9/10/2023 22:07h
Aquí me tienes
volviendo a por ti.
Rompiendo cadenas
no puedo vivir
sin que tu me quieras.
Monto guerra,
para estar aquí
soy así.
Una trinchera sin fin,
por ti.
9/10/2023 22:07h
Aquí me tienes
volviendo a por ti.
Rompiendo cadenas
no puedo vivir
sin que tu me quieras.
Monto guerra,
para estar aquí
soy así.
Una trinchera sin fin,
por ti.
En el intrincado tejido de la vida, las relaciones humanas ocupan un lugar especial. Son las conexiones que forjamos con los demás las que nos brindan sentido, apoyo y alegría. Sin embargo, mantener una relación, ya sea romántica, amistosa o familiar, no siempre es sencillo. Requiere esfuerzo, dedicación y, sobre todo, una voluntad constante de luchar por aquello que consideramos valioso. Reflexionar sobre cómo luchar por una relación es, en muchos sentidos, reflexionar sobre lo que significa amar de verdad.
En primer lugar, luchar por una relación implica entender y aceptar que las dificultades son inevitables. La perfección es un mito que puede llevarnos a la frustración y el desencanto si no aprendemos a abrazar la imperfección. Las diferencias de opinión, los conflictos y las decepciones son parte natural de cualquier relación profunda. Lo importante es cómo respondemos a estas dificultades. La clave no está en evitar los problemas, sino en enfrentarlos juntos con paciencia y respeto.
La comunicación es el pilar fundamental en esta lucha. A menudo, los malentendidos y los resentimientos surgen de la falta de comunicación efectiva. Aprender a escuchar activamente, a expresar nuestros sentimientos con claridad y a buscar comprender al otro, más que ganar una discusión, puede transformar la dinámica de cualquier relación. La comunicación abierta y honesta no solo resuelve problemas, sino que también fortalece el vínculo emocional, creando un espacio seguro donde ambos se sienten valorados y comprendidos.
El compromiso es otro elemento esencial. Luchar por una relación significa estar dispuesto a hacer sacrificios y concesiones. No se trata de perder nuestra identidad o de ceder en todo, sino de encontrar un equilibrio donde ambas partes puedan coexistir y prosperar. Este compromiso requiere tiempo, energía y, a veces, la renuncia a ciertos deseos personales en favor del bienestar común. Es un acto de amor que demuestra nuestra disposición a invertir en la relación a largo plazo.
La empatía juega un papel crucial en este proceso. Ponerse en el lugar del otro, intentar ver el mundo desde su perspectiva y reconocer sus sentimientos y necesidades, nos permite construir una relación más compasiva y solidaria. La empatía nos ayuda a comprender las acciones del otro no como ataques personales, sino como expresiones de sus propias luchas y desafíos. Esta comprensión mutua puede desactivar conflictos antes de que se conviertan en barreras insalvables.
Además, luchar por una relación requiere cultivar la resiliencia. Las relaciones, como todo en la vida, pasan por altibajos. Habrá momentos de crisis donde parecerá más fácil rendirse que continuar. Sin embargo, la resiliencia nos da la fortaleza para perseverar, para buscar soluciones y para crecer a través de la adversidad. Las crisis pueden ser oportunidades para renovar nuestro compromiso y redescubrir por qué elegimos estar juntos en primer lugar.
También es fundamental mantener viva la chispa del amor y el aprecio. Con el tiempo, es fácil dar por sentado a la otra persona y olvidar las pequeñas cosas que hacen especial la relación. Recordar y celebrar los buenos momentos, expresar gratitud y cariño, y hacer un esfuerzo consciente por mantener la conexión emocional, pueden revitalizar una relación y evitar que caiga en la monotonía.
En conclusión, luchar por una relación es un viaje continuo de amor, comprensión y compromiso. Es una danza delicada que requiere esfuerzo, pero que también ofrece profundas recompensas. Al final del día, lo que realmente importa no es la ausencia de conflictos, sino la presencia de una voluntad inquebrantable de crecer juntos, de apoyarse mutuamente y de encontrar alegría en la compañía del otro, y recordar siempre, siempre, siempre, que no es una lucha de uno contra el otro. Si no una lucha de los dos contra ese problema.
Miércoles, 13/12/2023 19:10h,
Guardo esta nota escrita en la puerta del pabellón, después de una sesión corta con mi psicólogo, de camino a entrenar, para un futuro.
Hoy me han dicho una frase que me ha hecho pensar mucho.
Le he dicho a mi psicólogo:
- "Siento que hay personas que no reconocen todo el esfuerzo que hago por ellas"
Y me ha respondido:
- "A veces estamos tan presentes que nos volvemos invisibles, porque siempre estamos"
Y la verdad es que me ha pegado una buena patada en el corazón y otra en la cabeza.
