La verdad es que llevo muchos meses pensando en que mi lugar ahora mismo no está en Barcelona. Muchos.
¿Por qué no me he ido? Pues porque tenía a alguien que cuando estaba con ella, sentía como si estuviera en otro lugar. Me hacía sentir bien, me hacía sentir que estaba en el lugar correcto, porque con ella todo era mejor. Pero nunca se lo dije. A veces tenía la sensación de que ella lo sentía y lo sabía. Pero no, nunca se lo dije.
Aproximadamente, un año atrás, me moví de centro de trabajo, llegué a Cornellà, un sitio más tranquilo, sin tanto ajetreo, y ahí pensé que estaría bien. Pero no, me engañaba a mí mismo, seguía con las ganas de querer irme. Incluso alguna vez se me pasó por la cabeza, decirle a mi pareja, que ya que ella había trabajado en Irlanda, podía preguntar si había algo para los dos, e irnos. A la aventura, a seguir forjando un camino juntos. Pero nunca lo dije. No sé el por qué. Y ahora me arrepiento. Siempre pensaba muchas cosas, pero eran pocas las veces que me atrevía a decirlas.
Ahora mismo, he vuelto a mí antiguo centro de trabajo, y la verdad es que con todo lo que ha pasado en el último mes, se me está haciendo muy cuesta arriba. Coches, ruido, ajetreo de gente, recuerdos... es muy complicado. Pero voy a conseguir sobrellevarlo de la mejor manera posible.
No obstante, sigo pensando que ahora mismo, mi lugar no está en Barcelona.
¿Y si dejo mi trabajo y me voy con ella? No puedo. Pero no por miedo a perder un trabajo, porque puedo conseguir otro en cualquier momento en el que vuelva. Si no porque tengo que respetar que ella no quiere o puede dejarme ir.
¿Cuánto tiempo voy a conseguir aguantar aquí? No lo sé, pero voy a dar lo mejor de mí para conseguirlo. Porque se puede.
Esta ciudad es genial, no nos engañemos, pero no tiene lo que necesito ahora mismo, y tal como he dicho antes, no tendría reparo en dejarlo todo, tomarme unos meses sabáticos para poder desconectar y disfrutar de la paz y liberación que estoy experimentando. Siempre he sido una persona de naturaleza, incluso cuando en casa de mis abuelos, me sentía mal, cogía la bicicleta y me perdía por el monte con ella, me subía a un árbol y disfrutaba del sonido de la naturaleza. Entenderéis que me siento atrapado en esta ciudad, que está muy bien, lo tienes todo a tu alcance, pero al mismo tiempo, me falta lo que más necesito. Paz.
El pensar que ahora mismo podría estar caminando por la playa, metiendo mis pies en el agua congelada, y sintiendo el olor a mar, ese viento que levanta el olor a sal que es tan placentero para mí. El poder por las mañanas salir a caminar o correr por los prados y descubrir lugares nuevos cada día para poder llegar a casa y enseñártelos en los días siguientes.
Siento que tengo que pasar ese tiempo junto a ti. Porque no, no voy a negar que me muero de ganas de pasar estos meses contigo, pero cuando no se puede no se puede. Hay que aguantar, todo llegará.
Estoy cansado de pensar muchas cosas y no decirlas. El hecho de poder escribir cada día aquí, me permite desahogarme y sacar muchas cosas que antes guardaba dentro, por error. Cada día que paso alejado de ti, intento decirme a mi mismo: "tranquilo, es como si estuviera de vacaciones, volverá en navidades". Pero cuando llevo meses sintiendo que no debería estar aquí, y que envidio justamente el lugar donde estás... es muy difícil.
El día que me dijiste que te ibas a Irlanda, ese mismo día en el que llevaba el anillo en el bolsillo izquierdo de mi chaqueta, cuando me lo dijiste, pensé: "No me lo puedo creer, voy a poder conseguir salir de aquí finalmente", y fueron 5 segundos de una emoción increíble, no puedo describirlo con palabras. Irme de Barcelona, contigo, a un lugar que ya me habías dicho previamente que querías enseñarme, a seguir construyendo un futuro juntos, a seguir con mi cambio, relajado, con mis sesiones de terapia... pero no. 5 segundos después vino el mayor jarro de agua fría que jamás me han dado. Tenía tan cerca la libertad junto a ti, y de golpe, se esfumó. Considero ese momento o ese día, como queráis llamarlo, uno de lo más duros de mi vida. Se me vino el mundo encima.
Si todavía me quieres, entenderás este escrito de la forma que espero. Como una llamada al perdón, a la contrición, y a demostrarte el cambio que estoy haciendo.
Jamás voy a dejar de quererte, y en cuanto tenga solucionado todo aquí, voy a hacer todo lo posible para ir a buscarte, mirarte a los ojos, mientras camino hacia ti, abrazarte, cogerte en brazos, besarte hasta que nos caigamos al suelo y no volver a soltarte nunca más.
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