Hay momentos en los que caminas por la vida preguntándote el por qué de
las cosas, en si las cosas suceden por algún motivo, en si existe el
destino... en fin, si existe la casualidad, o la causalidad. Y en esos
momentos de dudas es cuando no puedes o no sabes dar una respuesta
lógica o con argumento a todas esas imágenes, situaciones o instante que
se entrecruzan en tu mente. Quieres escapar, esconderte, huir, dejar
todo de lado para no tener que pensar más en ello, como si te engañaras a
ti mismo diciendo que si cortas de raíz algo, va a resultar más fácil
de sobrellevar.
Luego es cuando sacas tu pasión, tu carácter, tus emociones, y tu cabeza
no razona, hablas con el corazón y se podría decir que las palabras o
las frases "no pasan por montaje". Te lanzas, disparas, pero más tarde
te retractas y te das cuenta de que nada de lo que has dicho tiene
apenas valor.
Percibes y entiendes, que la gente tenga miedo a arriesgar, que es una
de las cosas más normales en este mundo, pero tú, no lo entiendes.
Y ahí, en ese instante, es cuando te preguntas, Por qué?
Te preguntas por qué ahora, y no antes, te preguntas por qué así y no de
otra manera, te preguntas por qué aquí y no en otro lugar. Por qué sufres
tú? Quizá porque te toca a ti, porque el destino, la casualidad o la
causalidad te hace ser el apuntado por el dedo del azar, el marcado.
En ese mismo momento se te pasan por la cabeza miles de sentimientos,
tristeza y felicidad, egoísmo y altruismo, decepción y esperanza, y
tienes tal disolución de sentimientos en el estómago, que tu cuerpo
empieza a temblar, tus ojos a humedecerse y tu barbilla a sacudirse. Te
das cuenta de que tienes muchos sentimientos mezclados, pero el que
predomina es la tristeza, tristeza de que no puedas ser tú, tristeza de
que se encuentre la felicidad en otros brazos, en otros labios, en otros
ojos. Pero de golpe, ese sentimiento de tristeza, se convierte en
felicidad, porque te das cuenta, minutos después, que quizá has ayudado a
una persona, a trazar una línea más en su lienzo de vida. Y mantienes
la esperanza de que ese trazo, en un futuro, vuelva a tomar una
dirección hacía a tí.
Te sientes feliz, de haber podido compartir esos preciosos momentos con
esa persona, de poder haberla hecho sonreir, reir, sentir algo por tí
durante apenas un segundo. Y te quedas con eso, que es una persona
maravillosa, que aunque te esté haciendo sufrir, quizá sea la mejor que
hayas conocido, por eso te entristeces y te alegras al mismo tiempo.
Deseas poder abrazarla de nuevo, tenerla entre tus brazos, poder sentir
su respiración, y hacerla entrar en una zona de seguridad. Pero no es
posible, porque no la tienes a tu lado,no la siente, no la puedes
abrazar y te despiertas en medio de la noche, esperando encontrar a esa
persona a tu lado, y lo único que encuentras son sábanas y aire,
soledad. Y deseas con todas tus fuerzas que esa sensación y esa
situación, en un futuro se vuelva a repetir. Mantienes la esperanza
mientas te sientes solo, quieres luchar pero estás solo, y el camino es
cuesta arriba... y solo.
Entonces la gente te dice que no estás solo, pero te sientes solo.
Y sentirse solo no está mal, pero es mucho peor el no saber porque....
Namaste
No hay comentarios:
Publicar un comentario