgo disparado en la otra dirección de donde viene ese zumbido. ¿Ya estáis en contexto no? BIEN.

Esta mañana, estaba sentado en mi habitación, estudiando con la ventana abierta, y he oído un zumbido. ¿Mi reacción? Al principio, se me ha acelerado todo un poco, pero en ese momento, me ha venido a la cabeza, “afronta ese miedo”, y no me he movido, me ha subido algo por el estómago, pero no me he movido y la abeja al final se ha ido. Para vosotros puede parecer un ejemplo muy estúpido, pero para mí, ha sido un logro, un empujón hacia adelante, me he dado cuenta de muchas cosas.

Ten miedos, pero no tengas miedo al miedo. Vivimos en una sociedad en la que el miedo es como algo tabú. Todo el mundo TIENE QUE/DEBE ser feliz, sonreír siempre, subir historias bonitas y felices, todo lleno de luz y de color.

No nos olvidemos, que hay más oscuridad y sombras de las que nos pensamos, pero eso, si luchamos contra ello y sabemos cómo hacerlo, entonces ahí, vamos a poder conseguir ser felices.

viernes, 29 de abril de 2022

VALIENTE

La verdad es que hoy me ha venido esa idea a la cabeza, y la verdad es que he estado todo el día dándole vueltas.

Valentía.

Es justamente lo que has hecho. Tenías dudas sobre tus sentimientos hacia mí, tu cabeza era una gran trampa. No sabes nada, estás "perdida". Y has hecho lo más valiente que se puede hacer. Alejarte.

Alejarte lo más posible de esa persona a la que no sabes si quieres o no quieres, o que tipo de sentimientos tienes hacia ella. Para aclararte esa cabeza que, quizá, te dice que sí, pero que, quizá, no a la vez.

Creo que simplemente el hecho de que hayas hecho esto, me hace admirarte, si cabe, más.

Es acojonante como sin quererlo, sin apenas pretenderlo, consigues que yo mejore como persona. Creo que no eres consciente de lo maravillosa persona que eres, con tus defectillos y tus virtudes.

Aunque también es acojonante como yo en apenas días, a fuerza de afrontar, aceptar, pasar mis malos ratos, pero no frenarlos, sino decirles: “Ataque de ansiedad, ven aquí, que en 40 minutos vas a desaparecer, porque no te voy a hacer ni caso”, he conseguido darme cuenta de muchas cosas.

Y pasa.

Cada vez, la media de duración de estos ataques, es más corta. Ayer, cuando vi que empezaba a sentirme así, me empleé en hacer algo diferente o especial, para pensar en ti, por supuesto, pero de una forma positiva, no de una forma triste, ansiosa u obsesiva. Haciendo algo bonito, recordando bonitos momentos, y escribiendo con el corazón.

La constancia es la clave, y priorizar mi recuperación al 100% es la clave.

Aunque también sería mentirme a mi mismo, si me dijera o me obligara a sentir/desear, que no quiero verte, o que no quiero sentir una caricia tuya, o que me pases suavemente la mano por el pelo, o que me mires desde el otro lado de la mesa con esa manera que tienes de mirarme que me encanta, pero a la vez me pone nervioso. O que me digas: “¿Por qué tan bello?” hahahaha. Si es que…

Recordando cosas así lloro, pero de emoción, de alegría. Ahora ya no es de rabia, pena o desesperación. Recuerdo como me sentía cuando estábamos juntos. Cuando estábamos separados, era muy complicado para mí, pero cuando estábamos juntos, en la misma habitación, casa o lugar, con una mirada bastaba.

Por eso, por querer marcharte, con lo fácil que hubiera sido, decirme “vente conmigo”, sí, eso hubiera sido lo fácil. Pero no, tu has decidido hacer lo más difícil, con dos ovarios y, sobre todo, VALIENTE. VA-LI-EN-TE. Y por eso, me reitero, te admiro más aún.

Y si tu eres valiente, yo también lo voy a ser. Miedos a un lado, y a trabajar en mí, para que cuando vuelvas, pueda mostrarte lo orgulloso que estoy de mí mismo.

T'ESTIMO

jueves, 28 de abril de 2022

Momento

 Hay que luchar. Hay que pelear. Para que todos aquellos pensamientos negativos o, que no te aporten algo positivo, puedas ser capaz de soportarlos.

¿El tiempo que queda hasta poder volver a verte? Lo afronto, y espero con ganas ese momento, pero no con ansiedad, si no con ilusión. Por supuesto, que te echo de menos. Bueno, por supuesto no, por supuestísimo. 

