Hoy he tenido la “última” sesión con mi coach/psicóloga, por motivos personales, hay que dejar esa etapa aquí, pero no me apena. La verdad es que han sido 3 meses largos, de muchísimo trabajo interno, pero hemos llegado ambos a la conclusión o reflexión de que soy capaz de seguir con este proceso solo. Seguir el camino solo. Eso sí, siempre que lo necesite, voy a tener una persona para poder seguir en ese proceso, pero tal como he dicho, sólo si lo veo necesario. Hoy, ahora, puedo decir que el cambio ha sido tan drástico, que me atrevería a llamarlo “milagro”, aunque soy consciente de que los milagros no existen.
El proceso ha sido largo e intenso estos últimos meses, con muchos momentos como en mi pasado, cerrándome en mi mismo (pero necesario) y con
muchas horas de trabajo personal, muchas horas de estar encerrado en mi cabeza,
para trabajar esa parte de mí, que quería mejorar. Y lo he conseguido. Ha
costado, mucho, y siento mucho si alguien de mi alrededor sufrió por ello, o se preocupó, era necesario. Pero ahora puedo decir que ha valido la pena. También puedo
decir, que estoy putamente orgulloso de todo lo que he conseguido hacer con mis
problemas, emociones, acciones y demás. ¡PUTAMENTE ORGULLOSO!
Lo conseguí. Y me emociona, me enorgullece, incluso, al acabar, e ir caminando hacia el trabajo, alguna lágrima de emoción al ver lo que he
conseguido o de lo que he sido capaz, se me ha caído.
Ha sido tan difícil llegar a ese clic… ¡TANTO!, pero os
puedo decir que cuando llegas y lo ves de una forma externa o mirando
retrospectivamente… era tan fácil… ¡TANTO!
El cambio al principio fue poco a poco, muy progresivo, pero
en el último mes he decidido dejarme de pasito a pasito, y empezar a coger el
toro por los cuernos. Porque puedo, porque sé que lo he conseguido, y porque sé
que soy capaz de ello.
No se me borran las imágenes de la cara de mi psicóloga
cuando le iba explicando cómo me sentía ahora mismo, y como gestionaba las
cosas, o la perspectiva que tengo.
Ponderar las cosas, ver las cosas desde fuera, y pedir ayuda
para no volver a caer en ese espiral maldito que me ha llevado tantos años por
el camino de la amargura, y no solo a mí. Llegan unos meses de seguir
trabajando personalmente, individualmente y seguir creciendo, seguir peleando y
seguir construyendo.
Desde aquí, quiero darte las gracias Marcela, por todas las
horas dedicadas, por todas las charlas, y por todas y cada una de las palabras
que hemos intercambiado.
Estar aquí vale la pena. Estar donde estoy, vale la pena.
No hay comentarios:
Publicar un comentario