jueves, 15 de marzo de 2012

Cuando llegó...

Él se levantó un dia de buena mañana, abrió las cortinas y se volvió a tirar en la cama. La luz le alumbraba medio cuerpo, lo suficiente para adivinar su torso desnudo, mientras las sábanas cubrían su cuerpo hasta la altura del ombligo. Pensaba, en su cabeza retumbaban palabras, palabras vacías, palabras que no llevaban a nada. La habitación estaba sola, salió al pasillo, y camino hasta el salón. Cogió un làpiz, un pedazo de papel y se sentó en el sofá. La puerta del salón estaba medio abierta, y pese a la soledad del momento, escuchaba esas palabras que le perforaban la cabeza.

Se había despertado sin ganas de otro día, y se dijo a si mismo que iba a ser el último, que hoy iba a llegar su edén por fin. Lo asumió y no dudó, lo juró de corazón, no iba a ser una amenaza si no más bien una mentira que se iba a convertir en cierta, ya que su alma muerta ya lo advertía. Tomó el lápiz y el papel, y empezó a dibujar sobre él, letras, palabras... apenas 4 de ellas, Adiós Mamá y Papá se podia leer con dificultad en el papel mojado con lágrimas. Salió descalzo del salón y se imaginó en el suelo, tirado, muerto... y nadie lloraba.

Se imaginó paseando por una calle desierta, oscura, mientras las gotas de la lluvia le golpeaban en la cara. Las farolas lo observan y el paso en el tiempo le duele. El filo de la cuchilla cada vez le apreta más, no puede soportarlo, deseando llegar al final de la forma más fácil. "La vida no es bella" pensaba.... tan sólo buscaba estar solo ahora, en un laberinto sin salida, y dejó de pedirle ayuda a Dios. Hablaba con su consciencia a solas, y ella le pedía que apretara el gatillo mientras él se estremecía por el miedo a decir adiós. Él gritaba: "Lo siento si he fallado una vez más, he notado la vergüenza al mirarme en el espejo... perdóname Mamá, te lo suplico".

Sentado en la barandilla de un séptimo piso observando, escuchando, respirando... pero ya estaba muerto, se sentía muerto. Cansado. Estaba harto de vivir huyendo siempre del pasado, era un cobarde. Se había rendido más de una vez antes de terminar la lucha que había empezado. Tan sólo quería poner un punto final a su libreta de historia incompleta... no quería ni luchar, quería terminar con todo.

Páginas en blanco tintadas del rojo de su sangre, no merecía ni una lágrima, era su nota de suicidio... y llegó tarde. Había firmado un documento con Satanás para liberarse, sólo tenía que saltar, sin más.

Tenía la nota entre sus manos... la leía una y otra vez. Decía: Y siento como si ya estuviera muerto, pero en el mundo de los ciegos el rey es el tuerto. Siento que no pertenezco a éste lugar, por eso no quiero vivir más, es demasiado duro. Decidle a mi madre que siempre la quise y que lo siento. A mi hermano que busque mis palabras en el viento, cuando sople"

Y saltó, saltó al vacío. A un vacío que nunca se acababa, su vida pasaba por delante de sus ojos y el tiempo se paró, mientras su alma pedía salir de su cuerpo ya...

Estaba solo en un silencio que molestaba, y gritó. Pero nadie le escuchó. En el salón no había nadie, tan sólo él y la nota desdibujada en el papel. Caían gotas de sudor y de sus ojos en su nota. De repente se abrió de par en par la puerta del salón, y allí estaba ella. Mirándolo con ternura, dibujando una sonrisa de felicidad al descubrir que había llegado a tiempo. Él se incorporó, dió dos pasos para dar media vuelta y mirándola a la cara mientras le resbalaba una lágrima por la mejilla, le dijo: "Gracias"

No obtuvo respuesta alguna, ni un simple comentario, pero los ojos de ella gritaban un "Te quiero". Él nunca creyó que pudiera llegar esa palabra a través de una mirada... Pero cuando llegó... Supo que era el hombre más afortunado del mundo.

Namaste

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