Pues hoy deberíamos estar volando en un rato. Rumbo a un viaje sorpresa, para tener un detalle y salir de la rutina de mierda en la que llevábamos atrapados.
A Barcelona. Nuestra ciudad.
Y había elegido Sant Jordi, por ser un día especial, (uno de mis días favoritos del año) y al estar lejos de casa, poder celebrarlo en nuestra ciudad de una forma bonita y diferente. Pero nada, el viaje me lo he comido con patatas. Otra vez. Vuelos, entradas para el concierto de Hans Zimmer en el Palau Sant Jordi que tenia compradas desde enero... y porque era el primer concierto que íbamos a ir juntos y que mejor que ir a ver Hanz Zimmer.
Mañana si que voy a bajar por el centro y pasear por todas las calles y ver si encuentro algún libro que me gusta. Hace más de 7 años que no recibo un libro por Sant Jordi. a ver si en el futuro tengo más suerte con esto, hahaha.
Llevo unas buenas sesiones con mi psicólogo. La verdad es que ha sido raro volver a vernos cara a cara (en la misma habitación) después de tantos meses. Al principio le sorprendió que estuviera tan entero, pero la procesión va por dentro, y la mierda salió a la mínima. El lunes de la semana pasada, tuve la última sesión con él, y me recomendó, por como me vio, que fuera a otro especialista de un nivel más alto, un escalón más. Y el viernes fui. La verdad es que fue algo raro explicar mi vida a otro extraño, y explicar toda la historia de cero. Lo único que le pedí fue que no quería ningún tipo de medicación ni pastillas ni ansiolíticos ni nada por el estilo. Y accedió a respetar mi decisión. Hoy he tenido cita con Ricardo, y directamente me ha dicho: "eres un valiente".
Valiente no. Ricardo me ha dado las herramientas y sé manejar las cosas. Es gracias a él. Él me ha dicho que está orgulloso de mí. WOW! Hacía tanto tiempo que nadie me decía algo así, que he roto a llorar.
Hace muchísimo tiempo que nadie me decía algo así. Sí que me habían dicho que estaban contentos por mí., o felices de mi logro. Pero decir "estoy orgulloso/a de ti", no recuerdo cuando fue la última vez que me lo dijeron. Ni cuando me saqué el carnet, ni cuando conseguí hacer un cambio en mí.... no lo recuerdo.
Buff, ahora me doy cuenta de que tengo tantos temas que quiero escribir, que la cosa va a ir para largo.
He ido a la policía. Y tengo que contar por qué.
Hace unos años, estaba en una espiral bastante jodida, mi vida estaba siendo una mierda, había tenido varios episodios de ansiedad y depresión, y una noche, de fiesta y habiendo bebido algo de alcohol, conocí una persona que de primeras me cayó muy bien. Era un tío de puta madre y en un momento dado, me dijo que se iba a ir ya, que si quería ir a echar unas partidas a la play a su casa, que había unos amigos suyos. Yo accedí. Que habría de malo en ello? Nada. Pensé yo.
Tomamos un taxi, y fuimos para el Raval. Una calle que no me acuerdo, y subimos a un piso y no había nadie. Pensaba que estarían sus amigos allí, como me había dicho. Pero no. Me dijo que llegarían en breve y que deberían estar en la Sala Apolo. Me dio una copa y encendió la play. Y a jugar. Jugamos dos partidos al Fifa, mientras nos tomamos dos copas. Ay las copas!
A la mitad de la segunda copa, empecé a sentirme mal, a no poder controlar mis brazos y manos, y empecé a quedarme como medio atontado. dejé el partido a medias, y me recosté en el sofá. Le pedí agua, tenía mucha sed. Y me dijo que me tumbara en la cama que era más grande y que me iba a buscar el agua. A duras penas me levanté del sofá y me tumbé a la cama. Recuerdo preguntarle que ron me había dado, porque la mezcla quizá me había afectado, y me dijo que era Cacique, ron que había estado bebiendo toda la noche, así que no podía ser eso. De golpe, me encontré tirado en la cama y el vino y me dio un vaso de agua. Él estaba en calzoncillos.
A partir de ahí, no recuerdo nada más.
Lo siguiente que recuerdo es estar en un taxi sentado en el asiento del copiloto, a la altura de Sagrada Familia, con el taxista dándome palmadas en el pecho para que no le babeara el taxi. Le pregunté que donde estaba, y me dijo que de camino a mi casa, la dirección que le había dado.
