domingo, 30 de noviembre de 2014
Hoy has estado más cerca de mí...
Hoy has estado más cerca de mí, lo has notado, lo he notado. Nos hemos notado. Tu sola presencia me pone alerta, a la vez que me conecta con la belleza divina. Has sido seria y distante, pero te has ido abriendo cual flor tras el rocío, oxigenando la piel, subrallando colores, y olvidando lo vivido, para empezar de nuevo muy cerca de mi destino. Me gustas.
Y lo supe desde que te vi, por primera vez.
Percibí tu energía cuando entraste, no me miraste, pero tampoco me hizo falta. No sabias que yo también estaba allí, ignorante perdido como tú, en el comienzo de un nuevo ciclo con futuro, pero tampoco me preocupó. Solo con saber de tu existencia sonreí, y con ello tuve suficiente, suficiente para saber que estabas hecha para mí. Eres una fuerza magnética que se abre paso a mi corazón.
Cada mañana rindo homenaje a mi armario para saciar tu sed de misterio, de intriga e incertidumbre, dosificando cual color más vistoso para parecer alegre, cual textura más sedosa para parecer elegante. Ya es una característica de mí ser presentar la mejor imagen, pero solo tú, potencias esa virtud a la que soy tan sensible. Me gustas, y ahora ya lo sabes.
Mis perfumes delatan más quien soy que mis propios gestos, pero no dejaré que mis palabras se juzguen como a estos. Pues me limitaré a decir lo necesario, para crear en ti ese enigma que de momento te mantiene viva, hablándonos en silencio e ignorándonos a gritos. La fragancia de tu naturaleza retumba entre mis sentidos como si de una hecatombe se tratara, cuando a tu lado pierdo la orientación, y se me nublan las palabras. No puedo negar mi aversión a tus gestos, ni tan solo puedo mirarte sin enrojecer mis mejillas, ni mis manos, ni mis adentros. Una sola de tus miradas encripta mucha información, sentimientos afectivos de los que todavía no saco conclusión. Dame tiempo, por favor. Eres una mujer, y eso te hace más compleja y complicada, pero a la vez tan delicada como la seda, y sigilosa como la nada.
Desde mi hogar hacia nuestro punto de encuentro, imagino con autoría cual será la próxima función, tu siguiente jugada, pues tú también sabes lo que haces, y me miras con esos ojos verdes y tan grandes, leyendo un contrato que todavía no hemos podido firmar. Tú tampoco te sientes, este viaje acaba de empezar, y sabes ya de antemano, que nos gustamos, que ese filtro que intentas disimular no te sirve de nada, me tienes cerca y eso también te hace temblar, me tienes en tu punto de mira, porque te gusto, y ahora lo sabes de verdad. Sientes curiosidad por mi habladuría, por la máquina que conduce esas ideas, y observa por esas gafas negras, de pasta, una realidad que deseas compartir, una que no soportarías rechazar.
Cuando llego y no estás me pregunto el porqué de esa deslealtad, de esa inquietud tan efímera que siento sufrir hasta que te veo entrar. Y ahí estás tú, con tu melena marrón caoba, esa belleza tan natural lejos del maquillajes y las sombras, y esos hermosos iris azules brillantes y decididos a inspeccionar, una sonrisa tuya me basta para dejar de bostezar. Tus llamativos jerséis de lana ocultan un cuerpecito tierno a la par que fuerte e inquebrantable, una suerte de cordero este que desde el cielo puede abrazarte. Me miras antes de aposentarte, y sonríes por lo que ves, aunque no quieras enterarte. Eres juguetona, leal y firme. Eres inteligente, y seguro que histérica cuando se te permite. Tu oculta indiferencia no socaba mis intereses, pues por ti moriría por abrazarte, y tú harías lo mismo, y lo sabes.
No aguanto más de lo debido una de tus preguntas, esas directas que finjo no escuchar, esas inquisitivas que aparento no entender. Pero las entiendo, te lo prometo, deseas conocerme y no sabes por qué. Deseas saber quién soy y qué se oculta tras esas camisas escogidas a intención, a intención de hacerme notar entre un mar de gotas, pero sin hablar, ni querer mirarte. Actúo a conciencia, como haces tú. Te doy la miel, y luego desaparezco, creando en ti una confusión que lejos de odiar, crea adicción. Te quiero ver cerca de mí, de mis labios, para luego empujarte y decirte que no te deseo, que solo quería verte de cerca, y poderte decir más tarde que me gustas, y morderte los labios sin tus defensas, poder jugar con tu pelo entre índice y pulgar, y no desear estar en otro lugar.
El universo nos acercará, lo sé -y porque yo aspiro a cosas grandes, joder-. Habrá una oportunidad única en la que deberemos actuar, allí yo estaré, y espero que tú también, a la altura de las circunstancias, negando y olvidando este actual y absurdo papel.
Quizás todavía no sepas que siento por ti. Recuerdo los amores del silencio en mis años de infancia, remontándome a mis recuerdos, de papeles con notas que iban y venían de un sitio a otro, estresando una espera que socavaba la paciencia. Nuestro antiguo chat. Ahora solo te ríes con motivo de mi habla, con motivo de mi humor. Solo eres capaz de levantar la vista cuando hablo yo. No cambies. Esa timidez tan efusiva me convulsiona, me excita, no puedo dejar de mirarte. No sé si hago lo correcto, pero mis ojos se clavan en tus mejillas, en tus labios, y en tu cabello cuando disimulas tu apetito, tras verme, desconectando de toda realidad, percibiendo un nerviosismo propio de mis amores, una inquietud infantil. Sé que estás hecha para mí, y tú también lo sabes.
Creas adicción, y haces que me vaya a la cama con algo por lo que soñar, motivos para levantarme, y sonreír. Poder verte a ti. Serás mía, seré tuyo, seremos juntos… Pero espera, no tengamos prisa, todavía no. Todavía nos queda algo por fingir.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario