miércoles, 16 de julio de 2014

Carpe Diem...



«El día en el que todo cambiará»
«En toda la naturaleza, el crecimiento implica aceleraciones y transformaciones periódicas: las cosas van lentas durante un tiempo y parece que no ocurra nada, hasta que de repente la cascara del huevo se rompe, la rama florece, la cola del renacuajo desaparece, la hoja cae, el pájaro muda sus plumas o la hibernación comienza. Pasa lo mismo con nosotros, aunque las señales no sean tan claras como en el mundo de las plumas y de las hojas, la función de las épocas de transición es exactamente la misma. Las transiciones preparan el terreno para un crecimiento nuevo. Hacen caer el telón para que el escenario esté listo para la siguiente escena. A estas alturas de tu vida: ¿qué es lo que está esperando entre bastidores dentro de ti aguardando su turno para entrar en escena?» 

(William Bridges, El camino del cambio)

Los principales cambios de la vida no se anuncian, ocurren. Conocemos a alguien, nos ofrecen un nuevo trabajo, surge una oportunidad profesional en otra ciudad, nos enfrentamos a una adversidad inesperada… De repente, algo así nos sorprende y nos cambia por completo la vida, y ello mientras nosotros andamos preocupados y ocupados en otras cosas.

Si lo pensamos bien, la mayor parte de nuestras preocupaciones giran en torno a cosas que al final nunca ocurren, o al menos no de la manera en que las pensamos. Es a los problemas en los que no nos detenemos a pensar a los que hay tener mayor miedo.

En esencia,  quizá podáis pensar que nada cambiará nunca en vuestra vida, cansados de esperar tanto tiempo que algo cambie, pero un día os levantareis y aquello que no había surgido hasta entonces, aflorará de repente y os daréis cuenta de que consumida ya una etapa, comienza la siguiente. Un día concreto, un solo día, y aunque en varios años antes no haya cambiado nada…

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