¿Cómo poder demostrarte que el cambio está ahí? Esa pregunta lleva muchos días en mi mente, y la verdad es que no sé de qué manera, con esta distancia, para poder enseñártelo.
He pensado incluso en escaparme a visitarte, como sorpresa.
Pero no, he de respetar tu decisión, aunque las ganas de darte un abrazo de los
míos, levantarte y que rodees tus piernas por mi cadera con fuerza como haces,
me pueden. Pero no, no debo. Quiero, lo deseo, pero no debo.
¿Cómo puedo hacerlo? Por desgracia, demasiadas veces ya, he
dicho eso de que estoy bien, pero jamás lo he demostrado. Pero ahora sí. Ahora
es diferente. Ahora es definitivo. No quiero volver a ser la persona en la que
me convertí. Quiero ser la persona en la que me he convertido. Y te lo voy a
demostrar. Porque pienso pelear de todas las maneras posibles para poder volver
a tenerte a mi lado, sintiendo tu piel suave.
Echo de menos despertarme a tu lado. Saber que duermes a mi
lado. Sentir tu respiración. Saber que no voy a despertar sólo. Y cuando
vuelvas, aquí estaré, preparado.
Quiero mirarte a los ojos, y que, sin abrir la boca, leas
mis ojos, y veas, en lo profundo de mis pupilas que esta vez va en serio, no hay más mentiras, en definitiva... no
hay marcha atrás. ¿Cómo hacerlo? ¿Cómo?
Pues bien, la única cosa que retumba en mi cabeza es cuando
te pregunté si confiabas en mí, me respondiste juntando los dedos índice y
pulgar, bastante cerquita el uno del otro: Que sí, que un poquito.
Esa es mi mecha, esa es mi chispa, esa es mi llama.
No pienso volver a decepcionarte ni una sola vez más. Pero
lo más importante, es que no pienso decepcionarme a mí, tampoco, ni una sola
vez más.
No hay comentarios:
Publicar un comentario