miércoles, 17 de agosto de 2022

Recuerdos

No tengo muchos recuerdos de cuando era pequeño, y con pequeño me refiero a antes de los 8-9 años.

Tengo flashes, o fragmentos de recuerdos. Solo eso.

Recuerdo un complejo de chalets, un rio, mirar a la derecha y ver al fondo el mar. Al otro lado del rio, una carretera, un edificio grande gris, y una colina que se levantaba justo detrás. Recuerdo estar en la calle, jugando con dos vecinos (que no puedo ver sus caras) con un juguete de esos que tiene un muelle que te hace saltar. Era Deba.

Tengo el recuerdo de una calle y una verja verde enorme, con un colegio de fondo, creo que era Pontevedra, no lo tengo claro.

Recuerdo estar en clase con Don Alfredo y como nos golpeaba con una regla gorda de madera en las manos como castigo. Eso era Cuenca.

También recuerdo mi habitación en Guadalajara, una habitación que tenia la peculiaridad de que la cama se levantaba y se guardaba y parecía un armario, y que cuando iba a dormir, se bajaba. Recuerdo estar en el patio de la comunidad corriendo con mi bici de ruedas amarillas. Recuerdo tener uno de esos juguetes que le regabas la cabeza y crecía césped. Recuerdo tener la mano ensangrentada, y ver un cristal roto y que había golpeado uno de los cristales de la puerta del pasillo, recuerdo que era un problema con mi padre, pero no recuerdo que era.

Recuerdo que una tarde, mi madre se fue y me quedé solo con mi padre en casa. No me acuerdo ni siquiera si estaba mi hermano pequeño. De ese día solo tengo el recuerdo de que yo lloraba, y que recibí varias ostias en el culo y algún que otro bofetón. Insultos, gritos y más golpes. Yo lloraba y gritaba. Recuerdo escuchar las amenazas de mi padre de que si le decía algo a mi madre... en fin, supongo que ya sabéis, no tengo ni que decirlo.

Recuerdo ir con mi madre al alergólogo, y decirle que tenía hambre, y quería merendar, y por eso entramos al cajero. Recuerdo que justo cuando íbamos a salir, que mi madre había sacado 4000 pesetas para ir a comprar la merienda al Caprabo, en la puerta había un hombre con camiseta blanca, chaqueta oscura, tejanos claros, gafas de sol y unas bambas blancas, que nos empujó a mi madre y a mi hacia adentro y sacó una pistola, un revolver plateado, (que a día de hoy no sabemos aún si era falso o no), recuerdo que nos separamos uno a cada lado del cajero, y que mi madre después de unos segundos se abalanzó sobre él y le agarró la mano de la pistola, y que yo pude abrir el pestillo de la puerta del cajero, y salir a pedir ayuda. Recuerdo esa sensación de que me había meado encima, y efectivamente así fue. Salí pidiendo ayuda, y recuerdo la cara de la gente mirándome llorar mientras goteaba meado por mis pantalones. Tengo la imagen de ver al hombre con gafas de sol caminando por la calle Mandri, y girando por General Mitre.

Recuerdo un día estar en mi habitación, escuchar gritos, bajar de la cama por mi escalera, y ver a mi madre a través del pasillo con la luz de su habitación encendida, fuera de sus cabales, gritando y tirando cosas por el suelo, no voy a dar más detalles. La siguiente imagen que tengo es estar en el balcón de la terraza de mi habitación mirando como se abría la puerta y ver salir del parking un Opel Corsa rojo por la rampa, y recuerdo sentir alivio, ese sentimiento sí que lo recuerdo.

A partir de ahí, todo está mucho más claro. Recuerdo muchísimas más cosas. Muchísimos más recuerdos. ¿Por qué? ¿Será el alivio? ¿Será la edad? ¿O que nuestro cerebro a partir de esos años empieza a almacenar más cosas?

Yo, de los 0 a los 9 años. Esos son todos los recuerdos que he podido recordar durante el día de hoy.

Hoy me ha hecho pensar en mi infancia. El porque no tengo recuerdos de esa época, el por qué no consigo incluso haciendo memoria, recordar localizaciones o personas, o momentos. ¿Será el subconsciente?. ¿Será el cerebro, consciente, que borra según que recuerdos? No lo sé. No me preocupa ahora mismo.

Pero también he estado pensando en que no hay que darle vueltas al pasado. Ahí está y no se puede cambiar. Es más, cuando te das cuenta o eres consciente de que vas a morir, tarde o temprano, pones muchas más ganas en vivir y en querer crear recuerdos maravillosos.

Disfrutad de la vida, que cuando te des cuenta, se te habrá casi ido de las manos y no te habrás dado ni cuenta.


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