Me siento avergonzado de mi actitud del martes pasado.
Siento mucho el cómo me puse, y el cómo me comporté contigo.
Fue un acto de inmadurez, un acto de cómo no quiero ser. Pese a ser momentos
muy difíciles para mí, volví a ser egoísta y pensé solo en mí, cuando justamente
no es lo que quiero hacer, y me siento mal por lo que hice, muy mal.
Yo sé que tú lo entiendes, que entiendes que lo estoy
pasando muy mal y que son momentos duros para mí, como también creo que tú también
tienes tus momentos malos. Espero que lo
entiendas y que tal como eres tú, una persona maravillosa, no me tengas en
cuenta ese comportamiento.
Me he decepcionado, y me duele. Porque por un momento de
debilidad, he vuelto a provocar algo negativo.
Me encantaría enviarte cosas, o etiquetarte en ellas, tengo
una carpetita en la que tengo guardadas tantas cosas… pero no quiero hacerlo,
llevo 3 días sin querer hacerlo, aunque me cueste, porque así me lo has pedido.
Creo que no hay mejor forma de demostrarte mi cambio que con actos. Te echo de
menos cada segundo, y lo único que me reconforta es que cada segundo que pasa,
es un segundo menos que queda para poder volver a tenerte en frente de mí y
volver a abrazarte.
He encontrado en escribir una forma de relajarme y de poder
escribir lo que siento, que sabes que a veces soy malo expresándome de voz, a
veces soy mejor con las letras. Supongo que también, escribir es algo que me ayuda a poder comunicarme contigo, algo que está ahí, que no sé si lees o no, pero lo escribo, y si hay suerte, lo leerás.
Escribir me ayuda a recordar, me ayuda a pensar.
Hoy he estado recordando el momento en el que, bajando de
Andorra, en coche, sin saber el porqué, me puse a llorar, y tú me agarraste la
mano, y me dijiste: “no llores, porque si no voy a llorar yo”. Ahora mismo, me
harías tanto bien. Me ayudarías tanto ahora mismo. Y a la vez te ayudaría tanto
a poder comprender por todo lo que estaba pasando. Ahora soy yo el que quiero agarrarte la mano, en momentos como esos, para hacerte sentir en casa. Tu eres mi casa, tu eres hogar, en esos momentos.
Aunque no solo en esos momentos. Desde hace 4 meses que empecé
las sesiones con la psicóloga, te pedí paciencia, y tu me la diste, porque sabías que me iba a recuperar, porque al hablar con la
psicóloga, me dijo que iba a tener que hacer mucho trabajo personal, que no
tuviera miedo a cerrarme en mí mismo si eso iba a significar que todo se iba a
solucionar. Y eso hice, mucho trabajo personal, pensar, pensar, pensar. Aunque sé que a ti te parecía que te iba contando las cosas a cuentagotas. Siento mucho si durante estos 4 meses, en algún momento
te he hecho sentir que no había solución o que volvía a las andadas, no era
así. No podía o no quería hacerte partícipe, hasta poder analizar todo, y poder
explicártelo todo un día tranquilamente sentados, tomando una cerveza, para
lograr que entendieras esos 4 meses anteriores. Ese día no llegó, o no ha
llegado de momento, pero esperaré.
Esperaré porque vale la pena.
No hay comentarios:
Publicar un comentario