Y que desearía poder salir del trabajo e ir a buscarte, ir a tomarnos una cerveza, y hablar de como nos ha ido el día, de planes de futuro, o simplemente, escuchar tus problemas o como te sientes. O que desearía que llegara el viernes por la tarde para poder pasar todo el fin de semana contigo ahora que lo tengo libre, y poder tumbarnos al sol, o salir a pasear, o hacer esa excursión andando hasta Montserrat que tenemos pendiente. Y que, por la noche, nos tumbáramos a ver una película, y que te quedaras dormida y contemplar lo preciosa que eres cuando duermes. Y despertarte con una caricia y subir a la cama contigo. Darte un beso de buenas noches en la frente y acurrucarte en mi pecho, mientras te acaricio la espalda. En esos momentos, me sentía el hombre más afortunado del mundo. Durante la semana, lidiaba con mis miedos, mi montaña rusa interna, intentaba mostrar ser lo más estable por dentro posible, para que no te preocuparas, pero no me daba cuenta de que quizá, era contraproducente. En ese instante, con la habitación prácticamente a oscuras, con solo un poco de iluminación que entraba de las luces del exterior a través de las rendijas de la persiana, en ese instante, me sentía el hombre más feliz. Me sentía el más afortunado. No le tenía miedo a nada, y me veía capaz de conseguir cualquier cosa contigo a mi lado. Con una persona al lado que creía y cree en mí. Sé que yo solo lo puedo conseguir, y lo conseguiré, pero contigo a mi lado, siempre será más facil.

Me imagino el momento en el que nos volvamos a ver. ¿Cómo será? ¿Qué nos diremos? ¿Nos abrazaremos? ¿Cómo reaccionarás?. Es una sensación extraña, como contradictoria, tengo ilusión, esperanza, incertidumbre, miedo, pero abrazo cada una de estas sensaciones, porque no le tengo miedo a nada. 

Ha pasado apenas una semana desde que te has ido, y tengo unas ganas locas de contarte cada día mis progresos, lo que pienso, mis sentimientos, como estoy por dentro a diario, mi montaña rusa de emociones, que poco a poco se van posando de una forma estable.

Te echo de menos, eres lo mejor que me ha pasado en la vida y no me gustaría perderte. Y me encantaría tenerte ahora mismo delante de mí, para poder abrazarte, agarrarte de las mejillas y besarte hasta que no nos quede saliva en la boca.

T'estimo.

miércoles, 27 de abril de 2022

Viejitos

Hoy he visto dos viejitos por la calle, caminando de la mano, y se me ha venido a la mente, en que seríamos nosotros, dentro de muchos años.

Pero eso no es algo que sepa si va a ocurrir o no, así no debería fantasear sobre ello.

La pérdida, es algo a lo que hay que adaptarse, entenderlo, afrontarlo, sopesarlo y sobre todo a superarlo. Convivir con ello.

Por supuesto que los sentimientos van a estar ahí. Dentro de una semana, dentro de un mes, de dos, de seis o dentro de un año, eso no va a cambiar, pero debes tener en cuenta, que, si alguien no está, es porque no quiere estar. Bueno, quizá debería matizar, porque cada caso es un mundo. Si alguien no está, es porque no quiere estar, o, porque no sabe si puede/debe/quiere estar, y solo el tiempo va a decir si vuelve o no vuelve.

Si vuelve, por supuesto, valóralo. Y al valorarlo, debes darle el valor que creas que debes de darle, depende de ti. Sé que suena muy crudo y directo, pero en ese momento, deberás valorar muchas cosas. Por lo que has pasado tú, personalmente. Por lo que te han hecho pasar. Si ha valido la pena. Que es lo que has aprendido, que es lo que has sufrido.

Y entonces, toma la decisión, y será una decisión importante, muy importante.

Si no vuelve, no hay nada más que hacer. Por supuesto que los sentimientos van a estar ahí, siempre. Pero con el tiempo quizá desaparecerán. Esa angustia de querer y no poder. Por supuesto. Pero ahí es donde entra todo lo que has vivido anteriormente. Frustración, rabia, enfado… incluso el creer que no era justo. Ahí es donde, con el tiempo, vas a sentirte mejor, más cómodo.

No intentes luchar o huir de la frustración. Convive con ella, abrázala, y en el momento que lo consigas, como yo lo estoy consiguiendo, habrás crecido como persona. 

lunes, 25 de abril de 2022

Castigo, impotencia, consecuencia

Volvemos a escribir después de mucho tiempo, y ahora va en serio, de hecho, me voy a quitar hasta los anillos. Visceral, sin rectificaciones, sin "pasar a limpio". Tal cual va, lo lanzo. Y de vergüenza, o pensar en el que dirá o en el que pensará la gente... CERO! Vamos a ir sacándolo todo.

En mi vida, he tenido muchos momentos en los que me he perdido algo importante o relativamente importante por no ser, como tenía que haber sido, por seguir los estándares de una persona "normal". 

Recuerdo, que de pequeño, jamás podía ir a la semana de la nieve que organizaba mi colegio, nunca pude ir, no había dinero suficiente, y me mentía a mi mismo, diciendo que no me importaba, que me daba igual. Cuando no era así. Era prácticamente el único que no podía ir. Lo acepté, pero me recomía por dentro. ¿Con 11-12-13 años, que quieres? No entendía lo que entiendo ahora. 

