lunes, 29 de mayo de 2017

Aprendiz de la vida...

Aprendí que lo que es para siempre son los sentimientos, pero no las personas.
El amor o el cariño que uno siente por alguien siempre permanece en nuestro corazón, sin embargo no ocurre así con las personas.
En la vida nos cruzamos con seres que adoramos y que esperamos que siempre estén ahí con nosotros y en cierto modo lo están, pero es a través de nuestro corazón, de ese sentimiento que sentimos, pues aunque no queramos en algún momento se van, en algún momento ya no podemos ver más sus rostros, ya no sabemos que pasó con ellos, ni porque dijeron adiós o porque se fueron sin decir ni una palabra.
Es el cariño o el amor que sentimos lo que hacen que jamás los olvidemos, que cuando hacemos un gesto o hagamos algo nos acordemos de ellos. Si, es ese sentimiento el que vive y está por siempre al lado nuestro acompañándonos.
Aprendí que uno puede llegar a perdonar mas de lo que uno cree. Cuantas veces hacemos encuestas que dicen ¿perdonarías una infidelidad? ¿perdonarías una traición? ¿perdonarías una mentira? Y por lo general decimos no, o decimos depende ¿de que depende?
Acaso sabemos de que depende?. No.
Aprendí que si uno quiere a alguien es muy difícil luego odiarlo.
Aprendí que el silencio es bueno cuando necesitamos estar con nosotros mismos.
Aprendí que una verdad puede dolerte y hacerte llorar unos cuantos días, pero que una mentira te marca para siempre.
Aprendí que la sociedad es un baile de máscaras, donde cada uno oculta su personalidad, y ocultándola, al mismo tiempo la revela.
Aprendí que siempre es mejor hablar a quedarse callado. No se trata simplemente de pelear, sino de hablar, de buscar una solución a todo y salir adelante.
Aprendí que no hay que esperar a que el otro actué, pues jamas sabemos cuando el otro necesita que nosotros lo llamemos o le digamos que estamos ahí.
Aprendí que si quiero que alguien me llame, es mejor que no espere y que lo haga yo, la vida no es tan larga y el vivir ocultando lo que uno desea no es la mejor solución.
Aprendí que una sorpresa con cariño siempre roba una sonrisa. Que jamas se dicen demasiados "te quiero", que siempre se necesita oír uno más y que jamás es tarde para pedir perdón.
Aprendí que aunque yo hoy no tenga sueños, siempre es bonito soñar y soñar despierto, porque la vida en si es un sueño.
Aprendí que no es malo pedir ayuda, ni tampoco mostrar que tenemos miedo, quizás al hacerlo nos sorprendemos y vemos que no somos los únicos que nos sentimos así.
Aprendí que la mejor voz siempre es la de mi corazón y la de mi alma, que cuando dejo hablar a mi orgullo, a mi soberbia, a mi mente por lo general termino haciendole daño a alguien y termino haciéndome daño a mi mismo.
Aprendí que siempre hay en nuestro corazón un lugar para alguien nuevo.
Aprendí que es tan sencillo robar una sonrisa pero que no siempre lo hacemos y aun no entiendo por qué.
Aprendí que las desilusiones también son necesarias, que son parte de la vida. Que a veces solo a partir de ellas aprendemos a no cometer el mismo error.
Aprendí que los celos si son simples y no obsesivos no son malos, que muchas veces nos muestran que alguien nos quiere.
Aprendí que es lindo tener una ilusión cada día.
Aprendí que no existen imposibles, que es el hombre el que los crea, nosotros ponemos tantas trabas a nuestras vidas, que se nos hace imposible hacer miles de cosas. Nos ponemos horarios, valores, burocracias. Vivimos poniéndonos limites y luego nos quejamos de ellos mismos.
Aprendí que a veces no necesitamos palabras, sino amor, que un abrazo fuerte puede darnos mas paz y regocijo que miles de palabras.
Aprendí que es bueno a veces mirar a lo lejos y tratar de ver mas allá de lo que nuestros ojos pueden ver. Sentarse en un lugar alto y ver todo desde arriba y luego sentarse bien abajo para poder tener todas las perspectivas posibles. Es increíble lo que uno puede descubrir al mirar algo desde sus distintos lados.
Aprendí que no hay una verdad, sino que esta la mía, la tuya y la de él. Que todos desde nuestro punto de vista tenemos tenemos razón, que simplemente sentimos y pensamos diferente.
Aprendí que cada persona es un maestro y un aprendiz. Que cada cosa que nos cruzamos en la vida se convierte en nuestro aprendizaje y a su vez nosotros mismos le enseñamos también.
Aprendí que la peor ceguera es la de nuestra alma y no la de nuestros ojos.

Aprendí que no me alcanzará esta vida ni la otra para poder seguir aprendiendo y entendiendo porque a veces actuó como lo hago, porque si a veces tan sólo quiero decir te quiero.
Aprendí que la memoria no borra, esconde.
Aprendí que el tiempo no cierra heridas o cicatrices, pero ayuda a sanar.
Aprendí a no ser vulnerable cuando me decían las verdades aunque dolieran.
Aprendí a escuchar cuando oía el silencio.
Aprendí a pedir perdón cuando me di cuenta del error.
Aprendí a reír dormido cuando soñé con mis futuros hijos.
Aprendí a recordar cuando entendí que todo vale la pena.
Aprendí que no termina, que cambia de forma.
Aprendí que no se puede vivir eternamente y aprendí que si compito contra el tiempo, siempre pierdo.
Aprendí que nada es tan malo y que me gusta caminar para disfrutar en una carrera.
Aprendí que hay que rodear y llegar al otro lado para darse cuenta de que siempre es lo mismo.
Aprendí que los amores eternos pueden terminar en una noche, que grandes amigos pueden volverse grandes desconocidos.
Aprendí que el amor tiene la fuerza que nunca imaginé.
Aprendí que todavía no inventaron nada mejor que el abrazo de alguien importante.
 Aprendí que el que quiere puede y lo consigue.
Aprendí que a veces el que arriesga no pierde nada y que perdiendo también se gana.
Aprendí que no se puede dar marcha atrás por mucho que se quiera.
Aprendí que nadie, durante un período considerable, puede llevar un rostro para él mismo y otro para la multitud, sin tener que preguntarse finalmente cuál de los dos es real.
Aprendí que parece existir cierto tipo de orden en el universo, en el movimiento de las estrellas, en los giros de la tierra y en el cambio de las estaciones, pero que las personas somos un caos. Todos adoptamos una actitud, afirmamos nuestros propios derechos y sentimientos, confundiendo los motivos de otros con los nuestros.
Aprendí a vivir con paciencia y a trabajarse las cosas, porque es así como luego tienen más valor.
Aprendí a que un "no", un "de momento no" o incluso un "prefiero que ahora no", no son definitivos, y que si sigues ahí tarde o temprano volverán y te volverán a tener en cuenta.


Aprendí esto, y muchas cosas más, difíciles de redactar todas en un escrito. Aunque también aprendí que no hay que hacer listas así, porque al fin y al cabo, tardarías más tiempo escribiendo las cosas aprendidas, que en vivir... y recuerda que tienes que vivir, porque no sabes cuando esto va a terminar.

Poco más que añadir.


Namaste




No hay comentarios:

Publicar un comentario