«El día en
el que todo cambiará»
«En toda la
naturaleza, el crecimiento implica aceleraciones y transformaciones periódicas:
las cosas van lentas durante un tiempo y parece que no ocurra nada, hasta que
de repente la cascara del huevo se rompe, la rama florece, la cola del
renacuajo desaparece, la hoja cae, el pájaro muda sus plumas o la hibernación
comienza. Pasa lo mismo con nosotros, aunque las señales no sean tan claras
como en el mundo de las plumas y de las hojas, la función de las épocas de
transición es exactamente la misma. Las transiciones preparan el terreno para
un crecimiento nuevo. Hacen caer el telón para que el escenario esté listo para
la siguiente escena. A estas alturas de tu vida: ¿qué es lo que está esperando
entre bastidores dentro de ti aguardando su turno para entrar en escena?»
(William
Bridges, El camino del cambio)
Los
principales cambios de la vida no se anuncian, ocurren. Conocemos a alguien,
nos ofrecen un nuevo trabajo, surge una oportunidad profesional en otra
ciudad, nos enfrentamos a una adversidad inesperada… De repente, algo así nos
sorprende y nos cambia por completo la vida, y ello mientras nosotros andamos preocupados
y ocupados en otras cosas.
Si lo
pensamos bien, la mayor parte de nuestras preocupaciones giran en torno a cosas
que al final nunca ocurren, o al menos no de la manera en que las pensamos. Es
a los problemas en los que no nos detenemos a pensar a los que hay tener mayor
miedo.
En esencia,
quizá podáis pensar que nada cambiará nunca en vuestra vida, cansados de
esperar tanto tiempo que algo cambie, pero un día os levantareis y aquello que
no había surgido hasta entonces, aflorará de repente y os daréis cuenta de que
consumida ya una etapa, comienza la siguiente. Un día concreto, un solo día, y
aunque en varios años antes no haya cambiado nada…
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