Creo que este texto, es uno de los más valientes que voy a escribir, pero no me da miedo hacerlo. Por supuesto, no quiero que se malinterprete.
Tengo la sensación de que, llegados a este punto, odio.
Odio lo que era. Quien era. Las cosas que hacía. Ahora
mismo, me odio a mí mismo, odio a mi yo del pasado. Odio mi forma de hacer las
cosas.
Pero lo que más odio, es haber aprendido así la lección, con
lo cerca que estaba de llegar a donde quería llegar, a donde querías que
llegara, a donde queríamos que llegara. Odio haberlo tenido que aprender de
esta manera tan dolorosa. Para mí, no es justo. Quiero ser feliz, y ahora que “lo
soy”, después de todo lo que me (nos) ha costado, que estemos en esta
situación, me parece tremendamente injusto, porque no nos lo merecemos. Pero paciencia.
Por otra parte, tengo la sensación (a veces viene a mi
cabeza), de que lo que está pasando es que estás siendo “diplomática”, que
tienes claro que no hay futuro, pero para no hacer más daño, las cosas no se
están diciendo tan claras como deberían. Es un pensamiento, que no significa que sea el correcto, pero a veces viene a mi cabeza, me visita. Yo, lo desecho, lo descarto, porque tú, me dijiste algo, y voy a creer en ti. No hay más.
Ayer por la noche, enroscado en mi cama, llorando, me vino a
la mente la misma situación, pero a la inversa: Tú, llorando sola en tu
habitación, en la cama, tapada hasta arriba, y con angustia, desesperación y
ganas de llamarme. Sé que es muy fácil hablar “a toro pasado”, pero ahora
siento, como si no nos hubiéramos dicho muchas cosas, que hubieran hecho que la
relación funcionara mucho mejor.
Me da miedo que vuelva a pasar eso. Ahora es como si
quisiera compartir cada sensación contigo, y no callarme nada. Y no puedo
hacerlo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario