domingo, 20 de junio de 2021

GÉNESIS

 

Pues llevo demasiado tiempo sin escribir aquí, supongo que porque no me venía la inspiración, o quizá porque ya tengo otra manera de escribir cosas más cortas para expresarme o sacar de dentro todo lo que llevo. O quizá porque me daba miedo. O porque simplemente estuve encerrado en mí. No lo sé.

Sinceramente, echaba de menos el ponerme música clásica y empezar a escribir lo que me sale de la cabeza, sin orden, sin esquemas, sin ningún tipo de filtro.

La verdad es que han pasado muchas cosas desde la última vez que escribí, porque he escrito 2 veces en los últimos 3 años. La última en noviembre, hace 8 meses, la penúltima en junio de 2018, hace 3 años.

Pasé por una época de autodestrucción, de pensamientos negativos sobre mí. No me gustaba yo mismo y, por lo tanto, creía que no les gustaba a los que me rodeaban. Aunque llegué a un punto donde llegué a pensar que le daba asco a la persona que estaba conmigo. No se el motivo, no sé el porqué. Quizá me afectan demasiado los cambios físicos que experimentó mi cuerpo: clapas en el pelo, psoriasis, ganar kilos… Todo eso me iba minando y me iba encerrando en mí mismo, porque me daba auténtica vergüenza que los demás pudieran verlo.

Me dejé el pelo largo, y pensé que ya estaría bien, ya estaría solucionado. Pero no.

Me tapé con calcetines largos en verano, cuanto más arriba mejor, y pensé que ya estaría bien, ya estaría solucionado. Pero no.

Me puse a dieta y perdí prácticamente 15 kilos, y pensé que ya estaría bien, ya estaría solucionado. Pero no.

Nada de eso estaba solucionado, las ideas de que no le gusto a la gente y que no me aceptarían, había calado muy dentro, muy muy dentro mío.

Hacia la fecha de mi cumpleaños, mi 32 cumpleaños, noviembre de 2020, fue un tiempo oscuro. Dejé de lado a todo el mundo, me encerré en mis pensamientos, en mis nocivos sentimientos, y eso es un puto problema, porque la bola se va haciendo más y más grande y no para de rodar, y se lleva todo por delante.

De esos meses aprendí.

La segunda, fue peor, fue por allá en febrero, y lo perdí todo. Hasta mi propia dignidad, por decir algo, porque creo que no tengo palabras para poder describir como me sentí. Me daba igual todo. TODO. Era una autodestrucción continua. Tal fue el punto en el que llegué hasta intentar suicidarme, y nada me hubiera importado. ¡SI, COÑO! ¡Y LO DIGO! Ahora ya no me da vergüenza reconocerlo, porque no hay que sentir vergüenza por tus defectos, por tus errores, lo único que importa es que no se vuelvan a repetir y aprender de ellos. Por suerte, (si se le puede llamar así) me di cuenta a tiempo de que no tenía al lado a la persona que más quería, y pude aprender y rectificar, y jamás tendré las suficientes palabras, ni los suficientes actos, para devolverle todo lo que me dio en aquel momento.

Y de la segunda, también aprendí.

Tuve 1 mes y medio, muy buenos, feliz, con la persona que quería tener a mi lado, yendo a terapia, alegre, viviendo momento felices en definitiva.

Ahora si viene la gorda.

¿Por qué? Pues porque soy imbécil, es así.

La tercera.

¿Por qué vino la tercera? Pues no lo sé. ¿Por qué no hay dos sin tres? ¡NO LO SÉ! Y me jode.

La tercera no tenía ningún tipo de sentido, porque había vuelto al trabajo que quería y me hacía ilusión, me estaba yendo todo rodado, bien en el trabajo, y bien con mi pareja, 0 problemas en casa. El baloncesto, ay el baloncesto, me dolió mucho que una persona a la que yo tenía mucho aprecio, pues digamos que no dijera cosas bonitas de mí, porque a quien yo considero “amigo” jamás se me ocurriría decir ni una sola mala palabra. Esa maldita cosa insignificante, me hizo volver a la espiral en la que volvía a pensar que no le gustaba a la gente, me hizo volver a pensar muchas veces, ¿Cómo puede ser que mi pareja esté conmigo, si soy una puta mierda? ¿Cómo puede ser que mi pareja esté conmigo, si hay miles de tíos mejor que yo? Es puta espiral de mierda que me volvió a llevar a perder confianza en mí mismo, en volver a encerrarme en mi mismo y en no abrirme y no hablar con los demás por miedo a equivocarme y que se enfadaran conmigo, y todo empeorara. Ahora lo miro desde la perspectiva del tiempo y me parece una gilipollez como la copa de un pino, pero en ese momento estás tan encerrado en ti mismo que no miras, ves ni oyes nada más.

Y de tercera, HE APRENDIDO.

Soy como soy, con mis virtudes y con mis defectos, no tengo miedo a expresar mis sentimientos, por ejemplo, a llorar si hace falta.

De la tercera he aprendido, pero he perdido. Y mucho. He perdido a esa persona que quiero tener a mi lado, la persona que quiero que en un futuro no muy lejano, se despierte a mi lado en la cama que compartamos bajo el mismo hogar. Y esa persona eres TÚ. Sí, TÚ! Irene, tú. Ahora te hablo directamente a ti.

Irene, me equivoqué, hice caso de cosas de las que no debería haber hecho caso, pero quiero que intentes entender que no sabía si nada de lo que estaba haciendo estaba bien hecho, y me deje guiar por lo que se supone que era un especialista. No quiero volver a pasar por esto ni una sola vez más. Y aún más importante, no quiero que TÚ vuelvas a pasar por esto, ni una sola vez más. Sé que eres mil veces mejor en todo que yo, pero quiero trabajar a tu lado para algún día poder llegar a ponerme a tu altura. No concibo una noche más sin escuchar tu voz, sin sentir tu respiración en mi pecho. No concibo no volver a ver cómo te echas medio paquete de queso en el arroz que te cocino. No puedo no viajar contigo en el coche, y no ponerte la mano encima de la pierna. O que en ese momento me agarres la mano y me la beses, (que es algo que no entiendo porque lo haces y me hace sentir incómodo, pero me encanta a la vez). No me imagino un futuro sin ti. Pero lo que sí me imagino es un futuro sin problemas, otra vez no, no creo que fuéramos capaces de pasar por algo así otra vez.

Irene. He sido un egoísta, un imbécil. Y lo siento. Pero este imbécil te quiere con locura y no puede pasar ni un día más sin decirte que te quiere. Y éste imbécil, te dirá que te quiere, y te lo demostrará cada día, porque soy incapaz de amar a nadie más. Apareciste por suerte, una llama de esperanza y me diste un amor, que no quiero dejar. Porque el amor que me has dado tú, no lo puede dar nadie. Quiero decírtelo sin palabras, con un acto, con una mirada, con un gesto, con un roce... Y por eso por lo que me lo he tatuado en la piel y en el alma. Porque así, cada vez que lo vea, me acordaré de que tengo que seguir siendo quien soy, para poder ser feliz.

QUIERO.

TE QUIERO. 

TE AMO IRENE!

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