lunes, 16 de mayo de 2022

Ángel de la Magia

Hoy toca sacar cosas, hoy toca hablar de uno de los días más duros de mi vida. Y eso me va a servir para explicar otra cosa que va relacionada, estoy seguro de ello. 

El 4 de octubre de 2019 tuve que sacrificar a mi perro.

Con mi perro, yo tenía una relación muy muy especial, que no sabría cómo poder expresárosla con palabras. Conectamos desde el primer momento al 100%, para resumirlo.

Y siempre lo he pensado y me parece alucinante, ¿Cómo él sabía cuándo yo estaba mal?

Recuerdo un día en particular, (no recuerdo el por qué), años atrás, abrí la puerta de la terraza de mi habitación, donde él siempre estaba. Él estaba sentado en su esquina favorita, donde corría más el aire, y me miró, pero no se movió. Yo me senté en la otra esquina, me encendí un cigarrillo, y me acuerdo que empecé a llorar. Se me quedó mirando, unos segundos, intentando entender que es lo que pasaba. Acto seguido, se levantó, y vino andando muy tranquilamente hacía mí, con la cabeza gacha y oliendo en el aire. Me empezó a lamer la cara y el pelo. Él no entendía lo que me pasaba, pero sabía que algo había, e intentaba, a su manera hacerme ver que todo iba a ir bien, que no tenía porque preocuparme. Era mi ángel de la guarda. Y supe que siempre iba a estar conmigo, y que iba a cuidar de mí.

Ahora, me iría tan bien tenerte aquí amigo mío.

Pues ese día, el 4 de octubre, recuerdo que, de golpe, dejó de estar como siempre, se tiró en el suelo, se meaba encima, no podía levantarse… vamos, un desastre. Por la mañana estaba bien, y a media tarde no podía hacer nada. Llamamos de urgencia y vinieron a sacrificarlo, pero no se lo podían llevar. Recuerdo que eran las 21.47, cuando tumbado en el suelo, con su cabeza frente a la mía, le podía ver esa chispita que le quedaba en los ojos. Cara a cara, como siempre, los dos, y no había nadie más, los dos tirados en el suelo, cara a cara, mientras le acariciaba la oreja que siempre le gustaba que le tocara.

Sin dejar de mirarnos, durante un segundo, noté algo especial, como si él me dijera: “amigo mío, me voy a ir, pero no vas a estar nunca más solo”. Llamadme loco, pero yo lo sentí así, mientras yo le suplicaba, sin decírselo, y con una cascada de lágrimas en mis ojos, que no se fuera, que no me dejara solo. Tenía miedo.

Poco a poco, esa chispita, se fue apagando mientras me miraba. Dejó de tener ese brillo en los ojos, para pasar a un gris vacío, pero él no apartó la vista. Me siguió mirando, para transmitirme todo lo que quería decirme, hasta el final, que no iba a estar solo y que iba a cuidar de mí.

Pues bien, yo sigo pensando que él cumplió y sigue cumpliendo su promesa. Él tenía esa magia especial, de ahí su nombre, Magic. Lo sigo viendo en sueños, sigue viniendo a pasear conmigo por la montaña, sigue lamiéndome la cara y el pelo, sigo jugando con él tirándonos por el suelo, mientras yo me hago el muerto y él me rompe las camisetas a bocados. Cumplió su promesa, pero él ya no podía ayudarme. Por eso, justo una semana después, el 12 de octubre de 2019, te envió a ti. Como algún tipo de milagro, tu apareciste en mi vida, y me has cuidado, preocupado, hecho mejorar, no me has dejado caer, has peleado por mí, y estoy seguro que fue gracias a él. Gracias a él, por ponerte en mi camino, y gracias a ti seguiré en ese camino tan maravilloso, por quedarte a mi lado.

Llamadme loco.

MAGIC 27/8/2007—04/10/2019

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