domingo, 13 de julio de 2014

No saber por qué...

Hay momentos en los que caminas por la vida preguntándote el por qué de las cosas, en si las cosas suceden por algún motivo, en si existe el destino... en fin, si existe la casualidad, o la causalidad. Y en esos momentos de dudas es cuando no puedes o no sabes dar una respuesta lógica o con argumento a todas esas imágenes, situaciones o instante que se entrecruzan en tu mente. Quieres escapar, esconderte, huir, dejar todo de lado para no tener que pensar más en ello, como si te engañaras a ti mismo diciendo que si cortas de raíz algo, va a resultar más fácil de sobrellevar.

Luego es cuando sacas tu pasión, tu carácter, tus emociones, y tu cabeza no razona, hablas con el corazón y se podría decir que las palabras o las frases "no pasan por montaje". Te lanzas, disparas, pero más tarde te retractas y te das cuenta de que nada de lo que has dicho tiene apenas valor.

Percibes y entiendes, que la gente tenga miedo a arriesgar, que es una de las cosas más normales en este mundo, pero tú, no lo entiendes.

Y ahí, en ese instante, es cuando te preguntas, Por qué?

Te preguntas por qué ahora, y no antes, te preguntas por qué así y no de otra manera, te preguntas por qué aquí y no en otro lugar. Por qué sufres tú? Quizá porque te toca a ti, porque el destino, la casualidad o la causalidad te hace ser el apuntado por el dedo del azar, el marcado.

En ese mismo momento se te pasan por la cabeza miles de sentimientos, tristeza y felicidad, egoísmo y altruismo, decepción y esperanza, y tienes tal disolución de sentimientos en el estómago, que tu cuerpo empieza a temblar, tus ojos a humedecerse y tu barbilla a sacudirse. Te das cuenta de que tienes muchos sentimientos mezclados, pero el que predomina es la tristeza, tristeza de que no puedas ser tú, tristeza de que se encuentre la felicidad en otros brazos, en otros labios, en otros ojos. Pero de golpe, ese sentimiento de tristeza, se convierte en felicidad, porque te das cuenta, minutos después, que quizá has ayudado a una persona, a trazar una línea más en su lienzo de vida. Y mantienes la esperanza de que ese trazo, en un futuro, vuelva a tomar una dirección hacía a tí.

Te sientes feliz, de haber podido compartir esos preciosos momentos con esa persona, de poder haberla hecho sonreir, reir, sentir algo por tí durante apenas un segundo. Y te quedas con eso, que es una persona maravillosa, que aunque te esté haciendo sufrir, quizá sea la mejor que hayas conocido, por eso te entristeces y te alegras al mismo tiempo.

Deseas poder abrazarla de nuevo, tenerla entre tus brazos, poder sentir su respiración, y hacerla entrar en una zona de seguridad. Pero no es posible, porque no la tienes a tu lado,no la siente, no la puedes abrazar y te despiertas en medio de la noche, esperando encontrar a esa persona a tu lado, y lo único que encuentras son sábanas y aire, soledad. Y deseas con todas tus fuerzas que esa sensación y esa situación, en un futuro se vuelva a repetir. Mantienes la esperanza mientas te sientes solo, quieres luchar pero estás solo, y el camino es cuesta arriba... y solo.

Entonces la gente te dice que no estás solo, pero te sientes solo.

Y sentirse solo no está mal, pero es mucho peor el no saber porque....


Namaste

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