Entonces, yo esperaba con locura a que llegara final de curso, cuando íbamos a Port Aventura, y claro, por supuesto, fui castigado por un profesor, y hubo un año que no fui. Me reconcomió por dentro. Tenía 14 años, y se suponía que era un premio a todo el año que pasábamos estudiando y por una tontería, me castigaron sin ir. Tuve buenas notas, y aún así por una tontería (que imagina que tontería era, que ni me acuerdo, fui castigado sin ir). En ese momento no lo entendí, pero con el tiempo, sí.

Recuerdo también con  17 años, que yo no iba a clase, hacía campana, pero en el baloncesto me iba muy bien, era Junior B y doblaba con el Junior A, jugando muchos minutos. Recuerdo incluso un partido en Manresa (que siempre será mi ciudad fetiche del baloncesto) que jugando contra el mismísimo Sergi Lull, hice un partido de 25 puntos y 20 rebotes (si no recuerdo mal), incluso provocando que el entrenador del Junior A, me sentara y en plan broma me dijera "vamos a sentarte, no te vayas a crecer demasiado". Iba todo viento en popa. Se acercaban los campeonatos, tanto de Catalunya, como los de España, quedaba apenas un mes y mi sueño de poder llegar a algo en el baloncesto, ser deportista y poder ganarme la vida con ello, ese sueño, cada vez estaba más cerca. Pero como no "iba bien" en el colegio, mi madre se reunió con el jefe de cantera del Joventut, y le explico que no iba a clase y que me habían echado del instituto por "campanero". ¿Resultado? El director de cantera, me dice que estoy fuera de los campeonatos de Catalunya y por supuesto de los de España. Creo que estuve mucho tiempo culpando a mi madre, pero con el tiempo lo entendí. 

Recuerdo muchas cosas así, como que por mi comportamiento de echaran de un equipo, o que por mi forma de tratar a las personas, las dejara de lado y las apartara de mí.

¿Qué he conseguido con el tiempo? Aprender. Despacio, pero aprender. 

Esto nos lleva a prácticamente, día de hoy.

Soy una persona, con miedos, por supuesto. Y a día de hoy, no voy a negar que tengo varios. 

¿Y si no soy capaz de formar una familia?

¿Y si no soy capaz de conseguir lo que me proponga en mi vida?

¿Y si pierdo a la persona que quiero, para siempre?

Actualmente, mi pareja, ha emprendido un viaje, una aventura, pero sin mí. ¿Por qué?

Pues porque no soy la persona que quiero ser. Simple y llanamente por eso. He sido yo quien ha provocado esta situación, con mi montaña rusa. Sí, era una montaña rusa, y me mareaba hasta yo. Por eso decidí pedir ayuda, y la verdad es que estoy muy contento, estoy notando un cambio mental, físico, pero sobre todo fisiológico.

Me siento una persona más madura, una persona más calmada. No me preguntéis por qué, pero así es. Estar en sus brazos, me calmaba, me hacía sentir protegido, y era mi burbuja donde reconfortarme, donde estar a salvo. Y ahora no está.

Esa persona ha tenido un gran impacto en mi vida. Me ha ayudado a conseguir llegar donde estoy ahora mismo.

¿Miedos? POR SUPUESTO QUE SÍ, ya lo he dicho antes, y no lo voy a negar. Igual que no voy (ni quiero) a negar tampoco, que lloro cada día de rabia, impotencia, enfado...

Miedo a que conozca a otra persona, y se pueda enamorar.

Miedo a que se olvide de mí.

Miedo a que se de cuenta de que no me echa de menos.

Miedo a que no pueda volver a abrazarla nunca más.

Miedo a que no pueda volver a besarla nunca más.

Miedo a que le ocurra cualquier cosa y yo no esté allí para cuidarla.

Miedo a perderme todas estas vivencias que podríamos haber estado viviendo.

Miedo a que no vuelva.

Miedo a muchas cosas. Porque lo teníamos tan cerca. Solo hacía falta una pregunta. Y la respuesta era sí.

Pero hay que lidiar con ello, trabajar, reflexionar, seguir por el camino que voy, para llegar al objetivo final, para entonces llegar a la finalidad, por la que estoy luchando, porque me lo merezco, porque se lo merece, porque nos lo merecemos.

Me conformaré con mirar nuestras fotografías, leer nuestro álbum, escuchar nuestras playlists. Viviré de tu recuerdo, mientras no pueda volver a tenerte entre mis brazos, y sentiré tus manos acariciando mi pelo, cada noche antes de irme a dormir, para poder entrar en ese estado de calma que tu me hacías sentir.

Siempre estaré aquí para lo que necesites. Eres la única persona, que ha conseguido hacerme mejorar. La única, y creo que eso, es por algo.

Si me dejas luchar, lucharé y no dejaré de hacerlo, aunque sea lo último que haga. 

Ttimo