Cuando abre la boca y emergen de ella las palabras, rompe mis dudas de que no quiero a nadie más en mi vida, y, que si por mí fuera, cambiaría todas las estaciones del año por el calor de sus abrazos y sus caricias.
Ella no debería tener dudas sobre lo que siento, ni sobre lo que es capaz de lograr con su ternura. Si me dieran elegir el lugar más bonito donde quedarme, elegiría mil veces su sonrisa. Su sonrisa y su mirada, y sus manos que tanto me encantan. Su remolino en el pelo y sus mejillas que se sonrojan cuando le digo que me encanta.
Ella es preciosa, igual que ese silencio en el que no encuentro palabras, porque lo que siento es mucho más bonito de lo que puedo explicar.
Ella vino así, como un huracán de paso en mitad de mi desastre, y en lugar de desordenarlo todo, puso las cosas en su sitio.
"Quiero hacerte feliz"-. Me dijo.
Ella vino cuando estaba cayendo y en el aire cogió mi mano, amortiguó el golpe, recogió las piezas rotas de mi vida, y aún a riesgo de cortarse con ellas, las fue pegando, cachito a cachito, pieza a pieza. Me abrazó con fuerza, evitó que siguiera tropezando.
Me enseñó un nuevo camino. Un camino que quiero recorrer hasta el final con ella.
Casi siempre le pido que me hable, porque su voz me suena a victoria, su voz, me abraza, y me lleva a un paraíso.
Y yo no se si voy a tener la oportunidad y el tiempo suficiente en esta vida como para pagar, o por lo menos, corresponder, tanta suerte.
Ella sabe que no existe nadie más que pueda ofrecerme lo que ella me da. Y aunque a veces lo dude, yo estaré aquí para recordárselo, porque creo que esa será mi manera de corresponder tanta suerte.
No hay comentarios:
Publicar un comentario