Bajé del taxi cuando llegamos, y abrí a duras penas la puerta. Entré en mi habitación, me cambié de ropa y me fui al baño, tenía muchas ganas de cagar. Me senté en la taza, y a echar lastre. Me peleaba conmigo mismo por no quedarme dormido, y cuando me levanté para limpiarme vi el papel con algo de sangre y miré abajo y el agua estaba teñida de sangre también. Hasta unos segundos después, no procesé todo. Me miré el pene y lo tenía enrojecido y con algunas marcas. Ahí fue cuando me asusté. Volví a tener que ir al baño un par o tres de veces. Me levantaba continuamente y seguía sangrando. Intentaba hacer memoria, pero no recordaba nada de lo que había pasado en esa casa. No sabía la dirección, no sabía nada. No tenía ni el número de teléfono ni nada de ese hijo de puta que me había hecho.
Me levanté al día siguiente, con un dolor de cabeza impresionante. Y estuve sentado en la cama pensando en si debía ir a la policía a denunciar o no. Busqué lo que se necesitaba para denunciar a alguien, y yo no tenía nada de lo que hacía falta. No podía hacer nada.
Pues bien, por eso he ido a la policía y le he explicado mi caso a una agente, que me ha dicho que ya no se puede hacer nada contra esto, porque todo ya ha prescrito, que no tengo informe médico ni análisis de sustancias, ni tengo ningún dato ni nada de ese tío. Que puedo interponer la denuncia conforme me pasó eso, pero que no va a avanzar.
Este tío debía ser gay, dado lo que me había hecho, o quizá podría encontrarlo en algún sitio. Y tuve una idea. Durante 7 años, lo he estado buscando, (para poder conseguir algo sobre él y entonces denunciarle), a través de la app de gays más conocida como es Grindr, con un perfil sin mi cara obviamente, y no ha habido suerte.
Muchos os preguntareis porque no lo he hecho antes(lo de ir a la policía). Pues por vergüenza, supongo. No lo sé. Pero seguramente por vergüenza. Ahora mismo ni quiero pensar en ello.
Lo he comentado por primera vez con mi psicólogo, y después de la sesión, toca pasar página. Va a ser algo que, si durante 7 años, SI! 7 años, no he podido olvidar, ahora no va a ser fácil tampoco. Pero no queda más remedio que seguir avanzando, al final, la vida es eso. Seguir avanzando. Se acabó. Se acabó buscar a ese tío. La obsesión por algo así, lo único que me ha traído es más problemas para mí y ansiedad y ralladas para mí. Pero ahora toca olvidar y pasar página. He estado obsesionado en encontrar a ese hijo de puta., pero a saber donde está. Ya no vale la pena.
Y por eso he ido a la policía.
Otra cosa que me molesta especialmente es el hecho de que mi expareja haya podido pensar que le he sido infiel en esta app con alguien, me duele. Ya que nunca le he sido infiel con nadie. Que si que había fotos mías íntimas? Si. Si incluso encontré un video de una polla que se parecía a la mía, de una chica haciendo sexo oral, y hice un pantallazo para que pareciera la mía, pero no lo es. Porque la mía tiene algo muy característico que dudo que sea fácil de encontrar. Pero bueno, mi expareja si quiere creer eso, no puedo hacer nada. Yo no he sido infiel a nadie nunca. Ni nunca lo seré. Jamás he permitido ni un solo tonteo. Y lo tuve, con una persona que intentó tontear conmigo, y lo corté de raíz, y sé que esa persona me la tiene jurada porque me lo dijo, que con mujeres como ella no se juega, pero yo no le di más importancia, pero luego he ido recibiendo indirectas, miraditas y comentarios tanto de ella como de gente a su alrededor. No entiendo que finalidad tenían, pero creo que ahora si que lo entiendo. Incluso el último día recibí dos comentarios antes de irme de el pub donde estábamos haciendo mi fiesta de despedida. Pero repito, no me preocupa, tengo la conciencia tranquila.
En fin, hoy ya me está dando pereza escribir más. Si me apetece los próximos días, pues ya, si eso, escribo más.
Gracias por leer hasta aquí, y tragarte semejante tostón, seas quien seas.
No tengo muchos recuerdos de cuando era pequeño, y con pequeño me refiero a antes de los 8-9 años.
Tengo flashes, o fragmentos de recuerdos. Solo eso.
Recuerdo un complejo de chalets, un rio, mirar a la derecha y ver al fondo el mar. Al otro lado del rio, una carretera, un edificio grande gris, y una colina que se levantaba justo detrás. Recuerdo estar en la calle, jugando con dos vecinos (que no puedo ver sus caras) con un juguete de esos que tiene un muelle que te hace saltar. Era Deba.
Tengo el recuerdo de una calle y una verja verde enorme, con un colegio de fondo, creo que era Pontevedra, no lo tengo claro.
Recuerdo estar en clase con Don Alfredo y como nos golpeaba con una regla gorda de madera en las manos como castigo. Eso era Cuenca.
