Pues resulta que la sociedad tiene muchas cosas buenas. Pero igual que tiene cosas buenas, tiene cosas malas o muy malas.
Hoy quiero enfocarme en algunas, en particular en dos.
El problema que tenemos con el miedo a que dirán.
Sí, eso es un problema. ¿Cómo? ¿Qué a ti te da igual lo que
piensen y digan de ti? Wow, pues te felicito, pero no todos tenemos o teníamos
esa suerte.
Me explico, con el primero.
Uno de los estándares que la sociedad nos enseña, y que no
me he cansado de oír durante muchos años, es que los chicos no lloran. Hay que
ser duro, sobreponerse a las adversidades, y no derramar una sola lágrima.
Madres, profesores, entrenadores, compañeros, amigos… TODOS te van diciendo que
los hombres no lloran, y te van llenando esa cabecita de esos pensamientos que
para ser un hombre “bien”, no debes llorar. Da igual la cantidad de desgracias
que te puedan ocurrir, o los errores que puedas cometer. Traga y aguanta, como
un “campeón”. Pues bien, aquí es donde yo me revelo, sí, ahora, no antes, pero
que lo haga ahora, lo veo incluso más importante. Me explico.
Yo llevo prácticamente dos semanas, que lloro cada día, a
veces no se ni por qué, pero otras sí que lo sé, y os puedo garantizar, que
puede durar 5, 10, 15 minutos o incluso 1 hora de llanto como me pasó esta
semana, pero cuando terminas, te sientes diferente, en mi caso, me sentí
liberado, como si fuera más ligero.
No quiero reprimir más los llantos, porque encuentro que es
contraproducente hacerlo, vas llenando la mochila y luego es más difícil
vaciarla. Me pasa en el metro, lloro. Me pasa por la calle, lloro. Me pasa en
el trabajo, lloro. Me pasa en mi habitación, lloro. Me da igual que haya gente
o no, me importa una absoluta y completa mierda. Si tengo que llorar, lloro, es
por mi bien, porque desde ahora, no pienso volver a estar tan mal como estuve
anteriormente, y si tengo que llorar, no me va a dar vergüenza de hacerlo, no
me importa lo que piensen de mí.
Ayer, volviendo a casa, en el metro, me puse a llorar, pasé
de 0 a 100 en apenas 5 segundos. La señora que estaba al lado, se giró a
mirarme, e incluso se levantó y se fue a la otra punta del vagón. En cambio, la
chica que estaba sentada delante de mí, me miró, se levantó, se arrodilló ante
mí, y me agarró la mano, y me dijo: “Te importa si me siento a tu lado?”, negué
con la cabeza, y se sentó. Me pasó la mano por la espalda hasta mi hombro, me
acarició el hombro y la espalda por encima de la chaqueta y no hizo nada más.
No hablamos nada más. Llegó mi parada. Le di las gracias y bajé del vagón para
salir del metro e irme a casa. Desde aquí, quiero darle las gracias a esa
persona. No me sentí desplazado, no me sentí juzgado. Me sentí arropado, y sin
necesidad de usar ninguna palabra de consuelo. Por la noche, reflexionando, me
di cuenta de que esa persona había hecho mucho por mí, sin ella saberlo.
El otro tema que me tiene un poco cabreado es el tema de las
“problemas” mentales.
¿Por qué lo pongo entre comillas? Porque cuando se habla de problemas
mentales, se suele atribuir a: esquizofrenia, demencia, delirios, trastornos
bipolares o múltiples..
Nadie piensa en que la ansiedad es un problema mental
también, pero como no está (o nos creemos que no está) “tan” dentro de la
sociedad, la pasamos por alto. Y lo mismo pasa con el TOC.
Este tipo de problemas mentales, llevan al individuo a no
entender que es lo que le está pasando, pero como hay que estar bien, pues uno
se hace el fuerte para estar bien, y no entiende que haciendo eso, empeora.
No hay tampoco ninguna opción en la sanidad pública, (opción
de calidad) que tengan las herramientas adecuadas. Yo mismo fui al psicólogo de
la seguridad social hace mucho tiempo, y salí en 15 minutos de la consulta, con
una receta de ansiolíticos, que por supuesto no tomé ni la mitad de las
pastillas.
De las mejores cosas que he podido hacer en mi vida, es
seguir el consejo de mi pareja y asistir a una terapia con una persona que me
está ayudando mucho. Lo estoy combinando con la lectura de un libro, que
sinceramente, me está cambiando la forma de ver las cosas, me está cambiando la
mente. En definitiva, las dos cosas, me están cambiando la vida.
Yo tengo miedos, por supuesto, como los tenemos todos, es
prácticamente imposible que una persona no tenga miedo a algo. Todos tenemos
miedo, a 1 o 2 cosas por lo menos. El problema es cuando lo que se tiene es
(ATENCIÓN) “miedo al miedo”. Yo como he dicho antes, tengo miedos, por
supuesto, y en un post anterior, los relaté (algunos). Pero el paso que he
hecho es el más importante y con el que he notado diferencia. NO LE TENGO MIEDO
AL MIEDO. Es normal tener miedos, ¡CLARO!, pero los afronto de cara, dejo que
entren, pero que no me alteren y busco la manera de combatirlos. No me intimidan,
no me bloquean. Os voy a poner un ejemplo.
Tengo una fobia/miedo, a veces fuera de lo común a insectos
voladores, más concretamente a abejas o avispas. (De hecho, hace meses me picó
una). Normalmente, cuando escucho un zumbido, salgo disparado en la otra
dirección de donde viene ese zumbido. ¿Ya estáis en contexto no? BIEN.
Esta mañana, estaba sentado en mi habitación, estudiando con
la ventana abierta, y he oído un zumbido. ¿Mi reacción? Al principio, se me ha
acelerado todo un poco, pero en ese momento, me ha venido a la cabeza, “afronta
ese miedo”, y no me he movido, me ha subido algo por el estómago, pero no me he
movido y la abeja al final se ha ido. Para vosotros puede parecer un ejemplo
muy estúpido, pero para mí, ha sido un logro, un empujón hacia adelante, me he
dado cuenta de muchas cosas.
Ten miedos, pero no tengas miedo al miedo. Vivimos en una
sociedad en la que el miedo es como algo tabú. Todo el mundo TIENE QUE/DEBE ser
feliz, sonreír siempre, subir historias bonitas y felices, todo lleno de luz y
de color.
No nos olvidemos, que hay más oscuridad y sombras de las que
nos pensamos, pero eso, si luchamos contra ello y sabemos cómo hacerlo,
entonces ahí, vamos a poder conseguir ser felices.
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