También recuerdo mi habitación en Guadalajara, una habitación que tenia la peculiaridad de que la cama se levantaba y se guardaba y parecía un armario, y que cuando iba a dormir, se bajaba. Recuerdo estar en el patio de la comunidad corriendo con mi bici de ruedas amarillas. Recuerdo tener uno de esos juguetes que le regabas la cabeza y crecía césped. Recuerdo tener la mano ensangrentada, y ver un cristal roto y que había golpeado uno de los cristales de la puerta del pasillo, recuerdo que era un problema con mi padre, pero no recuerdo que era.
Recuerdo que una tarde, mi madre se fue y me quedé solo con mi padre en casa. No me acuerdo ni siquiera si estaba mi hermano pequeño. De ese día solo tengo el recuerdo de que yo lloraba, y que recibí varias ostias en el culo y algún que otro bofetón. Insultos, gritos y más golpes. Yo lloraba y gritaba. Recuerdo escuchar las amenazas de mi padre de que si le decía algo a mi madre... en fin, supongo que ya sabéis, no tengo ni que decirlo.
Recuerdo ir con mi madre al alergólogo, y decirle que tenía hambre, y quería merendar, y por eso entramos al cajero. Recuerdo que justo cuando íbamos a salir, que mi madre había sacado 4000 pesetas para ir a comprar la merienda al Caprabo, en la puerta había un hombre con camiseta blanca, chaqueta oscura, tejanos claros, gafas de sol y unas bambas blancas, que nos empujó a mi madre y a mi hacia adentro y sacó una pistola, un revolver plateado, (que a día de hoy no sabemos aún si era falso o no), recuerdo que nos separamos uno a cada lado del cajero, y que mi madre después de unos segundos se abalanzó sobre él y le agarró la mano de la pistola, y que yo pude abrir el pestillo de la puerta del cajero, y salir a pedir ayuda. Recuerdo esa sensación de que me había meado encima, y efectivamente así fue. Salí pidiendo ayuda, y recuerdo la cara de la gente mirándome llorar mientras goteaba meado por mis pantalones. Tengo la imagen de ver al hombre con gafas de sol caminando por la calle Mandri, y girando por General Mitre.
Recuerdo un día estar en mi habitación, escuchar gritos, bajar de la cama por mi escalera, y ver a mi madre a través del pasillo con la luz de su habitación encendida, fuera de sus cabales, gritando y tirando cosas por el suelo, no voy a dar más detalles. La siguiente imagen que tengo es estar en el balcón de la terraza de mi habitación mirando como se abría la puerta y ver salir del parking un Opel Corsa rojo por la rampa, y recuerdo sentir alivio, ese sentimiento sí que lo recuerdo.
A partir de ahí, todo está mucho más claro. Recuerdo muchísimas más cosas. Muchísimos más recuerdos. ¿Por qué? ¿Será el alivio? ¿Será la edad? ¿O que nuestro cerebro a partir de esos años empieza a almacenar más cosas?
Yo, de los 0 a los 9 años. Esos son todos los recuerdos que he podido recordar durante el día de hoy.
Hoy me ha hecho pensar en mi infancia. El porque no tengo recuerdos de esa época, el por qué no consigo incluso haciendo memoria, recordar localizaciones o personas, o momentos. ¿Será el subconsciente?. ¿Será el cerebro, consciente, que borra según que recuerdos? No lo sé. No me preocupa ahora mismo.
Pero también he estado pensando en que no hay que darle vueltas al pasado. Ahí está y no se puede cambiar. Es más, cuando te das cuenta o eres consciente de que vas a morir, tarde o temprano, pones muchas más ganas en vivir y en querer crear recuerdos maravillosos.
Disfrutad de la vida, que cuando te des cuenta, se te habrá casi ido de las manos y no te habrás dado ni cuenta.
La música, que gran amiga y compañera la música.
La música, una infravalorada.
A decir verdad, mucha gente no "valora" suficientemente la música, las canciones con letra en este caso. Se centran en la melodía, pero yo, desde pequeño, me fijo mucho más en las letras que en la melodía en sí. Supongo que será porque para mí, que a veces me resulta algo difícil expresarme, encuentro ese refugio en letras de canciones, para poder transmitir lo que quiero decir.
Muchas veces, pongo música dependiendo de mi estado de ánimo, en las que se vea reflejado con la letra de esa canción, como ahora.
Si una canción fue creada (tenga letra o no), es porque una mente humana la creó debido a su estado de ánimo o con ganas de expresar como sentía alguna cosa o suceso en particular, y aunque cada persona seamos un mundo y seamos diferentes, las sensaciones, pensamientos o estados de ánimo, pueden y seguramente son muy parecidos entre cada uno de nosotros.
La música, una transmisora de mensajes; de sentimientos.
Que me acompaña en noches de insomnio, antes de dormirme, haciendo deporte, caminando por la calle, escribiendo...
La música, ha sido una gran compañera. Lo es, y espero que lo siga siendo en un futuro.